ESPECIAL
La suspensión de operaciones para la producción, distribución y venta no sólo está secando las gargantas de los consumidores, sino que también podría hacerlo con los ingresos del gobierno federal

CDMX.- La suspensión de operaciones para la producción, distribución y venta de cerveza a causa de la emergencia sanitaria nacional declarada por el COVID-19 no sólo está secando las gargantas de los consumidores, sino que también podría hacerlo con los ingresos del gobierno federal. Debido a que esta actividad se incluyó como no esencial para cumplir con las medidas de confinamiento y así impedir la propagación de la pandemia del coronavirus, esta bebida desapareció de los anaqueles y refrigeradores, tanto en las tiendas como en los supermercados.

Además algunas entidades federativas y alcaldías de la Ciudad de México implementaron la ley seca, con el objetivo de asegurar que durante la cuarentena se guarde la sana distancia y evitar la violencia doméstica.

Esas medidas podrían poner en riesgo la recaudación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) que se aplica a este tipo de bebidas fermentadas. Para 2020, el Congreso de la Unión aprobó cambios en la forma de aplicar el gravamen a las cervezas, con lo cual la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) estimó recaudar en todo el año 43 mil 277 millones de pesos.

RECAUDACIÓN

Los primeros efectos de la parálisis cervecera comenzaron a reflejarse en la recaudación del impuesto especial a partir de las medidas de la contingencia sanitaria: en marzo se captaron 2 mil 662 millones de pesos, mientras que en el mismo mes de 2019 fueron 3 mil millones de pesos. Para el primer trimestre de 2020, el IEPS a estas bebidas reportó ingresos por 9 mil 294 millones de pesos, monto menor a los 9 mil 879 millones de pesos programados para ese periodo.

Esto significa que se dejaron de percibir 585.3 millones de pesos entre enero y marzo de este año por el tributo que deben pagar los consumidores de la bebida alcohólica elaborada a base de cebada. Lo recaudado por el gravamen a este producto en los primeros tres meses supera al gasto neto que tiene para todo 2020 la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE); es decir, 8 mil 723 millones de pesos. No obstante esos ingresos son los segundos en importancia en términos de monto después de los cigarros, que dejaron a las arcas del gobierno federal 19 mil 762 millones de pesos, cuando se estimaban 13 mil 782 millones de pesos para el primer trimestre.

Nos inquieta que los pequeños comercios, restaurantes y bares no logren sobrevivir, porque es el canal tradicional en el que se vende 70% de la bebida”.
Marco Mascarua, presidente de Cerveceros de México.

Por los refrescos y bebidas saborizadas se obtuvieron ingresos por medio del impuesto especial de 6 mil 461 millones de pesos, superando ligeramente la meta de 6 mil 448 millones de pesos que se planteó la SHCP. Los que no lograron alcanzar el objetivo recaudatorio en ese periodo fueron las bebidas alcohólicas y los alimentos con alto contenido calórico. En el primer rubro, los ingresos se quedaron cortos en 63.2 millones de pesos, pues se esperaban 5 mil 808 millones de pesos y sólo se recaudaron 5 mil 745 millones. Sin embargo lo percibido por el IEPS a comida no básica tuvo una diferencia de 2 mil millones de pesos menos a los 6 mil 200 millones de pesos calendarizados para captarse entre los pasados meses de enero y marzo.

LA HISTORIA

El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios surgió en diciembre de 1980, y desde entonces se cobra a este tipo de artículos, como la cerveza, tabacos, vinos, rompopes, sidras y gasolina, así como a refrescos, aguas envasadas, jarabes y polvos. Con el tiempo la forma de cobrar el gravamen fue cambiando, pero fue adquiriendo importancia en la medida en que la industria cervecera en el territorio nacional creció con diversos productos y trascendió más allá de las fronteras del país.

A medida del auge en ese sector, hasta convertirse en una de las 14 actividades más importantes de la producción manufacturera, y en la principal nación exportadora de la bebida —que hizo que compañías extranjeras pusieron sus ojos en esta actividad—, el impuesto dejó jugosos recursos. Sin embargo el IEPS a bebidas alcohólicas y cerveza fue opacado con la reforma fiscal de 2014, cuando el Congreso de la Unión aprobó integrar este gravamen a la llamada comida chatarra y a casinos.

Ante la preocupación del gobierno federal y legisladores por enfermedades, como la diabetes y la hipertensión, como consecuencia de una mala alimentación y consumo de refrescos, decidieron ponerle ese impuesto. Además, los primeros años de vida del nuevo tributo a ese tipo de productos que dañan la salud dieron frutos importantes en la recaudación.

RECAUDACIÓN MAYOR

No obstante, en los últimos años el IEPS a cervezas comenzó a destacar con una recaudación mayor a la estimada en el calendario de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, dejando atrás a los que lo opacaron antes. Durante 2019, esa dependencia propuso eliminar el esquema de cuota mínima al gravamen especial a cervezas que operaba desde 2016, al considerar que éste ya era obsoleto.

Diputados y senadores respaldaron esta iniciativa y aprobaron que el impuesto a las bebidas fuera de 26.5% por cada litro. Esto le dio mayor potencia recaudatoria a la administración federal, que podría perder mientras duren las medidas de sana distancia debido a la emergencia sanitaria y en tanto se retoma la nueva normalidad.

ARCHIVO

¿La última chela del desierto?

CDMX.- Comprarla a más del doble del precio que tenía antes de los tiempos del coronavirus, hacer fila en los últimos lugares que aseguran tener inventario y burlar la ley seca al moverse a municipios o delegaciones que no aplican la restricción... es la fiebre de la cerveza. A diferencia de otros países el gobierno mexicano decidió que la producción de esta bebida no estaría incluida como actividad esencial, esto como parte de las medidas para enfrentar al COVID-19.

Pese al reclamo de la gente, que enfrenta “sed de la mala” durante el aislamiento en sus casas, y luego de que se desató una crisis para fabricantes del producto y agricultores cebaderos, se espera que en junio se reactive esta industria.

Hace tres semanas, el humo blanco que salía de una planta de Grupo Modelo se convirtió en tendencia en redes sociales, emocionando ante la posibilidad de que pronto habría chelas en tiendas y supermercados, pero la ilusión duró poco, pues la firma aclaró horas después que sólo se trataba de labores de mantenimiento.

El episodio también se reflejó en un comunicado de Heineken, otro de los grandes productores de la bebida, reiterando que el paro en la producción sigue en efecto.

“Mi preocupación más grande es el impacto en la cadena, me tiene angustiado la situación de los agricultores, por eso decidimos comprar la cosecha. Nos inquieta que los pequeños comercios, restaurantes y bares no logren sobrevivir, porque es el canal tradicional en el que se vende 70% de la bebida”, dijo hace unos días el presidente de Cerveceros de México, Marco Mascarua.