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En este guerra dentro del cártel de Sinaloa, hay un personaje al que se ubica como el punto de quiebre entre las dos fracciones: un sicario bajo el mando del Mayo Zambada al que apodan “El Ruso”

Culiacán está siendo víctima de una nueva narcoguerra. Guerra interna, una pelea al interior del Cártel de Sinaloa que amenaza con desbordarse. Los protagonistas son grupos de sicarios comandados por operadores de los hijos de Joaquín Guzmán Loera, por un lado, y de Ismael Zambada García, por el otro.

La fricciones entre los dos bandos iniciaron durante el juicio del Chapo Guzmán, en Nueva York, en 2018, cuando dos integrantes de la familia Zambada: Jesús y Vicente Zambada -hermano e hijo del Mayo- testificaron por parte de la Fiscalía con la intención de lograr un beneficio en sus condenas.

Las diferencias se habrían acentuado durante el llamado “culiacanazo” en octubre del año pasado, cuando el cártel tomó la ciudad de Culiacán para obligar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador a que soltara a Ovidio Guzmán, a quien fuerzas del Estado mantuvieron retenido por unas horas, pero ante la respuesta violenta de la organización criminal, decidieron soltarlo.

El Mayo no habría estado de acuerdo con la liberación de Ovidio, conocido como “El Ratón” sino que también se negó a participar en el operativo que presionó al gobierno para liberarlo.

Por otro lado, distintas versiones señalan que desde hace tiempo El Mayo busca separarse de los chapitos ya que por su impulsividad, inexperiencia y errores tácticos teme que lo puedan llevar a la cárcel.

En este guerra dentro del cártel de Sinaloa, hay un personaje al que se ubica como el punto de quiebre entre las dos fracciones: un sicario bajo el mando del Mayo Zambada al que apodan “El Ruso”.

De acuerdo con el semanario Río Doce, todo inició en noviembre pasado (2019) cuando un comando de ocho camionetas clonadas de la Policía de Sinaloa irrumpió en la zona de Agua Caliente, al norte de Culiacán, zona bajo el control del Ruso, uno de sus jefes operativos.

Al frente del comando iba un sicario del equipo de los chapitos conocido como “El Nini”, quien aparentemente nació en una comunidad cercana a Agua Caliente, por lo que llegó a reclamar el territorio.

No importa, este es terreno del “Señor”. Se referían al Mayo Zambada. Diversas versiones recogidas por Ríodoce establecen que en la discusión, uno de los sicarios dijo que ellos puro “Iván” y que “el Señor” les valía madre. Fue una irreverencia imperdonable. Horas o días después los mayos pidieron al muchacho pero no se lo quisieron entregar. A los días apareció un muerto de un lado y luego un muerto del otro. Las fricciones habían llegado al plomo.

El martes 3 de diciembre el animal que duerme con nosotros asomó la cabeza. Grupos de hombres armados surgieron de la nada moviéndose como hormigas perseguidas. Casi todo al norte de la ciudad, por la zona de Loma de Rodriguera y más allá, donde se encuentran Agua Caliente y Tepuche. Las redes sociales hicieron lo suyo de inmediato. El gobierno dio la orden de cerrar escuelas y los comercios hicieron lo propio. Todo en medio del pánico y la confusión. Había un antecedente atroz que los culichis no podían olvidar: el “culiacanazo” del jueves 17 de octubre, con la frustrada detención de Ovidio Guzmán López, que puso de rodillas a la sociedad y al gobierno.

Esa vez no pasó nada más grave que la exhibición de fuerzas por ambos lados y la reacción del gobierno, cuyo patrullaje evitó tal vez que llegara la sangre al río.

Pero a los días siguientes episodios menores se vivieron con ataques individuales de uno y otro bando, quedando en el camino sicarios de los dos grupos. Hasta el miércoles 26 de febrero, cuando un comando irrumpió en una casa de la colonia Rubén Jaramillo y dio muerte a un joven que recién había salido de la cárcel. En los hechos, otro joven resultó herido.

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De nuevo la ciudad entró en pánico. Comandos en varios puntos de la ciudad fueron grabados desde vehículos y casas particulares que luego fueron subidos a las redes sociales. Como en diciembre, las fuerzas policiacas volvieron a las calles ante la eventualidad de enfrentamientos. El secretario de seguridad, Cristóbal Castañeda Camarillo, llamó a la calma, a no esparcir rumores, pero reconoció que las cámaras del C4 habían registrado movimientos de hombres armados en la zona norte de la ciudad. Se habían escuchado disparos en otros puntos de Culiacán y comandos fueron vistos también por el lado de Las Quintas y La Campiña.

