Cirugía estética: riesgos y cuidados antes de tomar una decisión
Más allá del resultado, una decisión informada requiere conocer las expectativas, los riesgos y todo lo que implica el proceso antes, durante y después del quirófano
Una fotografía, un comentario o una tendencia pueden despertar el deseo de cambiar algo del cuerpo. Pero entre querer modificar una característica y decidir entrar a un quirófano hay una pregunta que no debería pasar de largo: ¿por qué hacerlo y qué implica realmente?
Para el Dr. Ismael Tapia, cirujano plástico, la decisión debe partir de dos elementos, la motivación y la información. Una cirugía estética puede contribuir al bienestar cuando algún elemento de la anatomía genera disconfort o una limitación funcional que llega a afectar la autoestima y la calidad de vida. Pero no toda inconformidad debe resolverse mediante un procedimiento quirúrgico.
La anatomía es única en cada persona y una misma cirugía puede tener resultados diferentes. Por eso, primero es necesario identificar qué se desea mejorar y conocer las alternativas quirúrgicas y no quirúrgicas.
LA EXPECTATIVA ES PARTE DEL RESULTADO
Las redes sociales muestran fotos de antes y después, transformaciones y resultados que parecen inmediatos. Pero una imagen no cuenta todo lo que ocurrió durante el proceso: no muestra necesariamente complicaciones, eventos adversos durante la recuperación o secuelas.
Por eso, explica Tapia, la expectativa debe establecerse desde la primera consulta. El estado actual del paciente, sus antecedentes médicos y el procedimiento planteado deben analizarse antes de decidir. Una expectativa que no ha sido revisada puede terminar en un resultado insatisfactorio o incluso en arrepentimiento.
En esa consulta deben hablarse los objetivos estéticos y funcionales, los riesgos, el tipo de anestesia, las condiciones de la clínica u hospital, la recuperación y los costos, incluidos aquellos que pudieran surgir ante una complicación.
LA SEGURIDAD EMPIEZA ANTES
Para Tapia, la valoración médica y la historia clínica son la piedra angular del proceso, pues permiten determinar si una persona se encuentra en condiciones adecuadas para someterse a una cirugía.
“Una cirugía estética JAMÁS será una urgencia”, señala. Antes de realizarla deben evaluarse el estado de salud, el control de enfermedades crónicas y factores que puedan incrementar los riesgos, como el consumo de sustancias, determinados medicamentos o condiciones psiquiátricas no detectadas.
La valoración psicológica también puede ser necesaria. Desde la primera consulta deben identificarse señales que indiquen que una persona podría no quedar satisfecha con el resultado debido a los motivos que originaron su decisión. En esos casos, puede ser necesario canalizarla con un profesional de psicología antes de continuar.
El acompañamiento tampoco termina al salir del quirófano. Para el especialista, la cirugía es el primer paso de un trabajo que involucra al paciente, al médico y a sus cuidadores. La comunicación permite identificar condiciones que puedan influir en el resultado.
ELEGIR TAMBIÉN ES INFORMARSE
La decisión incluye saber quién realizará el procedimiento y dónde. Tapia recomienda investigar la cédula profesional, verificar la certificación vigente por parte del Consejo Mexicano de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva y revisar que el hospital o clínica cuente con los elementos establecidos por COFEPRIS.
Si persisten las dudas, propone consultar a más de un cirujano plástico. No se trata solo de comparar resultados o precios, sino de valorar el trato, las recomendaciones reales de pacientes y sentirse cómodo con el plan establecido antes, durante y después de la cirugía.
Una decisión consciente comienza cuando la persona puede responder qué quiere cambiar, por qué lo quiere hacer y si está dispuesta a asumir el proceso completo. Antes de preguntarse cómo quiere verse después de una cirugía, el Dr. Tapia propone preguntarse si está preparada para lo que implica, si lo hace por sí misma, si conoce los riesgos y si está dispuesta a seguir los cuidados posteriores.
El objetivo debe ser claro. A partir de ahí, la relación con el cirujano se convierte en un trabajo conjunto, basado en información, expectativas posibles y honestidad sobre los alcances del procedimiento.