La ciudad que nos habita

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Artes
/ 7 diciembre 2025

“Una ciudad no se mide por su longitud y anchura, sino por

la amplitud de su visión y la altura de sus sueños”.

Anónimo

¿De qué manera influye el patrimonio en nuestro pensamiento y el desarrollo de nuestra cultura en nuestras ciudades? Más allá de que la denominación del patrimonio sea material o inmaterial, es un hecho que nuestra historia marca nuestra identidad y nos conduce a ser y parecer de un lugar específico. El teórico de la arquitectura Kevin Lynch, afirma que la imagen que se tiene de una ciudad es condicionante y define nuestro modo de imaginarla y crearla. Los componentes patrimoniales y en este caso, arquitectónicos de una comunidad, forman parte de una red de símbolos que observamos o miramos en nuestros trayectos y en nuestra vida cotidiana, los cuales se normalizan e interiorizan con el paso del tiempo y nuestro contacto con ellos. Otros autores mencionan que, estos sistemas de símbolos emplazados en las sociedades son el resultado y, no solamente eso, sino la condición para que se desarrolle la cultura: “la cultura en su totalidad puede ser considerada como un texto, (...) un texto complejamente organizado que se descompone en jerarquías complejas”.

Lo anterior, quiere decir que cada representación cultural, como lo es el patrimonio material o inmaterial de los pueblos, forma parte de nuestro lenguaje, se nos acerca desde el exterior pero, al encontrarnos inmersos, se vuelve parte de nuestra visión del mundo entendido como nuestro entorno inmediato. Sin embargo, este universo que nos rodea y nos conforma, no es estático y cambia, así como cambian las estaciones o el clima, incluso en estos tiempos que corren, más rápido.

Otros autores mencionan que, los centros históricos, dentro de este marco cultural, son un eslabón entre lo nuevo y lo antiguo, no como una secuencia lineal, sino como la evolución de sus características físicas, donde lo antiguo produce lo moderno confiriéndole existencia a lo histórico. En este sentido, se afirma que las intervenciones que se llevan a cabo en los centros históricos deberían ser permanentes y sostenidas por procesos sociales en su transformación y/o conservación, por lo tanto, las acciones concretas que se lleven a cabo en esta esfera histórica patrimonial arquitectónica, no debieran ser resultado de una administración u otra, sino parte de una voluntad superior que coloque la imagen de nuestra ciudad y por lo tanto su cultura en todas las agendas de todos los órdenes de gobierno, en un largo arco temporal que no termine, donde se agregue valor, por medio de “políticas sin fin”.

Asimismo, la imagen de la ciudad como conformadora de nuestro lenguaje visual y por lo tanto de nuestra cultura, nos impacta directamente y modifica nuestras actividades cotidianas, sin embargo, estas actividades y estas acciones que debieran ser interminables, son responsabilidad de sociedades y gobierno en conjunto. Las decisiones pueden enriquecerse al considerar a los usuarios directos de cualquier punto geográfico por medio del diálogo y el sentido común, por encima de intereses económicos o bien, considerando los intereses económicos pero sin sobrevalorarlos. De tantos fenómenos que suceden en los centros históricos y que impactarán en mayor o menor medida el lenguaje visual de nuestra ciudad, se encuentra la famosa gentrificación, que no es sinónimo de remodelación o “afresamiento” como lo menciona Carla Escoffié en su libro titulado “País sin techo”, este fenómeno es complejo e intervienen en él múltiples factores y además, desencadena otras problemáticas sociales, pero también culturales, porque al verse modificado el comportamiento o la vocación de nuestros edificios y espacios patrimoniales, también se modifican nuestras maneras de transitarlos y habitarlos, promoviéndose un cambio en nuestro lenguaje cultural que tiene el riesgo de perder de vista la identidad y la historia, los símbolos culturales y nuestras tradiciones.

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Argelia Isabel Dávila del Bosque es doctora en Arquitectura y Urbanismo por la UAdeC, grado que obtuvo con Mención Honorífica en 2024 y con el Premio a la Mejor Tesis Doctoral en 2025. Desde 2020 es profesora investigadora con perfil PRODEP en la Facultad de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera, donde fundó y coordinó el programa de posgrado acreditado ante el Sistema Nacional de Posgrados de SECIHTI.

Su trabajo enlaza investigación académica y creación artística. Fue becaria del PECDA Coahuila en 2012 en el área de patrimonio y, en 2021, en la categoría de creadora con trayectoria. Coordinó Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, libro que obtuvo el primer lugar nacional en publicación editorial en 2023. En 2025 publicó Hybris Vernacular, obra que también recibió el primer lugar nacional de diseño en la categoría de publicaciones. Como periodista cultural, ganó el Premio Armando Fuentes Aguirre “Catón” en su 23ª emisión, categoría Prensa. Además coordina la plataforma In Signia, dedicada al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad de Saltillo. Colaboradora en revistas de divulgación nacionales y regionales, es evaluadora de artículos científicos, proyectos artísticos y programas de posgrado. También se desempeña como analista, gestora y asesora en reglamentación urbana. Sus líneas de investigación se centran en el patrimonio, los imaginarios urbanos y los emblemas simbólicos, así como en la concepción, circulación y consumo de la imagen y su papel en la construcción de la cultura.

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