Cultura y Pop: La epidemia
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También necesita desarrollar la capacidad de concentrarse, de pasar largos períodos de tiempo enfocado en un tema
Mi idea esta semana era escribir sobre Londres, a donde vine a pasar un fin de semana largo con la excusa de ver un par de exhibiciones. Pero eso lo haré en la próxima columna, porque mientras tanto se me cruzó otro tema.
Camino aquí: en el autobús de Maastricht a Ámsterdam, un hombre sentado junto a mí ya iba absorto en su iPhone, aunque apenas eran las seis de la mañana. En el Starbucks del aeropuerto, todos los clientes estaban viendo su celular, con la expresión en blanco.
En la sala de espera, lo difícil era encontrar a alguien que no estuviera absorto en su teléfono. El jueves, cenando en un restaurante de fish and chips, una familia de seis se pasó toda la cena, cada uno en su iPhone. Antes de que empezara una obra de teatro el sábado por la noche, un tercio de los asistentes miraba su teléfono. Durante el fin de semana esquivé a nueve o diez personas que miraban absortas la pantalla mientras caminaban. Cada mañana, la mayoría de los huéspedes de mi hotel desayunaba con el celular en la mesa. Y en el underground de vuelta al aeropuerto, el chico sentado a mi lado se pasó la hora entera haciendo scroll.
Quizá alguna de estas personas estaba enviando mensajes, leyendo periódicos o ligando en Tinder; quizá miraba el mapa de la ciudad o veía alguna película o serie. Pero la inmensa mayoría veía videos y posts en Instagram y TikTok. Y, por lo que vi, muchos ni siquiera esperaban a que los reels terminaran: en dos o tres segundos decidían que no les interesaba y saltaban al siguiente.
Detrás de estos videos y aplicaciones hay ingenieros brillantes y CEOs sin escrúpulos que los han diseñado para crear adicción; lo han conseguido. El teléfono celular nos ha enfermado. Y es una epidemia.
No lo digo en sentido figurado.
El cerebro humano es una maravilla capaz de crear novelas, series de televisión, películas, arte, medicina, ingeniería y avances tecnológicos.
Pero, para conseguirlo, tiene que madurar, aprender a pensar y enriquecerse con ideas y conocimientos. También necesita desarrollar la capacidad de concentrarse, de pasar largos períodos de tiempo enfocado en un tema y de pasar tiempo a su aire, conectando pensamientos y fermentando ideas.
La adicción al celular está trastornando las condiciones que permiten a nuestro cerebro desarrollarse. Al estar constantemente contestando mensajes, viendo reels, mirando posts, ansiosos por no aburrirnos, nuestro cerebro va de una idea a otra sin madurar pensamientos y sin aprender a concentrarse.
Nos estamos convirtiendo en zombies.
Sin embargo, no hay que preocuparse. Ahora podemos pedirle a ChatGPT que piense por nosotros, y la IA pronto escribirá novelas que no serán tan buenas como las escritas por seres humanos. Pero no importa, porque no nos daremos cuenta ni entenderemos por qué.