Regresa Meryl Streep a cines como ‘Miranda Priestly’ y revive el fenómeno de ‘El Diablo Viste a la Moda’
A dos décadas del estreno original, la icónica editora vuelve a la pantalla grande en una secuela que explora los cambios en la industria editorial y el impacto de la era digital
Nadie, pero nadie la supera como mejor actriz en Hollywood, Meryl Streep ya fue nominada 21 veces y con tres Óscar que guarda muy bien en su casa. Solo ella ha logrado hacernos reír o llorar en todos los géneros del cine, desde el drama de ‘Kramer vs. Kramer’ o el romance de ‘Puentes de Madison’, hasta la admiración que genera al volver con la odiosa sobriedad del personaje de ‘Miranda’ en ‘El Diablo Viste a la Moda 2’, despertando nuevas expectativas de un próximo Óscar.
¿Se parece en algo Meryl Streep al personaje de ‘Miranda Priestly’?
A mí me interesa la gente que no es como yo. Y me interesan porque, a pesar de no ser aparentemente como yo, son como yo, porque todas las mujeres nos parecemos mucho más de lo que pensamos.
¿Lo mejor de volver a grabar ‘El Diablo Viste a la Moda’?
Fue encontrarme con Stanley Tucci y que me cocine. Yo no soy muy buena en la cocina; soy mejor con los martinis o supervisando. Ahí sí que soy muy buena.
¿El mayor cambio que notó entre el primero y el segundo rodaje?
Los zapatos eran demasiado incómodos (risas). También lo eran hace 20 años, pero esta vez resultaron todavía más incómodos a mi edad. Hablando más en serio, nos sorprendió la atención de la gente y de los paparazzi en la calle durante el rodaje en Nueva York. Era muy difícil concentrarme como ‘Miranda’ cuando, a lo lejos, se escuchaba un grito de “¡Meryl!”. La versión anterior la habíamos filmado un año antes de que saliera el primer iPhone, y el teléfono celular cambió todo. Ahí es donde empieza nuestra nueva historia, 20 años después, dentro del cambio de los medios, donde Miranda tiene que enfrentar el desafío de mantener vivo el negocio de las revistas.
¿Guardó algunos de los extraordinarios trajes que usó durante el rodaje?
No, pero los van a rematar a beneficio del Comité para la Protección de Periodistas. Yo tampoco suelo guardarme nada que ocupe más lugar que un par de lentes...
El público no opina igual, al menos en Hollywood, donde se agotaron las entradas anticipadas que incluían un exclusivo bolso de mano rojo, ideal para lucir a la moda hasta con las palomitas.
Y a unas cuadras del Teatro Dolby del Óscar, la gente se desespera por conseguir su propia revista Runaway, ya que están regalando una edición limitada de la revista ficticia del filme, que incluso incluye la firma de Miranda Priestly como directora.
¿Recuerda la primera vez que se dio cuenta de lo que realmente significa para la gente cuando la ve en persona?
La primera vez que fui al Festival de Cannes me dijeron que iba a necesitar nueve guardaespaldas. Y dije que yo no necesito ni uno. Yo no tengo guardaespaldas. Pero en aquel entonces tampoco había la misma seguridad que ahora, con barreras y rejas por todos lados. Es una locura. Me da miedo la pasión de la gente porque yo no soy una estrella de rock. Tengo una vida muy aburrida.
¿El éxito se mide al mismo nivel que las recaudaciones del cine?
No es algo a lo que yo le preste atención. Es algo que le preocupa más a mi representante. Nunca traté de conseguir éxito en taquilla. Y las películas que funcionaron, como ‘Mamma Mia!’, las hice como algo divertido, pero nunca supe que podían llegar a ser algo grande.
Muchos se sorprendieron al verla cantar tan bien en ‘Mamma Mia!’, aunque realmente ya la habíamos visto cantar antes en el cine, en ‘El francotirador’...
Bueno, a mí me encanta cantar. Tomé clases cuando era joven, hasta que en la escuela secundaria arruiné mi voz fumando y gritando como porrista. Pero soy de las que piensan que cantar es una línea directa al corazón.
