Dos exejecutivos de Miami-Luken, el presidente y el director de asuntos regulatorios, y dos farmaceutas fueron imputados el miércoles en una corte federal de distrito de Cincinnati, según el fiscal federal en el estado, Benjamin Glassman.

Miami-Luken, una compañía distribuidora de fármacos al por mayor con sede en Ohio que fue  vinculada previamente a la crisis de opioides, y acusada formalmente en un caso de asociación delictuosa para distribuir analgésicos, informaron las autoridades federales.

Además, dos exejecutivos de Miami-Luken, el presidente y el director de asuntos regulatorios, y dos farmaceutas fueron imputados el miércoles en una corte federal de distrito de Cincinnati, según el fiscal federal en el estado, Benjamin Glassman.

Hacia la tarde del jueves, tres de los cuatro sospechosos ya habían sido arrestados, con cargos de confabularse para distribuir sustancias controladas. Los farmaceutas trabajaban en farmacias ubicadas en las localidades de Oceana y Tug Valley, ambas en Virginia Occidental.

Nadie respondió el jueves al teléfono de Miami-Luken en Springboro, una localidad ubicada unos 29 kilómetros (18 millas) al sur de Dayton. La compañía estaba en proceso de disolverse ante el creciente número de problemas legales, reportó el Dayton Daily News a principios de este año.

Richard Blake, un abogado que representó a la compañía en ocasiones anteriores, dijo el jueves que no estaba al tanto de los cargos.

Las estadísticas de opioides con receta que se difundieron esta semana resaltan la manera en que incrementó la distribución de píldoras conforme aumentaba la epidemia de sobredosis en Estados Unidos.

Benjamin Glassman, Fiscal Federal del Distrito Sur de Ohio en una conferencia de prensa en Cincinnati. Autoridades federales dicen que Miami-Luken está vinculado a la crisis de los medicamentos opioides. Foto: AP

Miami-Luken distribuyó 120 millones de píldoras entre 2006 y 2012, según datos federales recientemente difundidos y publicados por The Washington Post. Un análisis de The Associated Press reveló que 11.4 millones de esas pastillas, casi el 10%, fueron al condado de Ming, Virginia Occidental, una zona con alrededor de 24,000 habitantes. La compañía fue la principal distribuidora de opioides en el condado durante ese periodo; estuvo entre las cinco primeras en sólo uno de los condados aledaños, el condado de Martin, Kentucky, donde la empresa entregó 574,000 píldoras en ese lapso.

La compañía fue acusada en demandas que siguen abiertas ante un juez federal en Cleveland. Más de 2,000 gobiernos tribales, locales y estatales han entablado querellas contra la industria farmacéutica.

En 2016, la fiscalía estatal alcanzó un acuerdo de 2.5 millones de dólares en una demanda contra Miami-Luken, resolviendo acusaciones de que la compañía no detectó, reportó ni detuvo el flujo de órdenes sospechosas de fármacos al estado.

Farmacéuticas contribuyeron a crisis de opioides

 

Purdue Pharma, el fabricante de OxyContin, fue señalado como el principal villano de la crisis de opioides de Estados Unidos. Sin embargo, información recientemente revelada por el gobierno indica que tuvo mucha ayuda para inundar al país con miles de millones de pastillas, incluso mientras las muertes por sobredosis iban al alza.

Los registros mantenidos por la DEA muestran que 76,000 millones de pastillas de oxicodona e hidrocodona, gran parte de ellas en presentación genérica y no de marcas comerciales, fueron enviadas a las farmacias de Estados Unidos de 2006 a 2012.

La cifra anual aumentó más del 50% durante ese periodo pese a que el número de muertes registraba un incremento. Los poderosos analgésicos fluyeron más rápido incluso después de que Purdue Pharma fue multada con 635 millones de dólares por comercializar falsamente la OxyContin como menos adictiva que otros opioides.

Creo que la escala de esto es impactante”, comentó en una entrevista Keith Humphreys, profesor de la Universidad de Stanford que investiga opioides.

También señaló que la información muestra que los lugares que recibieron la mayoría de las drogas per cápita son aquellas con la mayoría de muertes por sobredosis per cápita: “Realmente parece que donde sea que arrojes la mayor cantidad de gasolina, obtienes la mayoría de los incendios”.

 

Al mismo tiempo, los datos ilustran lo complicado que puede ser para los tribunales saber quién debería ser responsabilizado por el desastre de salud pública. Más de 2,000 gobiernos estatales, locales y tribales han demandado a miembros de la industria farmacéutica en el litigio más grande y quizás el más complicado de su tipo en el país.

Un juez federal que supervisa la mayoría de los casos y presiona para que haya un arreglo, falló hace unos días que la información detallada sobre los envíos de fármacos que fue compilada por la DEA debería ser pública pese a las objeciones de la industria.

El juez no permitió la divulgación de la información de 2013 y 2014. Pero el material desprecintado constituye el panorama más completo hasta ahora de cómo se desarrolló la crisis.

El diario The Washington Post, que junto con HD Media, dueño de periódicos en Virginia Occidental, recurrió a la corte para buscar la información, fue el primero en publicar los datos.

