Cultura y pop: Nick Cave

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/ 5 enero 2026

En el panorama actual, Cave es una mezcla de dinosaurio y ave exótica

Pasada ya la época de las listas de “Lo Mejor del Año” en cine, literatura, series y demás, empecemos el año hablando de una inusual pieza de arte de hace diez años.

Primero, sin embargo, necesito hablar del artista involucrado.

¿Le suena Nick Cave? A estas alturas de su carrera, probablemente no. Cave fue un enfant terrible del post-punk durante los años setenta. Durante una época, un promotor anunció su banda como “la más violenta del mundo”, cosa que dejaba perplejos a Cave y a sus músicos, y llenaba el auditorio de gente indeseable.

Es probable que, además de exagerado, el promotor confundiera intensidad —atributo que los conciertos de Cave siguen poseyendo— con violencia. Pero ayudó a la confusión que sus letras exploraran temas oscuros, y que Cave mostrara muchos de los excesos de los rockstars. Usaba drogas, salía con modelos, era arrogante, y flirteaba en su aspecto con influencias góticas.

Poco a poco, sin embargo, resultó claro que tenía múltiples intereses intelectuales. Con su segunda banda, The Bad Seeds, alcanzó el pináculo de su fama a mediados de los 90s, pero para entonces actuaba en películas y escribía novelas. A partir de entonces, su música se fue haciendo cada vez más compleja y alejada de las listas de popularidad. El sonido de su banda no sólo empezó a cambiar mucho entre álbumes, sino entre canciones.

En su vida personal, Cave había encontrado estabilidad con su mujer, la modelo inglesa Susie Bick, y profesionalmente, con el músico Warren Ellis, que organizó a los Bad Seeds como un vehículo para sus letras, que se volvieron cada vez más poéticas.

En el panorama actual, Cave es una mezcla de dinosaurio y ave exótica. Está muy lejos de las listas de hits, pero mantiene un importante grupo de seguidores y se ha convertido en un artista de culto. Netflix o su competencia hará eventualmente un biopic.

En un inesperado giro, Cave empezó a escribir en 2018 un blog, The Red Hand Files, en el que contesta a preguntas que sus fans le envían sobre cualquier tema — música, inspiración, amor, sexo, la felicidad y el sentido de la vida y del sufrimiento. Algo que en el mejor de los casos parecía un experimento, y en el peor, un monumento a su ego del cual se aburriría pronto, ha durado ya siete años y contando, durante los cuales Cave ha contestado a cientos de cartas con notorio interés, apertura, y agradecimiento.

Quizá sea una forma de terapia. En 2015 uno de sus hijos, de apenas 15 años, murió tras arrojarse de un acantilado en la ciudad de Brighton. Al parecer no fue un suicido, sino un terrible accidente: el chico había tomado LSD.

Nick Cave, en fin, es una de esas personas que no confundió ser artista con ser famoso. Incluso para aquellos a los que no guste su música, en su obra hay una pequeña joya. Es mi tema de la próxima semana.

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Doctor en Literatura por la Universidad de Salamanca. Vive en Europa desde el 2000, donde ha viajado extensamente. Ha sido guionista y locutor de radio, y escritor de libros, museos, arte, viajes, conciertos, y películas. Actualmente es profesor en la Universidad de Ciencias Aplicadas Zuyd en Maastricht (Países Bajos), donde imparte clases de Lengua y Cultura Española, Comunicación Intercultural, Presentation Skills y Storytelling. En sus noches libres cocina para rockeros y poperos en la sala de conciertos Muziekgieterij.

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