‘Bed-rotting’: Autocuidado moderno o depresión juvenil... Esto se sabe
COMPARTIR
Casi un 25% de los “centennials” practican esta tendencia de manera habitual: pasar los días festivos en la cama, normalmente acompañados de algún dispositivo electrónico y comida basura
El “bed-rotting”, una tendencia viral que consiste en pasar largas horas —incluso días— en la cama sin actividad, se ha popularizado como una forma de descanso frente al estrés, pero especialistas advierten que puede estar vinculado a problemas emocionales y afectar la salud mental si se convierte en hábito.
Lo que antes se entendía como un simple “domingo de pereza” ahora tiene nombre propio. El término, que literalmente significa “pudrirse en la cama”, describe una práctica que va más allá de descansar: implica permanecer 24, 48 horas o más en inactividad casi total, generalmente acompañado de consumo de contenido digital y comida rápida.
FRENTE A LA HIPERPRODUCTIVIDAD, EL AISLAMIENTO VOLUNTARIO SE MANTIENE
El fenómeno ha crecido especialmente entre la generación Z, en parte como respuesta a la cultura de la hiperproductividad. Esta práctica suele incluir maratones de series, uso constante del celular —con el llamado “doomscrolling”— y, en algunos casos, incluso trabajo desde la cama.
Lo que comenzó como una broma en redes sociales ha evolucionado hasta convertirse en una tendencia cultural. De acuerdo con Dictionary.com, se define como “la práctica de pasar muchas horas en la cama durante el día, a menudo con sándwiches y algún dispositivo electrónico, como un retiro voluntario de la actividad o el estrés”.
En plataformas como TikTok, creadores de contenido comparten esta experiencia bajo etiquetas como “rot-with-me”, mostrando espacios de descanso prolongado rodeados de almohadas, dispositivos electrónicos y restos de comida. Su alcance no es menor: según la Universidad de Adelphi, el término supera los 2,000 millones de visualizaciones.
Además, datos de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM) indican que cerca del 24% de los jóvenes reconoce practicar “bed-rotting” de forma recurrente, lo que refleja su arraigo en los hábitos actuales.
Desde una perspectiva sociológica, esta conducta se interpreta como una reacción directa contra la “hustle culture”, una mentalidad centrada en la productividad constante. Frente a esa exigencia, el aislamiento voluntario aparece como una forma de resistencia o escape.
LOS RIESGOS DEL DESCANSO SIN DESCONEXIÓN
Aunque algunos defienden esta práctica como una forma de reducir el estrés, los especialistas advierten que puede tener implicaciones negativas. La psicóloga Audrey Tang señala que esta tendencia “es una reacción contra todas esas tendencias saludables, de bienestar y de autocuidado de las que oímos hablar todo el tiempo”.
Para quienes la practican, puede representar una pausa que ayuda a disminuir los niveles de cortisol tras jornadas intensas. Sin embargo, expertos alertan que no siempre se trata de descanso genuino.
Jessica Gold, profesora de psiquiatría, advierte que “el impulso de pudrirse en la cama todo el día, sobre todo si ocurre cada vez más, es probable que tenga que ver con algo más que con recuperar el sueño o necesitar un día para no hacer nada, como evitar las sensaciones, el estrés o el dolor de estar despierto”.
En la misma línea, el psicólogo Scott Eilers cuestiona su idealización en redes sociales: “el bed rotting no es la práctica de autocuidado que afirman las redes sociales: al contrario, este mecanismo de moda podría estar empeorando la depresión y ansiedad”.
A esto se suma el llamado “ciclo de la vergüenza”: lo que inicia como descanso puede terminar en culpa e insatisfacción, especialmente al final del fin de semana, cuando la inactividad prolongada genera sensación de vacío.
Por ello, la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño recomienda limitar el uso de la cama exclusivamente al descanso nocturno o la intimidad, como parte de la terapia de control de estímulos.
Ante este panorama, los expertos coinciden en que descansar sigue siendo necesario, pero debe hacerse de forma consciente. El equilibrio está en el descanso activo e intencional, que permita recuperarse sin caer en hábitos que, a largo plazo, puedan afectar el bienestar emocional.
(Con información de EFE)