¿Qué tan bueno es el cannabis medicinal?
No es legal en todos los países ni su uso está exento de polémica. Por un lado, posee propiedades terapéuticas pero, por otro, implica riesgo de adicción y posibles efectos adversos, sobre todo, en el terreno de la salud mental
El cannabis terapéutico ha ganado relevancia por su capacidad para aliviar síntomas de enfermedades crónicas y graves; sin embargo, su uso implica tanto beneficios médicos como riesgos que deben considerarse bajo supervisión profesional. Sus efectos se deben a los cannabinoides, compuestos que interactúan con el sistema endocannabinoide del cuerpo, responsable de regular funciones como el sueño, el estado de ánimo, el apetito, la memoria y el dolor.
La planta Cannabis sativa cuenta con ejemplares masculinos y femeninos. En estos últimos se desarrollan los cogollos —conocidos comúnmente como marihuana—, donde se produce una resina rica en cannabinoides. Estas sustancias actúan de forma similar a los endocannabinoides que el propio organismo genera de manera natural.
Entre los cannabinoides más estudiados destacan el D9-tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol (CBD). La diferencia principal es que el THC tiene efectos psicoactivos, mientras que el CBD no, e incluso puede mitigar parcialmente dichos efectos.
“Tanto los cannabinoides endógenos como los del `Cannabis sativa´ actúan mediante su unión a idénticos receptores específicos localizados en la superficie celular. Son los denominados receptores cannabinoides, de los cuales se conocen dos tipos diferentes: CB1 y CB2. Los efectos de los cannabinoides sobre el sistema nervioso central están mayoritariamente mediados por el ubicuo receptor CB1”, explica Manuel Guzmán, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Complutense de Madrid.
“Este receptor es especialmente abundante en áreas implicadas en el control de la conducta motora (ganglios basales, cerebelo), memoria y aprendizaje (corteza, hipocampo), emociones (amígdala), percepción sensorial (tálamo) y diversas funciones autónomas y endocrinas (hipotálamo, médula), lo que lógicamente explica que el consumo de marihuana afecte a estos procesos.
“El receptor CB1 está también presente en muy diversas localizaciones periféricas como las terminales nerviosas periféricas, el tracto digestivo y los aparatos reproductor, cardiovascular y respiratorio. Por el contrario, el receptor CB2 muestra una distribución más restringida y está fundamentalmente presente en el sistema inmune, tanto en células (linfocitos, macrófagos, células dendríticas) como en tejidos (bazo, ganglios linfáticos), pudiendo estar implicado en la modulación de la respuesta inmune”, añade el profesor.
LA MARIHUANA TERAPÉUTICA
El uso medicinal del cannabis se centra en aliviar síntomas cuando otros tratamientos no han sido suficientes. Puede emplearse para reducir el dolor y la rigidez en personas con esclerosis múltiple, mitigar molestias en pacientes con cáncer, controlar náuseas y vómitos derivados de la quimioterapia o disminuir convulsiones en ciertos tipos de epilepsia.
Las principales formas de administración son la vía oral y la inhalada. Cuando se ingiere, los efectos tardan alrededor de una hora en manifestarse, pero se prolongan durante varias horas. En cambio, al inhalarse —generalmente mediante vaporizadores—, el efecto aparece en pocos minutos y su duración es más corta, entre media hora y una hora.
Además del consumo directo, existen medicamentos elaborados con cannabinoides naturales o sintéticos. Uno de ellos es el dronabinol, una versión sintética del THC utilizada para tratar náuseas y vómitos en pacientes sometidos a quimioterapia, así como la pérdida de apetito en personas con sida. Otro ejemplo es Epidiolex, compuesto por CBD purificado, indicado como tratamiento complementario para convulsiones graves asociadas a síndromes como Lennox-Gastaut, Dravet y esclerosis tuberosa, y aprobado por organismos regulatorios como la FDA y la EMA.
No obstante, estos productos no están exentos de efectos secundarios. Pueden generar alteraciones respiratorias, gastrointestinales y del sistema nervioso. Entre los efectos agudos más comunes se encuentran boca seca, ojos enrojecidos, aumento del apetito, ligera euforia, disminución del estado de alerta, incremento de la frecuencia cardiaca, baja presión arterial y mareos, según información de Bedrocan.
El uso de cannabis medicinal también conlleva riesgos. Entre los más relevantes se encuentran la psicosis, enfermedades cardiovasculares, complicaciones durante el embarazo, afecciones hepáticas, adicción y posibles sobredosis. En particular, puede desencadenar episodios psicóticos en personas con predisposición genética.
“Los pacientes con riesgo hereditario de psicosis u otros trastornos psiquiátricos (por ejemplo, esquizofrenia o depresión) y aquellos con afecciones cardiacas o coronarias deben evitar el uso de cannabis y cannabinoides, ya que podrían potenciar estas enfermedades”, destacan desde Bedrocan.
Su consumo no se recomienda durante el embarazo ni la lactancia, debido a que puede afectar al desarrollo del feto y transmitirse a través de la leche materna. Asimismo, las personas con enfermedades hepáticas deben extremar precauciones.
“Deben ser controladas durante la iniciación, con el fin de asegurar que la dosis tomada no excede la capacidad metabólica del hígado”, subrayan los especialistas de Bedrocan.
La adicción, aunque menos frecuente en contextos médicos supervisados, sigue siendo un factor a considerar, especialmente en personas con antecedentes de consumo problemático. En cuanto a la sobredosis, raramente pone en riesgo la vida, pero puede provocar ansiedad, ataques de pánico, alteraciones en la frecuencia cardiaca, cambios en la presión arterial, náuseas, vómitos, diarrea, confusión o sensación de pérdida de control.
En este contexto, el uso de cannabinoides debe entenderse como una herramienta terapéutica que requiere evaluación médica, control de dosis y seguimiento constante, para equilibrar sus beneficios potenciales con los riesgos asociados.