Para entonces ya se daban por hecho las fricciones entre las fuerzas de los Chapitos y del Mayo Zambada, unos encabezados por quien apodan el Nini y los otros por el Ruso. Un pleito muy localizado en la zona norte dado que es la franja de influencia del operador del Mayo pero también porque por ese rumbo, pero por el lado de Mojolo, Paredones, Limón de los Ramos y Jesús María, los Chapitos tienen una de sus principales fortalezas.

Diez días pasaron para que el enfrentamiento volviera a reventar. Y de nuevo inició en la zona norte, en la colonia Loma de Rodriguera, cuando hombres que viajaban en una camioneta Grand Cherokee fueron perseguidos y balaceados por un comando. La camioneta quedó abandonada frente al parquecito de la colonia y de los tripulantes ya no se supo nada.

Minutos después fue reportado un herido que había sido llevado al Hospital Civil producto de esa persecución. Por  ser derechohabiente, José Alberto “N” —al parecer hijo de un ex policía— fue trasladado a la clínica 35 del IMSS y cuando se encontraba recibiendo auxilio médico, un comando irrumpió y lo sacó en medio del pánico de médicos, enfermeras y pacientes. Los sicarios que fueron por él se enfrentaron a los policías asignados al nosocomio. Luego lo subieron en la parte trasera del vehículo BMW en que viajaban y cuando se disponían a salir de la zona de urgencias de la clínica, fueron enfrentados por un grupo de militares que pasaban por el boulevar Emiliano Zapata. A pesar de que hubo intercambio de disparos, nadie salió lesionado. Los sicarios se rindieron.

Al interior de la clínica reinó el caos por dos horas, al menos. El personal médico y cientos de derechohabientes fueron evacuados porque las fuerzas policiacas, ya comandadas por el secretario de seguridad, Castañeda Camarillo, batieron cada rincón en busca de hombres y armas.

Fueron detenidos en el lugar cuatro gatilleros y decomisadas cuatro armas largas y dos cortas, parque de diversos calibres, pertrechos de seguridad y el BMW. El herido se retuvo en calidad de presentado.

Mientras esto ocurría, con el apoyo de un helicóptero del Ejército Mexicano, fue localizado un grupo armado que circulaba en convoy por el lado de La Cofradía de Imala. Los vehículos (cinco camionetas) fueron perseguidos con apoyo militar terrestre y obligaron a los gatilleros a abandonarlos.

De acuerdo a un reporte de la Sedena, se aseguraron las cinco unidades, una de ellas blindada. También armas largas y cortas, equipo táctico, parque de diferentes calibres, entre ellos AK-47 y 40, para lanzagranadas. También porciones de mariguana, 700 dosis de cocaína y un ladrillo de polvo blanco, al parecer cocaína.

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Por el lado de La Conquista

Cuando Castañeda Camarillo terminaba de dar explicaciones a los medios de los hechos en el IMSS, fue reportado un ataque a policías municipales por la calle Rolando Arjona, en la colonia Pradera Dorada. Un comando fue avistado por policías motorizados y lo siguieron. Pero los gatilleros se dieron cuenta que eran perseguidos y se detuvieron, se bajaron de los vehículos, los cachetearon y les quitaron las armas. Luego dispararon al aire. Esta última parte fue grabada por gente que pasaba por ahí y los videos podían verse en redes a los pocos minutos.

No hubo más reportes en ese sector aparte de estos hechos.

Más tarde, la Secretaría de Seguridad ofreció una rueda de prensa donde hizo algunas precisiones. No sabían, hasta ese momento, si el comando que irrumpió en el IMSS iba a rescatar al herido o a darle muerte. Se informó allí que minutos después de los hechos del IMSS, un policía fue golpeado y despojado de su arma en La Campiña, aunque no se había establecido si este hecho estaba  relacionado con los demás.

Dos reuniones

El miércoles, el gabinete de seguridad federal se reunió en Mazatlán. Estuvieron el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, los secretarios de la Defensa y Marina y el jefe de la Guardia Nacional. Como anfitriones, el alcalde de Mazatlán y el gobernador de Sinaloa. Acordaron reformar los sistemas de seguridad para Sinaloa y especialmente para Mazatlán. (Quién sabe por qué).

Pero otra reunión tuvo lugar ese mismo día, no sabemos dónde. Estuvieron representantes de Ismael Zambada y de los Chapitos. No habría guerra entre ellos, acordaron, pero el Ruso no quería deponer las armas ni llegar a un arreglo. Y ese diferendo se arreglaría aparte. Con las armas. No de otro modo. En Culiacán.

Con información de Río Doce e Infobae