Los medicamentos recetados y opioides ilegales como la heroína y el fentanilo tienen un papel en más de 430,000 muertes en Estados Unidos desde el 2000, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés). De 2006 a 2012, el número de muertes por opioides aumentó de menos de 18,000 a más de 23,000 al año. Durante ese tiempo, los fármacos recetados fueron señalados como factores en poco menos de la mitad de los decesos.

Desde entonces, las muertes por opioides en Estados Unidos se han duplicado, aunque el miércoles los CDC informaron que las muertes por sobredosis de todos los tipos probablemente disminuyeron el año pasado por primera vez en casi tres décadas.

La nueva información revelada muestra en detalle el flujo de píldoras de las farmacéuticas a las comunidades.

Los medicamentos recetados y opioides ilegales como la heroína y el fentanilo tienen un papel en más de 430,000 muertes en Estados Unidos desde el 2000, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Foto: AP

Virginia Occidental, Kentucky, Tennessee y Nevada recibieron más de 50 píldoras por cada habitante al año. Varias zonas de la región de los Apalaches recibieron más de 100 píldoras por persona al año.

Estas compañías farmacéuticas se han aprovechado de nuestra gente aquí en el este de Kentucky”, dijo Joe Engle, jefe de policía del condado Perry, en Kentucky, que recibió 175 píldoras por persona al año. “Es una de las peores cosas que puedes hacerle a una sociedad, a un pueblo. Y estamos sufriendo”.

Casi cada estado interpuso una demanda, y la mayor parte de ellas se han enfocado en Purdue y en miembros de la familia Sackler, propietarios de la compañía de Stamford, Connecticut, y destacados filántropos cuyos donativos a museos y universidades están ahora bajo escrutinio. Muchos gobiernos locales también demandaron a otras farmacéuticas, a compañías de distribución y farmacias.

En las demandas se afirma que, con la introducción de OxyContin, un opioide de liberación prolongada, en 1995, Purdue creó una nueva estrategia para impulsar el uso de los opioides para más pacientes y en dosis más elevadas.

Pero Purdue hace notar, con veracidad, que la compañía sólo produjo una pequeña fracción de los opioides del país, aproximadamente el 3% entre 2006 y 2012, según la información. Tres empresas, SpecGX, Par Pharmaceutical y Activis Pharma, que vendían medicinas genéricas a menor precio, incluyendo versiones de OxyContin, fabricaron el 90% de las píldoras entre todas.

Las tres compañías dicen que no promocionaron los fármacos, que sólo atendían la demanda de las recetas emitidas por los médicos, y que no produjeron más de lo que la DEA les permitía.

Perry Rowthron, ex subprocurador de Connecticut, dijo que esos factores podrían dificultar culpar a esos fabricantes genéricos.

Siempre se ha pensado que los fabricantes de marca crearon la demanda que ahora es atendida por los genéricos”, señaló.

 

Muertes por sobredosis en EU parecen estar disminuyendo

 

Las muertes por sobredosis de drogas y medicamentos en Estados Unidos parecen estar disminuyendo por primera vez en casi tres décadas, indican cifras preliminares.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés) publicaron cifras provisionales según las cuales hubo casi 68,000 muertes por sobredosis el año pasado.

La cifra total podría aumentar a medida que concluyen diversos estudios, pero la agencia calcula que será menor de 69,000.

Las cifras por sobredosis han ido en ascenso desde 1990 y llegaron a un tope de 70,000 en 2017.

Cualquier disminución de las muertes por sobredosis es buena noticia, pero la cifra sigue siendo siete veces más de lo que era hace una generación.

"Seguimos estando en una situación muy difícil y hay que encararla", expresó Rebecca Haffajee, experta en el tema que trabaja para la Universidad de Michigan.

La mejora se debe a una disminución en las muertes por heroína y analgésicos recetados. Esas reducciones se vieron compensadas ligeramente por las muertes por fentanilo, cocaína y drogas estimulantes como metanfetaminas. Por lo general, las muertes por sobredosis se deben a la ingestión de más de una droga.

La investigación y las pruebas toxicológicas de una muerte puede durar meses y algunos estados publican sus cifras más rápido que otros. Se espera que los CDC emitan un reporte más completo en los próximos meses.

La actual epidemia de sobredosis ha matado a más gente que ninguna otra en la historia de Estados Unidos y ha mantenido una trayectoria ascendente. Desde 2014 a 2017, las muertes por sobredosis aumentaron en más de 5,000 cada año.

Los expertos consideran que la epidemia empezó en 1995, cuando empezó a venderse el analgésico OxyContin.

En ese momento se le consideraba un opioide más eficaz y seguro que los demás, pero volvió adictas a muchas personas y muchos drogadictos descubrieron que podían pulverizar las píldoras e inhalarlas o inyectarlas a fin de lograr un efecto estupefaciente.

Gradualmente, más adictos recurrieron a drogas más baratas en las calles, como la heroína y el fentanilo. En 2015, la heroína causó más muertes que los analgésicos recetados u otros medicamentos. En 2016, el fentanilo y sus derivados se convirtieron en los fármacos más fatales y en 2018 causaron casi un 46% del total de muertes por sobredosis reportadas, según los datos preliminares de los CDC.