¿La escena más romántica que recuerda del cine?
En ‘África mía’, Robert Redford tenía que lavarme el cabello en el río. Nos habían dicho que debíamos cuidarnos de dos cosas: los leones y el hipopótamo, porque es el animal que más seres humanos mata con su enorme mandíbula. Estábamos filmando en el río, frente a unos hipopótamos que ni siquiera sé si se vieron en el cine. No lo recuerdo, pero era algo que me preocupaba. En cierta forma es una escena de sexo, pero sin sexo. Era muy íntima. El cine muestra demasiadas escenas de sexo donde no se percibe el amor en las caricias. Recuerdo que, al filmarla, yo no quería que terminara, ni siquiera con los hipopótamos detrás de nosotros.
¿Con el paso del tiempo justifica cada una de las 21 nominaciones al Oscar?
Supongo que cada una tuvo que ver con su momento, más allá del factor económico, porque el cine serio es difícil de financiar. Nadie está seguro de si algo va a funcionar. Incluso las películas más simples tienen su momento, porque pueden generar entretenimiento para evadir situaciones difíciles, como las comedias.
¿Es verdad que en el primer Oscar que ganó con ‘Kramer vs. Kramer’ usted escribió el diálogo más importante de la historia?
Era la época del inicio del movimiento feminista, que no hacía feliz a mucha gente. Al guionista le interesaba más el dilema del padre: cómo criar al hijo y mantener su trabajo después de separarse de su esposa. La historia se centraba más en el personaje de Dustin Hoffman, hasta que la esposa vuelve después de 18 meses. Tuvimos una discusión en el rodaje porque el guion no explicaba la razón principal por la que ella se había ido. Entonces decidimos, junto con Dustin y el director, que cada uno escribiera su versión. Lo hicimos y, cuando votamos... gané yo.
¿Es cierto que perdió aquel primer Oscar la misma noche que lo había ganado?
¡Lo había dejado en el baño! Tenía un vestido muy grande que tuve que levantar y, cuando lo dejé caer, olvidé que el Óscar estaba debajo. Pero alguien lo encontró y me lo devolvieron. Así que esa noche me entregaron el mismo Óscar dos veces (risas).
En los años 90 solía quejarse de que los hombres en Hollywood cobraban más que las mujeres. ¿Se nota algún cambio positivo?
¡Dios mío! Hoy hay muchísimas grandes estrellas femeninas que están entre las mejores del mundo, aunque Tom Cruise probablemente está por encima de todos. Es muy diferente a la época en que yo empezaba. A los ejecutivos hombres les costaba verse reflejados en una protagonista femenina, mientras que las mujeres sí podían imaginarse como protagonistas masculinos. Ningún hombre que vea ‘El francotirador’ puede imaginar los papeles de Robert De Niro o Christopher Walken interpretados por una mujer, pero nosotras sí podemos hablar el mismo idioma. Lo positivo es que hoy muchas actrices también son productoras, como Reese Witherspoon, Nicole Kidman y Natalie Portman. Todas tienen sus propias productoras.
¿Y usted?
Yo pude haber tenido mi propia productora, pero no lo hice porque nunca quise recibir llamadas después de las siete de la tarde. Nunca lo haría.
¿Alguna vez pensó en dar clases de actuación?
Nada puede ayudarte. Yo no tengo una técnica específica. Mi educación en la escuela de drama pasó por tres estilos distintos. Cada año llegaba un maestro nuevo, que luego despedían para contratar a otro con un método diferente. Y, aunque no lo creas, eso fue valioso porque me permitió guardar distintas experiencias.
¿Qué consejo le daría hoy a las actrices que sueñan con ganar un Óscar?
Que amplíen sus opciones para representar distintos tipos de mujer. Hay que mantener viva la esperanza, porque solo se necesita una buena oportunidad. Y cuando llega, ese trabajo te llevará al siguiente. Así es como pasan las cosas. No te rindas, no te rindas, no te rindas.