Cheeta cuenta su vida en un libro imperdible
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Una brillante "autobiografía" y artículos de diarios revelan datos como la edad y el origen del chimpacé mancuerna de Tarzán
Mientras la ciencia se esfuerza por revelar los secretos del mundo animal, no falta algún animal que eche mano de los experimentos literarios para romper el silencio y contar de una vez por todas sus intimidades. Ése es el caso de Cheeta, la legendaria mancuerna peluda de Tarzán, que ha deslumbrado a los lectores anglosajones con su brillante libro Me Cheeta: My Life in Hollywood (Yo, Cheeta: mi vida en Hollywood), publicado a finales de 2008 en Gran Bretaña y recientemente en Estados Unidos.
Desde su lanzamiento, el éxito de esta autobiografía imaginaria ha sido grande tanto en ventas como entre los críticos literarios, quienes durante los primeros meses se devanaron los sesos para descubrir al "escritor fantasma" o al "negro" detrás de un trabajo de notable calidad. Y es que la editorial británica Fourth Estate al principio quiso llevar el juego hasta sus últimas consecuencias, respondiendo a través de su oficina de prensa que, por razones obvias, el chimpancé no daba entrevistas, sin querer dar más detalles sobre el asunto.
Según las hipótesis manejadas en diarios británicos, el conocido novelista Martin Amis estaba detrás de esta ocurrencia editorial delirante, entre otras cosas por la despiadada sátira que Cheeta hace al describir la jungla californiana llamada Hollywood, de los años 30 a los 60. Por ejemplo, de la voluble Marlene Dietrich (refugiada a causa del nazismo), la maledicente Cheeta reflexiona que si así son los alemanes buenos "entonces los malos deben ser aterradores como la chingada".
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El autor fantasma
Pero las pistas que conducían a Amis resultaron ser falsas. En octubre del año pasado The Sunday Times desenmascaró finalmente a Cheeta y bajo el disfraz de primate apareció el escritor James Lever. ¿Que quién es el tal Jame Lever? Ésa fue la pregunta que el todo mundo se hizo entonces.
Junto con el rostro de Jame Lever, el periódico británico reveló que Me Cheeta es un libro escrito por encargo del editor de Fourth Estate, quien tuvo la ocurrencia después de leer una nota periodística sobre el cumpleaños 75 del famoso chimpancé.
Lever, un treintañero hijo de un juez de la Suprema Corte británica y editor de muy bajo perfil hasta su éxito con este libro, tuvo apenas tres meses para documentarse y redactar las memorias de Cheeta, un testigo de primera mano de la época dorada de Hollywood.
Si pudiera contar todo lo que ha atestiguado, ¿qué diría Cheeta sobre ese olimpo lleno de dioses mundanos y caprichosos? Ése fue el ejercicio literario que emprendió Lever apoyado en la lectura de 30 biografías, autobiografías y memorias de grandes estrellas contemporáneas del chimpancé. De entre todo aquello, Lever tomó como base la biografía de Johnny Weissmuller (el actor más recordado por su interpretación de Tarzán) escrita por el hijo de este ídolo popular que también fue medallista olímpico.
De hecho, el eje de Me Cheeta es la historia sobre la relación entre el chimpancé y el fortachón Weissmuller, un vínculo de amor-odio planteado por Lever sobre el que se ha escrito mucho en los últimos meses. Por ejemplo, Los Angeles Times publicó un suspicaz comentario firmado por Lassie en el que la perra (en realidad el crítico Richard Schickel) habla de la relación homoerótica ("no hay otra forma de exponer esto", advierte Lassie) entre Tarzán y Cheeta, un chimpancé macho originalmente llamado Jiggs, pero mejor conocido por un nombre más propio de una hembra. ¿Un actor travesti peludo en películas familiares divirtió a nuestros abuelos.?
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Como toda una estrella
Nada de qué escandalizarse. La biografía revela que Cheeta comparte muchas debilidades con otras estrellas caídas que formaron parte de un gremio de costumbres muy relajadas y que fueron producto de una industria que los exprimió y luego les dio la espalda.
Al igual que Elizabeth Taylor, el simiesco Cheeta también tuvo que batallar por dejar el cigarro y también el alcohol. Al parecer no fue fácil, tan acostumbrado a beber a diario cervezas.
