Ashgar Farhadi se lleva los aplausos de Cannes

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/ 17 mayo 2013

"No hay nada más universal que la familia", dijo el director

Cannes, Francia.- Los políticos iraníes no son bienvenidos según en qué latitudes, pero el cine persa se está convirtiendo en su mejor embajador por las alegrías que regala cuando sale del país: las expectativas depositadas en "Le Passé" no defraudaron y Asghar Farhadi se llevó hoy los aplausos del Festival de Cannes.

Aunque no llegó a emocionar tanto como "Nader y Simin, una separación" -con la que el año pasado levantó el primer Oscar para la filmografía iraní-, Farhadi da otra vuelta de tuerca a las relaciones familiares con esta película protagonizada por la franco-argentina Bérénice Bejo, el francés de origen argelino Tahar Rahim, así como el actor y director iraní Ali Mosaffa.

"No hay nada más universal que la familia", dijo el director nacido en 1972, que considera que hablando de este tema establece una conexión directa con el espectador al que no tiene que explicar contexto alguno. Las relaciones familiares tienen numerosos matices y el dolor y sufrimiento que provocan son siempre "nuevos e inéditos". Es un temática que aunque se aborde toda la vida jamás se agotará, insistió en una nutrida rueda de prensa.

Bejo realiza un cambio radical de registro tras darse a conocer como la pizpireta Peppy Miller en la película muda "The Artist". En "Le Passé" se mete en la piel de una mujer atrapada entre un matrimonio que se cerró en falso (con Mosaffa) y una relación futura (con Rahim) marcada por un intento de suicidio.

Los personajes son víctimas de sus silencios y Farhadi va desgranando sus contradicciones a medida que avanza el drama. "La verdad fluctúa", depende del punto de vista de cada persona dentro de la pareja, asegura el realizador, quien insiste: "Las relaciones entre una pareja es lo más complejo que existe por eso es tan fascinante hacer cine o escribir sobre ello".

Al tratarse de una coproducción franco-iraní, a Farhadi se le preguntó por qué había decidido rodar fuera de su país, donde las autoridades supervisan la actividad cultural e incluso hay artistas que son detendidos o encarcelados por sus opiniones políticas.

Farhadi explicó escuetamente que su película se rodó fuera de Irán porque uno de los personajes era un iraní que regresaba al extranjero, donde había vivido varios años. Pero más adelante apostilló que trabajar en otros países no ha modificado su trabajo. "Si García Márquez escribe una historia en otro país ¿podemos decir que esa historia ya no es colombiana?", inquirió el cineasta, que casi prefiere evitar dar una nacionalidad a su película. "Es mejor no plantearse esa cuestión. La nacionalidad del filme es la relación que establece el espectador con la película", añadió.

Además, "el hecho de estar en un contexto más libre no hace que yo quiera ser otro", apostilló Farhadi tras explicar que hay dos tipos de censura: una es la oficial, la de las autoridades, y otra, "infinitamente más peligrosa, la que se impone uno mismo y que puede determinar las elecciones que uno toma. Esa censura puede venir de tu situación social o de la situación económica y financiera que se impone a tu creación. Cuando dejo mi país, las restricciones habituales que hay sobre el cine iraní ya no tienen peso para mí, pero existen otros condicionamientos que son inconscientes en mí y que no controlo".

Farhadi concurre por primera vez en Cannes con su sexta película, mientras que para el chino Jia Zhang-Ke, que también se presentó hoy en el certamen francés, "A Touch of Sin" es su tercer intento de levantar la Palma de Oro. La cinta, dividida en cuatro historias, ofrece una mirada sobre la China contemporánea a través de cuatro asesinatos y un suicidio.

"La violencia en China me preocupa mucho", dijo Jia, quien con este filme se hace eco de los crecientes episodios violentos que se registran en su país. Los protagonistas de la cinta viven situaciones de abusos y de indefensión que les conducen al límite. "El individuo empieza a actuar de forma violenta", aseguró el realizador, quien considera que poco ha cambiado en ese sentido desde la época de los emperadores a la actual. En la era de Internet se sigue recurriendo a la violencia.

"La gente se da cuenta de esos episodios violentos, pero hay una tendencia a olvidarlos. Dando la espalda a la violencia o escondiéndola no va a desaparecer. Sólo hablando de ello se pueden cambiar las cosas", agregó el realizador que se alzó con el León de Oro en Venecia con "Still Life" (2006).

Por María Luz Climent Mascarell/DPA-Reportaje



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