Sophie Evans: Memorias de una actriz porno

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/ 11 mayo 2009

    Engloba en una frase su filosofía: `Mi trabajo no es normal, pero yo lo soy'

    Madrid, España.- Sophie Evans es una gran estrella del cine para adultos. Pieza clave de un negocio global de 10 mil millones de euros. Ha rodado más de 200 películas. Una profesional que ama su trabajo. Y aspira a la normalidad. La pornografía alberga dos misterios.

    Primero: ¿consumen los actores sustancias que prolonguen sus erecciones? Contesta uno: "La Viagra se ha extendido en el porno como la pólvora; ha sido nuestra revolución sexual. Pero ningún actor se lo reconocerá. Es su secreto mejor guardado". Segundo: ¿alcanzan las actrices orgasmos durante los rodajes? Contesta una: "Esto es cine.

    Finges. Te pueden estar penetrando dos tíos y tú pensando en los guisantes de la cena. Nadie te lo va a confesar. Es como si le preguntas a la Princesa si disfruta con su profesión; aunque se aburra como una mona, no lo va a admitir; acabaría con la magia. Aquí lo mismo". Esta respuesta no es de Sophie Evans. Tiene respeto hacia su oficio.

    Es una profesional. "Yo no finjo; actúo. Hago lo que me gusta y me gusta estar donde estoy. Intento sacar lo mejor de mí en cada escena erótica. He vivido dedicada al porno; lo he hecho de corazón. Hay chicas que lo hacen por temporadas; vienen y van; se sacan unos euros y luego dejan colgado al empresario. Yo no. Yo he vivido de esto y para esto". Sophie Evans es una estrella.

    Perfeccionista y exigente. Se cuida. Pasa controles de hepatitis, VIH y herpes genital. Es monógama. No fuma ni bebe ni se droga. Lleva una vida ordenada. Como una deportista de élite. Ha intervenido en 200 películas. Ha rodado en Los Angeles y Budapest, las mecas del sector. A la orden de los más grandes directores del cine para adultos. Junto a los galanes del género.

    Ha protagonizado miles de escenas sexuales. Sin trampa ni cartón. Ni condón. Felaciones, sexo anal y vaginal; números lésbicos; dobles penetraciones. Su récord en pantalla ha sido mantener sexo con cinco hombres a la vez. "Fue muy bonito. Una sensación diferente. Era precioso ver a esos cinco chicos tan excitados conmigo. He hecho de todo en pantalla salvo cosas extremas; no me gusta que me aten; ni hago nada con animales ni lluvia dorada. Y prefiero la doble penetración al anal, me excita más y pagan mejor". Sophie Evans es la heroína del porno español. Y un referente mundial.

    La versión femenina de Nacho Vidal. Entra cada día en miles de hogares en todo el planeta a través de las ventanas del DVD, la televisión de pago, Internet y la telefonía móvil. Un negocio, la pornografía, que sólo en España factura 450 millones al año y da empleo a un centenar de actores y actrices y una veintena de directores a través de 178 empresas.

    -¿Usted consume mucho porno?-

    "Me da corte. Como soy amiga de los protagonistas, no me excito viéndolos. No me pone. Son amigos. Y a lo mejor he cenado la noche anterior con ellos. Los veo y no se me ocurre pensar: `¡Qué bueno está este tío!', sino `¡qué ilusión verlo!'". Además, cuando veo una peli estoy todo el tiempo pensando: `Esa penetración está mal hecha o no se ve bien o no me gusta el decorado'. Lo veo desde el punto de vista profesional y no disfruto".

    -¿Y haciéndolo?-

    "A veces sí; depende del rodaje. Si es en un sitio íntimo; si estás relajada, cómoda; con un chico que lo hace bien y tienes un buen día, te puedes correr. Hombre, si tienes calor, la escena es larga y lo tienes que hacer en la playa y se te clava la arena, no disfrutas; todo es interpretación".

    -¿Cuál es su secreto para calentar al público?-

    "Disfrutar con lo que haces. Y para que disfrutes, el actor te debe respetar y ser sensato. El actor tiene que tratarte con cariño. Es bueno hablar antes del rodaje de lo que te gusta y no te gusta. De las posturas. Para eso, Nacho Vidal es extraordinario. He trabajado con él en diez películas y es un amigo. Si existe ese feeling, sale una buena escena. Pero si el actor tiene reputación de tratar mal a las actrices o viene sucio, me niego a trabajar con él".


