¿Es posible amar a una IA y ser correspondido por ella?, la filosofía tiene la respuesta
Actualmente “la IA está generando un nuevo tipo de amor por los objetos”, precisan Por Joel Krueger y Thomas Telfer en su artículo publicado en The Conversation
Si bien es habitual que en ocasiones cualquiera persona pudiera expresar que ama “un suéter cómodo o una cámara nueva”; esta oración “no suele tomarse de forma literal” ya que “es una especie de taquigrafía emocional que utilizamos para expresar nuestro cariño por objetos preciados”, explican Joel Krueger, quien es profesor Asociado de Filosofía en la Universidad de Exeter, y Thomas Telfer, quien es docente de Filosofía en la Universidad de Exeter, en su artículo titulado “You can love an AI but can it love you back? Philosophy has the answer“ publicado en The Conversation.
"Lo afectivo es esencial para el pensamiento humano... a la inteligencia artificial le falta la dimensión afectivo-analógica, la emoción que los datos y la información no pueden comportar”, describe el filósofo Byung-Chul Han, en su artículo “La inteligencia artificial es incapaz de pensar” publicado en Bloghemia.
Sin embargo, prosiguen Krueger y Telfer tanto la vida y como el amor “son complicados, y a veces la gente proclama amor romántico hacia objetos inanimados y Forman apego emocional intenso hacia muñecas sexuales, almohadas corporales o avatares holográficos de personajes ficticios”.
Para mostrar cómo ocurre este apego emocional o amor los autores ponen como ejemplo al japones Akihiko Kondo, quien en 2018 decidió casarse con Hatsune Miku, quien es una cantante de pop que fue creada por una computadora y que 2es famosa por protagonizar videojuegos y salir de gira con Lady Gaga. Kondo sabe que Miku no es real, dice, pero su amor por ella sí lo es”.
¿UN NUEVO TIPO DE AMOR?
“La IA está generando un nuevo tipo de amor por los «objetos». Un número creciente de personas afirma haberse enamorado de un chatbot de IA, tanto de compañeros personalizados creados por aplicaciones populares como Replika o Character.AI, como de modelos de lenguaje cotidianos como ChatGPT y Claude. El amor hacia la IA está en aumento”, describen Krueger y Telfer.
Krueger y Telfer alertan que actualmente las “citas hoy en día puede parecer una mezcla de deslizamientos infinitos” y hacen referencia a investigaciones en las que se detallan “las complejidades del amor moderno” con el fin de “ayudarte a construir conexiones significativas, independientemente de tu estado sentimental”.
De acuerdo con los autores en una encuesta realizada por Vantage Point Counselling, que es una firma de terapia que tiene su sede en Texas, realizada a 1012 adultos estadounidenses, reveló que un 28 % dijo que por lo menos tuvo “una relación romántica con un bot de IA”.
Según otro informe de una empresa de seguridad tecnológica, citan los autores, llevó acabo un análisis sobre la actividad en los dispositivos de “más de 3 mil niños de entre cinco y 17 años, descubrió que a los 13 años el juego de rol sexual o romántico era el tema más común en los chats con compañeros de IA, apareciendo en el 63 % de las conversaciones”; por otra parte, señalan Krueger y Telfer que en el Reino Unido, “discusiones en grupos focales realizadas por los consultores de igualdad de género Male Allies” con mil niños de 12 a 16 años “revelaron que uno de cada cinco niños tiene, o conoce a alguien que tiene, una relación con un compañero de IA”.
Debido a que los chatbots fueron “diseñados” para cada vez más para ir creando cada vez más confianza y apego emocional en los usuarios, “su capacidad para adular y simular intimidad emocional los hace especialmente “adictivos””, por lo que “enamorarse de ellos es una respuesta predecible”. De esta forma el amor por la inteligencia artificial podría convertirse en “un gran negocio, un mercado que potencialmente valdrá 972,100 millones de dólares para 2035”, explican Krueger y Telfer.
Los autores alertan y tomando en cuenta en avance de esta tendencia “el amor por la IA no se limita a una ventana de chat. A medida que la IA se integra cada vez más en una variedad de dispositivos y aparatos vestibles (wearables), se traslada a la vida cotidiana”, y añaden que “algunos ven a su compañero de IA como su cónyuge: van a citas, compran anillos de boda y realizan ceremonias matrimoniales. Otros expresan el deseo de criar hijos con su bot y lo ven como un miembro de la familia”; por lo que “debemos tomar en serio el amor por la IA. Aporta alegría y consuelo. Puede ayudar a disipar la soledad. Esto no es poca cosa”.
Los autores señalan que el cuestionarnos si puede pensarse que “esto es amor real” es una pregunta equivocada; siendo así que lo que deberíamos preguntarnos es “qué tipo de pareja amorosa emulan los bots de IA”.
“Lo que pone en duda las relaciones con la IA no es solo el hecho de si la IA es consciente, sino, quizás más importante, la forma de la relación amorosa que ofrece. La IA no puede darnos amor auténtico; solo puede ofrecer devoción. Y aunque esta devoción puede sentirse bien, si buscamos amor real, amor auténtico, tendremos que buscar en otra parte2, concluyen Krueger y Telfer
Con información de The Conversation.