Cultura y Pop: Rutinas y Escritores

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/ 5 febrero 2026

Pero por mucho que les guste su estudio, muchos escritores se esfuerzan por escribir en otras partes

El autor estadounidense Harlen Coben dice que si le pedimos consejo a diez escritores sobre cómo escribir, obtendremos once respuestas diferentes. Y su colega Tobias Wolff, que los escritores son conocidos por dar consejos que luego ellos mismos no siguen.

Cada vez que leo una entrevista en la que un escritor habla de su proceso de escritura y muestra su estudio, sin embargo, dos cosas se repiten.

La primera es que los escritores suelen seguir una rutina a rajatabla—lo cual no deja de ser curioso. En nuestra cultura pop el concepto de rutina tiene una reputación nefasta: nos trae a la mente vidas perdidas haciendo lo mismo en una oficina gris, día tras día. Al mismo tiempo, nuestra cultura pop nos dice que los escritores son seres creativos y originales, lo más alejado posible de un burócrata.

¿Cómo explicar esta contradicción?

La primera es que la imagen pop del artista creando una obra en un rapto de inspiración es una tontería. Escribir es un ejercicio de concentración, esfuerzo, y constancia, que tiene muchos puntos bajos y pocos altos. Ningún libro se escribe, sino que se corrige, una y otra vez. Escribir es duro, difícil, y solitario. En cierto modo, cada mañana los escritores son Sísifo empujando una piedra cuesta arriba.

Los escritores que consiguen publicar libros comprenden en algún momento que la única manera de terminarlos es sentarse todos los días a escribir, estén inspirados o no. El escritor israelí Amos Oz lo describía así: “Ser escritor es como tener una tienda. Todos los días tienes que levantarte para abrirla y atender clientes. A veces vienen y a veces no, pero yo tengo que abrir.”

Precisamente porque no todos los días se está de humor o en condiciones de escribir, las rutinas también tienen otra función. Al seguir todos los días los mismos pasos antes de sentarse a escribir, el cerebro entiende que es el momento de concentrarse. Este es el tipo de aprendizaje que ninguna escuela enseña.

El segundo denominador común es que, para darse ánimos, los escritores suelen rodearse de tótems y altares. Libros de colegas a los que admiran. Objetos que les recuerdan por qué escribir tiene sentido. Arte que los inspira. Música que los transporta. Mobiliario que les hace sentir bien.

Pero por mucho que les guste su estudio, muchos escritores se esfuerzan por escribir en otras partes.

La mejor manera de explicar esta otra aparente contradicción la encontré en el escritor escocés Irving Welsh, autor entre otras de la novela de culto “Trainspotting.” Aunque es feliz en su estudio, intenta no apegarse a él y escribir gran parte del tiempo en cafés y en transporte público, porque en su trabajo es esencial no obsesionarse persiguiendo la falacia de las condiciones ideales, y ser capaz de escribir en cualquier parte y circunstancia.

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Doctor en Literatura por la Universidad de Salamanca. Vive en Europa desde el 2000, donde ha viajado extensamente. Ha sido guionista y locutor de radio, y escritor de libros, museos, arte, viajes, conciertos, y películas. Actualmente es profesor en la Universidad de Ciencias Aplicadas Zuyd en Maastricht (Países Bajos), donde imparte clases de Lengua y Cultura Española, Comunicación Intercultural, Presentation Skills y Storytelling. En sus noches libres cocina para rockeros y poperos en la sala de conciertos Muziekgieterij.

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