Fermentados con mayor diversidad microbiana que el kéfir
Opciones vegetales y tradicionales superan al kéfir en diversidad microbiana.
El cuidado de la microbiota intestinal se ha convertido en una prioridad dentro de la nutrición moderna. Aunque el kéfir suele ocupar el primer lugar cuando se habla de probióticos, especialistas y organismos médicos señalan que existen alimentos fermentados con mayor diversidad y concentración de microorganismos beneficiosos. Incorporarlos a la dieta puede fortalecer el sistema inmune, mejorar la digestión y favorecer la absorción de nutrientes.
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La Organización Mundial de Gastroenterología y la Clínica Universidad de Navarra destacan que los probióticos ayudan a restablecer la flora intestinal tras tratamientos con antibióticos y pueden ser útiles en trastornos como el síndrome de intestino irritable. A diferencia de muchos productos lácteos comerciales, algunos fermentados tradicionales conservan comunidades microbianas más amplias, especialmente cuando no han sido pasteurizados.
A continuación, cinco alimentos fermentados que, según expertos, pueden aportar más probióticos que el kéfir.
1. Chucrut
El chucrut es repollo fermentado en salmuera, típico de Alemania y Europa Central. Durante su fermentación natural se desarrollan bacterias del género Lactobacillus, esenciales para el equilibrio intestinal. Cuando se consume crudo y sin pasteurizar, mantiene una alta densidad de microorganismos vivos.
Además de su perfil probiótico, el chucrut es bajo en calorías y aporta fibra, lo que contribuye al tránsito intestinal y a la regulación de la glucosa. Especialistas consultados por medios internacionales destacan que su consumo regular puede apoyar la salud metabólica y digestiva.
2. Miso
El miso es una pasta fermentada elaborada con soya, sal y cereales como arroz o cebada. Es un ingrediente fundamental en la cocina japonesa y china, especialmente en sopas y aderezos. Según expertos en nutrición de la Escuela de Medicina de Harvard, el miso amplía la variedad de bacterias beneficiosas presentes en la dieta.
Aporta proteínas vegetales y compuestos bioactivos derivados del proceso de fermentación. Su consumo moderado puede enriquecer la microbiota y aportar sabores intensos sin necesidad de añadir grasas saturadas.
3. Kombucha
La kombucha es una bebida fermentada a base de té endulzado y una colonia simbiótica de bacterias y levaduras conocida como SCOBY. Su origen se remonta a la medicina tradicional china, donde se valoraba por sus propiedades antioxidantes.
De acuerdo con la Organización Mundial de Gastroenterología, esta bebida puede contribuir a diversificar la flora intestinal gracias a su combinación de bacterias y levaduras. No obstante, expertos recomiendan elegir versiones sin pasteurizar y con bajo contenido de azúcar. Personas con antecedentes de candidiasis o sensibilidad digestiva deben consultar a un profesional antes de consumirla con regularidad.
4. Pepinos agridulces artesanales
Los pepinos fermentados en salmuera, cuando no han sido sometidos a pasteurización, conservan una cantidad relevante de probióticos. A diferencia de los encurtidos industriales en vinagre, la fermentación natural genera bacterias beneficiosas activas.
Especialistas advierten que su consumo debe ser moderado en personas sensibles a alimentos ácidos, pero representan una alternativa vegetal interesante para quienes buscan opciones distintas a los lácteos.
5. Yogur de garbanzos
El yogur de garbanzos es una opción vegetal que combina textura cremosa y fermentación natural. Elaborado a partir de legumbres fermentadas, aporta microorganismos vivos y nutrientes esenciales.
Nutricionistas destacan que este tipo de yogur puede ampliar la diversidad microbiana de la dieta, especialmente en personas que evitan productos de origen animal. Además, ofrece proteínas vegetales y fibra, lo que potencia su valor nutricional.
Probióticos y prebióticos: una combinación clave
Harvard diferencia entre probióticos, que son microorganismos vivos, y prebióticos, que son fibras no digeribles que alimentan a esas bacterias beneficiosas. Para mantener una microbiota saludable, es recomendable combinar ambos en la alimentación diaria.
Diversificar las fuentes de alimentos fermentados permite enriquecer la comunidad microbiana intestinal más allá del kéfir. Elegir productos frescos, sin pasteurizar y con bajo contenido de azúcares añadidos puede marcar la diferencia en los beneficios obtenidos.