    Regresa al Bagdad

    Sophie Evans está recostada, indolente, en un sofá desventrado del camerino de la sala Bagdad, el templo barcelonés del sexo duro. A su lado, sus uniformes de trabajo envueltos con mimo en fundas de tela: "El vestuario es importantísimo; me gasto lo que haga falta; éste es el de policía con su porra y su gorra; éste, de colegiala; aquél, de enfermera hecho de látex, y el que más me gusta, el de ninfa con sus alitas". El elegido para su primer número esta madrugada es el de corredora de fórmula 1: rosa chicle, ceñido como un guante y escotado hasta la cintura. Las normas del Bagdad son estrictas. Hay que ser puntual; nada de drogas ni alcohol; ni hablar de prostituirse.



    Gobierna con mano de hierro Juani de Lucía. La matriarca del porno español. La emperatriz del Paralelo. Roza los 60 y recibe cordial y redicha en un despacho presidido por una caja fuerte y decorado con un mural de una sensual puesta de sol caribeña. Todo en ella es muy Miami Vice. El traje-pantalón blanco y las botas tejanas; el amplísimo escote y el Rolex de oro.

    Se las sabe todas. Es jefa, maestra, consejera sentimental y madre postiza de los actores y actrices del Bagdad. Cuida su salud y asuntos financieros. Les anima a ahorrar y estudiar. A ellas les enseña cómo se hace una felación; a ellos, a retrasar su eyaculación. Para ser un buen profesional del porno hay que ser un atleta. Olvidar el placer propio para brindárselo al público. "La relación sexual se tiene que ver; a la gente le gusta que la penetración se distinga; que la pareja no se acurruque en una posición cómoda. No quiere perderse nada. Y tiene que ser estético", describe Sophie.

    "Hay que ser profesional y artista. Esto es un espectáculo, no Gran Hermano. Se trata de cubrir pista; de cambiar de postura aunque estés cómodo y cambiar suponga que puedas perder la erección. Al chico le gustaría eyacular dentro, pero no puede, no es bonito para el público. Se tiene que ver. Si hay conexión entre la pareja, el público lo percibe. Hay que ser artista. Si lo haces sólo por dinero... es mejor que te vayas de puta", recalca Juani de Lucía.

    En diciembre de 1975, con el cadáver del general Franco aún caliente, Juani levantó sobre un polvoriento tablao flamenco de posguerra este santuario del porno español. En aquellos tiempos importaba números eróticos desde Hamburgo, Alemania. "No teníamos actores en España; el porno había estado prohibido durante 40 años. Nos obligaron a poner un cartel en la puerta advirtiendo a la gente que aquí había sexo explícito", explica Juani. En poco tiempo crearía su cantera. Toda productora que pretendiera rodar cine erótico en España tendría que recurrir al Bagdad para sus castings. De esta factoría saldrían grandes estrellas mundiales. En cabeza, Sophie Evans.

    La sala Bagdad ha conservado en todos estos años esa decoración de tablao kitsch y decadente que tenía en tiempos de su primera propietaria, la Bella Dorita. Con su escueto escenario rodeado de celosías de patio andaluz y un mostrador tapizado de espejos donde ponen copas las actrices en minúscula ropa de trabajo. Se mira pero no se toca.

    Todo tiene un tono entre lila y rosa y aroma a desinfectante. Varias cámaras filman las actuaciones y las difunden desde la web del Bagdad. Sophie es la atracción de la noche.

    Puede cobrar hasta 500 euros por jornada. Algo más si hay una despedida de soltero y le piden un pase privado. Inicia un striptease que no deja nada a la imaginación.

    Entre 1997 y 2000 hizo el amor en este escenario con su ex marido -el actor y director de cine porno Toni Ribas- dos veces por noche seis días a la semana. Ribas resume esa época en mil 500 penetraciones en directo. No fallaron ni una vez. Sophie no estaba destinada a ser estrella del porno. Vino al mundo como Zsofia Szabo, en 1976, en Szeged, una ciudad húngara. Sus padres eran una joven pareja de biólogos.

    Ganaban poco dinero; en Hungría coleaba el régimen comunista y los intelectuales huían. A mediados de los 80's obtuvieron sendas becas de investigación en la Universidad de Tennessee, en Estados Unidos. En 1990, la familia regresaba a Budapest.

    Tras terminar el instituto, Zsofia se matriculó en psicología. Ese verano, con 18 años, comenzó a trabajar de camarera y, para sacarse un sobresueldo, posó para un catálogo de lencería. Había comenzado a subir los peldaños del estrellato.

