Así cuestiona la crítica el live action de ‘Moana’
Hasta este viernes la cinta de Disney tenía un debut de 35% en calificación positiva en Rotten Tomatoes, y 7.6 de IMD sin opinión de los fans
Un trago amargo es lo que está viviendo Disney en el primer fin de semana de estreno del live action de ‘Moana’, ya que la crítica no ha sido piadosa con la cinta que apenas hace 10 años conquistó a los niños y no tan niños.
Desde su anuncio de creación, el público de la princesa polinesia cuestionó si era “necesaria” que tan pronto su aventura se hiciera realidad, y la respuesta ya está en el boca a boca.
Además de la reseña de AP que deja mal parado el proyecto de Disney, sitios como Rotten Tomatoes respaldan el rechazo, al menos hasta el momento, de los expertos al tener sólo 35% de calificación positiva.
UN INTENTO ‘SIN MAGIA’
Digan lo que quieran de ellas, pero las nuevas versiones de acción real de Disney al menos nos han dado a elegir. ¿Qué preferirían ver? ¿Una ‘Moana’ animada, vibrante y que se eleva, o una nueva versión sin propósito con Dwayne Johnson y un peinado a lo Fabio?
El mar es inmenso. Sin embargo, Moana, la princesa polinesia navegante, parece haberse quedado atrapada nadando en círculos desde que apareció por primera vez en nuestras pantallas hace 10 años. Es una de las grandes heroínas de Disney. La película original, animada por computadora por los maestros del dibujo a mano Ron Clements y John Musker y sostenida por las enérgicas canciones de Lin-Manuel Miranda, representa la cima de la animación de Disney en este siglo.
COPIA MUY FIEL
La nueva “Moana” es, a menudo, una recreación plano por plano y nota por nota de la original, con pequeños destellos de material nuevo. Esto es comprensible, hasta cierto punto. Las canciones siguen siendo estupendas. Catherine Lagaʻaia, quien interpreta a Moana, canta de maravilla. El océano, en esplendor digital, es aún más azul.
Pero toda inventiva se ha ido mar adentro. Una de las grandes virtudes de la animación es que puede hacer cualquier cosa con un chasquido de dedos. Se percibe la imaginación en acción. Las grandezas de la ‘Moana’ original residían tanto en sus ricas conexiones polinesias como en su diversión caricaturesca: la transformación bobalicona del semidiós Maui (Johnson), los movimientos que invitan a marcar el ritmo del cangrejo gigante Tamatoa (Jemaine Clement), la manera en que el océano devuelve a Moana a bordo del barco.
Convertir esas cosas en realidades físicas no es solo una actualización de formato; les roba su alma animada. El resultado se percibe más como una representación teatral que como una creación artística genuina. Apostaría a que no hay nadie que haya visto a los pequeños piratas coco en la primera “Moana” y se haya dicho: “Necesito unos Kakamora con un aspecto más realista”.
¿A SALVO?
El mayor beneficio de la actualización a acción real llega con la recreación de Motunui, la isla natal de Moana. Si la “Moana” original se elaboró como un homenaje a la cultura polinesia, la presencia de personas reales vuelve eso más tangible. John Tui, un actor neozelandés de ascendencia tongana, está especialmente bien como el padre de Moana, el jefe.
Pero, la mayoría de las veces, el salto de la animación a la acción real implica una pérdida. Esto es particularmente cierto con personajes destinados a ser caricaturas, como el gallo Heihei. Y ocurre de manera dolorosa con Tamatoa, cuya canción “So Shiny” antes era un punto culminante indiscutible, pero ahora es quizá la escena montada con mayor torpeza de la película.
Nada de esto es culpa de Lagaʻaia, cuya interpretación vivaz es la principal fuente de impulso del filme. Maui, fanfarrón, astutamente cómico, inevitablemente heroico, está entre los papeles que mejor le calzan a Johnson. Por eso sorprende cuánto le cuesta aquí a su actuación igualar el brío del Maui animado. Puede ser que Johnson. (Con información de AP)