¿La última de Geroca? Una oportunidad más para disfrutar del genio disfrazado de inocente
Quedan solo unos pocos días de la exposición póstuma “Geroca sigue aquí” en el Cerdo de Babel, la que podría ser la última muestra pictórica del artista fallecido en enero 2025
Los saltillenses somos gente de tradición. Tenemos nuestras fiestas y nuestras rutinas, nuestros lugares favoritos y hasta eventos que esperamos con ansias. Incluso, cuando algo de esto nos falta, cuando la fiesta se pospone, cuando la rutina cambia y cuando los festivales son cancelados, recordamos con vehemencia lo que nos hicieron sentir y añoramos su retorno.
Gerardo Rodríguez Canales “Geroca” nos dio esa misma tradición al llegar cada fin de año, sin excepción, a la Taberna el Cerdo de Babel con novedades. Pero en enero de 2025 él partió y con él parecía que se había ido también ese esperado momento de arte. La muestra “Geroca sigue aquí” llegó, en cambio, para demostrar que aún no se iba del todo y, con una amplia retrospectiva, le dio color, calor y humor al bar durante este invierno.
Ahora la exposición está por despedirse también y es probable que sea la última vez que veamos al pintor y monero en Saltillo de la forma en que nos acostumbró: con una serie curada en torno a cantinas y centros históricos, accidentes y protestas, salpicada de humor y crítica social y plasmada con una maestría velada por un estilo desenfadado. Sergio Castillo, socio del Cerdo, asegura que aún hay mucha obra que el público no ha visto, desde pinturas hasta dibujos y grabados. Planes hay para llevar ese trabajo a las galerías de esta y otras ciudades de México, en particular las del noreste del país, la tierra que amó y le inspiró.
Queda la certeza de que una tradición está por concluir. Tal vez vuelva el próximo diciembre, pero no hay algo seguro aún. Mientras tanto, con enero se irá la última de Geroca, una oportunidad más para disfrutar del arte de un hombre que desde la introversión observó atento a la sociedad a su alrededor, se burló de ella y con ella; una voz tímida pero potente que nos hará falta.
El genio disfrazado de inocente
Cada año, con cada nueva exposición, la conversación en torno a la obra de Geroca se centraba en los temas y las escenas que plasmaba en sus cuadros. Desde chuscas anécdotas de bar hasta complejos fenómenos sociales y acontecimientos político-culturales eran el punto de partida para discutir su trabajo. Su técnica, en cambio, pocas veces recibía comentario alguno.
El “arte naif” de Geroca, sin embargo, esconde una maestría sorprendente, porque no es necesario aspirar al hiperrealismo y el más dramático claroscuro para ser un genio de la pintura. Una inspección concienzuda de sus caricaturescas composiciones revela un conocimiento profundo de la perspectiva, la composición y el color. En los cuadros de este creador la distorsión es producto de la emoción, pero la realidad nunca se desprende por completo. Los detalles que pueblan cada imagen solo existen ahí porque el autor conoce de manera cabal los lugares y hechos que está pintando.
No coloca objetos porque sí. Basta con mirar los rostros de sus personajes: todos expresan algo y si no tienen rostro es porque no son personajes, son parte del paisaje. Las barras de sus bares están llenas de detalles, los muros no son plastas de color y a algunos hasta se les está cayendo el recubrimiento.
Si bien el Cerdo no es una galería donde se pueda hacer esto con facilidad, si uno se permite inspeccionar las obras y sigue el orden cronológico de su creación encontrará, además de una evolución, experimentos y constantes. Momentos donde la pintura era más plana y reinaba la línea —en especial en las obras más antiguas, de los 90’s y 2000- hasta otros donde el volumen adquirió preponderancia, casi rayando en el realismo académico —sobre todo después del 2010—.
Por ejemplo, en las obras “Cabrito al pastor” y “Salón caguama” de 1993 hay formas más caóticas, una sobrecarga de elementos y una —aparente— suciedad en la composición. Pero el estilo ya estaba definido incluso entonces. La crónica visual de esos instantes urbanos mantiene su huella. En las obras más recientes encontramos una economía de elementos, que por ello no despoja a las piezas de vida, ni movimiento o narrativa.
Geroca nunca se detuvo. Viajó de ciudad en ciudad, de taberna en taberna, de un café al otro. Fue el eterno peatón de ojo vigilante pero su obra no solo es sus temas, sino también la pincelada trabajada, la composición intuitiva pero experimentada y un estilo que lo define como uno de los grandes del noreste mexicano.