    Zsofia, conocida en el negocio como Leslie, en 1997 tomó un avión y vino a Barcelona. Tenía 23 años. "Me habían hablado de un club que se llamaba Bagdad. Pensaba que era de striptease. No sabía que existía el porno. Juani me lo explicó como pudo y me dijo que probara sin compromiso. Ensayé con una chica y un chico. El chico era Ramón Nomar, que hoy es un número uno. Hicimos de todo, y todo es todo, pero no me dolióporque Ramón es un profesional. Me trató bien, vio que era novata. Me gustó. Y Juani me contrató. Así empezó todo. Nunca imaginé que me iba a meter tanto en este mundo; que se iba a convertir en mi vida. Y España, en mi país".

    Bagdad ya era una leyenda en el porno europeo. Nacho Vidal, una estrella en ciernes. La industria porno española comenzaba a despegar. En una de aquellas películas conocería al que sería durante diez años su socio, marido y pareja artística: Toni Ribas. Fue un flechazo. "No tenía ninguna escena con él; la tenía con Nacho; pero mientras hacía el amor le miraba a él".

    En 1997, Juani de Lucía comenzaba a emitir por la web los números del Bagdad y ofrecía conexiones íntimas con sus chicas. Un negocio hoy extendido al teléfono móvil de tercera generación. En los suburbios de Los Angeles se rodaban a diario decenas de escenas. Y Hungría y la República Checa brotaban como capitales europeas del porno tras la caída del muro. Faltaban chicas. "Siempre se necesitan actrices", explica Natalia Kim, una de las organizadoras del Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona.


    Su boda con Toni Ribas

    Dentro de ese peculiar "star system" del porno, Sophie Evans y Toni Ribas se convertirían en los Angelina Jolie y Brad Pitt del cine para adultos. La pareja de oro. Su boda, el 19 de diciembre de 1998 en Cataluña, de blanco y por la Iglesia, supondría la consagración de la industria española.

    -¿No sentían celos?-

    "El tema de los celos es complicado en el porno. Comprendes que es tu trabajo y el de tu pareja, pero surgen emociones muy fuertes cuando ves que tu chico está practicando sexo con otra mujer y se está corriendo y la gente lo ve. Teníamos unas broncas impresionantes. Es complicado que un matrimonio aguante en este negocio".

    En 2005 ya se rodaba menos. La piratería, sumada a la avalancha de contenidos gratuitos en Internet, estaba machacando a las productoras.

    Comenzaron a tirar de sus viejos éxitos. De su librería. La web, que había sido una bendición para la industria a mediados de los 90's, se estaba convirtiendo en su verdugo. El pudding del porno se iba desinflando. Y también el matrimonio de Sophie Evans y Toni Ribas. La pareja de oro del porno no daba más de sí. Se divorciaron en 2005. "Se nos acabó la pasión de tanto usarla".

    Pasadas las cuatro de la madrugada, concluido su último número en el Bagdad, Sophie Evans despacha una ración de melón con jamón, pan tumaca y una Fanta de naranja con pajita. Su cena y su desayuno. Caen las luces del escenario. A primera hora tiene clase de interpretación. No puede faltar. Es su futuro. En los últimos tres años sólo ha rodado media docena de películas porno.

    Quiere cambiar de registro. Pero tiene que comer. Y la transición no es fácil.

    A sus 34 años, Sophie tiene una nueva pareja que nada tiene que ver con la industria y se plantea tener un hijo. "Me gustaría ser madre pronto. Y contarles que he sido una estrella del cine para adultos antes de que se lo digan los otros niños".

    -¿Le recomendaría a su hija que se dedicara al porno?-

    "No se lo recomendaría, pero le ayudaría si se metiera en esto. Le aconsejaría que tuviera cuidado con quién trabaja; hay productores falsos; tíos que son unos cerdos y quieren acostarse contigo, te contratan y no hay película detrás. Hay mucha mentira".

    -¿Cómo es la vida sexual de una estrella del porno?-

    "Normalita. En casa no hago acrobacias. Las dejo para la pantalla. Pero los hombres me tienen miedo. Les asusta no dar la talla; que les vayas a exigir mucho. Piensan que te van a dejar insatisfecha y se ponen a hacer cosas raras en la cama, como si fueran actores porno. Y a mí me entra la risa. Mi trabajo no es normal. Pero yo lo soy".

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