Y al igual que Marlon Brando el sobrepeso también se convirtió en un problema. Ya sin las exigencias de mantener la figura para ir a los castings, Cheeta se desquitó de los años de privaciones devorando hamburguesas McDonald's con papas fritas y bebiendo litros de refresco de cola mientras hojeaba revistas (sobre animales) o mientras veía el Discovery Channel apoltronado en un sillón de un refugio para animales-actores retirados en California. Pero todos esos malos hábitos fueron antes de las crisis por su diabetes en los 90. Desde entonces Cheeta es casi vegetariano.
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La vuelta de tuerca
Luego de publicarse hace unos meses en Estados Unidos por la editorial Harper Collins, Me Cheeta alcanzó su mayor éxito. El libro fue finalista en la categoría de autobiografías del Booker Prize, los premios más importantes para la industria editorial en el mundo anglosajón.
Pero aun cuando fue publicada como biografía y está escrita como tal, está claro que Me Cheeta es una novela, una obra de ficción. De hecho, por la premura del encargo y quizá porque para el caso no lo consideró necesario, James Lever ni siquiera intentó visitar al chimpancé que el libro de los récords mundiales Guinness tiene identificado como "el primate vivo más viejo del mundo" desde 2001 (entonces tenía 69 años) y que hoy reside en el Santuario para Primates C.H.E.E.T.A. (Creative Habitats and Enrichment for Endangered & Threatened Apes) en Palm Springs, California.
En medio del renovado interés mediático por Cheeta que el libro de Lever provocó, a finales de 2008 el investigador y escritor R.D. Rosen publicó en el diario The Washington Post una larga y entretenida crónica titulada "Lie of the Jungla" (Mentira de la jungla) sobre lo que descubrió detrás del viejo Cheeta de Palm Springs. Una historia real que incluso supera la delirante ficción de Lever.
Según la investigación de Rosen, Cheeta, el primate más viejo del mundo, es un fraude que ha engañado a todos desde hace 50 años: a frívolos periodistas de People, a sabuesos de The New York Post, a fans de Tarzán, a historiadores del cine, a reporteros de la National Geographic Society, a conservacionistas y protectores de animales, a ejecutivos del Guinness. Y a todos los que fueron a conocer la cara de Cheeta y él terminó viéndoselas a ellos. Pero Cheeta, que hoy en realidad debe tener unos 50 años y no 77, es inocente; se dejó llevar por la mentira obediente y silenciosamente.
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¿Es o no es?
Además de su edad inexacta, el chimpancé no sólo no actuó nunca en filmes de Tarzán, sino que al parecer jamás pisó un estudio de cine. La historia es larga y morrocotuda, pero al parecer todo comenzó a principios de los 60 con los cuentos de Tony Gentry, un introductor de bestias exóticas en EU y entrenador de animales-actores para los estudios de Hollywood, fallecido hace una década. Además, Gentry era un mitómano consumado que comenzó a relatar en los 60 que él conservaba al genuino Cheeta que participó en las películas de Tarzán en los 30 con Weismuller como Tarzán. Y el chisme se consolidó como verdad gracias a entrevistas y artículos que dieron por verídicas las historias de Gentry; luego otros tomaron esas fuentes como confiables y la mentira se dispersó por el mundo durante 50 años sin que nadie se tomara la molestia de verificar los datos del mentiroso Gentry.
Por ejemplo, ¿cómo era posible que en 2001 Cheeta tuviera 67 años si un chimpancé salvaje sólo vive 40 y uno en cautiverio poco más de 50? ¿O cómo pudo Gentry haber importado al bebé primate en un vuelo de la desaparecida aerolínea Pan Am desde Liberia hasta Estados Unidos en 1932 si los vuelos comerciales transatlánticos entre Africa y Norteamérica comenzaron en 1939.?
Los supuestos recuerdos de Gentry se tomaron como verdades absolutas hasta que Rosen desmenuzó la leyenda mientras se documentaba desde 2007 para escribir la biografía sobre Cheeta, autorizada por su actual cuidador, Dan Westfall (sobrino lejano de Gentry), otra víctima de las mentiras de su tío.
Pero si bien Cheeta no es el chimpancé original, desde hace medio siglo lo es de facto gracias a un gran equívoco que, como en el filme de El príncipe y el mendigo, lo empujó a dejar de ser un anónimo paria para convertirse en estrella de cine retirada y en un espécimen único para biólogos despistados por su presunta longevidad.
Ahora a Rosen se le ha desmoronado en las manos la biografía de Cheeta, pero tiene una nueva historia en la que no quiere denunciar al viejo e inocente chimpancé como un fraude, sino entenderlo como "la curiosa necesidad tan humana de tener símbolos" y ponerlo de ejemplo sobre cómo "en Hollywood hasta los animales mienten sobre su edad".