María Ortiz convierte lo suave en incomodidad en la expo ‘Mover la cama con los dientes’ en Saltillo
La artista torreonense inauguró esta muestra de escultura textil en el Museo de Artes Gráficas. Una propuesta donde los materiales mutan de cualidad y el cuerpo se hace presente a través de su ausencia
El pasillo principal del Museo de Artes Graficas de Saltillo alberga una paradoja. Pilas de almohadas, o suspendidas con cables o clavadas al muro, no se presentan como una opción cómoda, no ofrecen confort a simple vista. Hay una solidez que confronta a quien las ve y hablan de realidades que provocan insomnio.
En la exposición “Mover la cama con los dientes” la artista lagunera María Ortiz Martínez convierte en sólido lo suave y aprovecha el potencial simbólico de la almohada para hablar sobre el cuerpo y lo que le atraviesa.
Inaugurada el pasado martes 14 de julio, la serie muestra el trabajo reciente de la creadora originaria de Torreón, Coahuila, como parte de una exploración que inició alrededor de 2024 y que continúa, entre el arte textil y la escultura.
“Cuando estaba en secundaria leí el ‘Almohadón de plumas’ de Horacio Quiroga e hizo click en algún momento y al ver este trabajo quise seguir hablando de eso. Sobre todo este año he trabajado exclusivamente con el tema de las almohadas y las camas”, compartió la artista para VANGUARDIA.
Desde series como “Paliativo”, la obra de Ortiz explora las ramificaciones de la salud mental y física. En este nuevo proyecto la línea se extiende hacia el espacio donde ocurre la convalecencia, que es testigo y soporte de la vulnerabilidad.
“Lo que más me ha gustado es matéricamente, desde poner todas las almohadas en mi cama y dormir sobre ellas, fue una experiencia muy peculiar, hasta buscar cómo hacer que una almohada se quede rígida. Eso me ha gustado mucho”, expresó.
“Me gusta mucho incomodarme, a mí misma sobre todo, y buscaba esta sensación de incomodidad y peso. También que se quede suspendido en el tiempo, tanto literal como si estuviera congelado, con esas arrugas estáticas. Ha sido muy interesante”, agregó.
En manos de esta artista objetos que asociamos con lo esponjoso y ligero se convierten en piezas visualmente muy pesadas, de una solidez que contrasta con su naturaleza. Las intervenciones gráficas y literarias de algunas de estas agregan un componente simbólico que guía al espectador a través de la propuesta.
“A la par que empecé a hacer esto exploré también las palabras. No en todas las obras pero sí tienen un peso importante. Yo siento que tengo una relación extraña porque siento que escribir es algo complejísimo, pero de vez en cuando tengo unas iluminaciones y necesito que la palabra esté presente”, dijo.
Si en “Paliativo” y otras de sus obras, sobre todo fotográfica, el cuerpo es protagonista, aquí sigue presente, pero en el vacío que deja. Tal vez no queda la silueta exacta de quien posó sobre esas almohadas, pero las arrugas que perduran intactas revelan el uso y con ello el cansancio, la pesadumbre, la melancolía y las horas de reflexión, de ansiedad, de depresión o de descanso que pueden ocurrir sobre ellas.
En la serie no solo lo textil tiene presencia, también el latón y el concreto, que se integran a las piezas como puntos focales o incluso como representaciones del cuerpo mismo sobre la cama. Además, en un juego creativo todo este material se extiende a las fichas de las obras y hasta a la hoja de sala.
“Mover la cama con los dientes” —una idea de por sí inquietante— seguirá en exhibición en el Museo de Artes Gráficas, en Saltillo.