Relatos y retratos de Saltillo: tranvías del Saltillo

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Saltillo
/ 28 junio 2020

El sistema de transporte jalado por mulas tuvo una vida breve, pero pintoresca

Antes de terminar su mandato, el gobernador Evaristo Madero promulgó un decreto que autorizaba el establecimiento de un tren urbano para Saltillo. La contratación fue a través de saltillenses encabezados por Carlos Martínez, Bernardino García y Dámaso Rodríguez.

En febrero de 1893 nació  Tranvías del Saltillo S. A. La empresa puso en funcionamiento equipo rodante con tracción animal de doce carros y dos plataformas para carga de mercancías, además del tendido de vías.

Los caminos de fierro se dispusieron en las principales calles sumando 7.25 kilómetros, los pintorescos tranvías podían trasportar 15 pasajeros, para rodar en un ancho de vía de .91 metros, la empresa decidió utilizar mulas por su alta resistencia y fuerza de tiro. El costo era de 5 centavos. Cantidad considerable.

En 1970, más de 80 años después de los tranvías, Rutas de Saltillo cobraba 20 centavos por viaje en camión.

Los tranvías tenían el punto de partida al sur de la calle Cuauhtémoc, a un lado de la estación del Ferrocarril Nacional Mexicano, estuvo sobre la calle del Ferrocarril, hoy Emilio Carranza, también daban servicio en la estación del tren Coahuila y Zacatecas, situada en la calle Cocoyoc, hoy Luis Gutiérrez.

El conductor daba rienda suelta y al sonido de su boca como si estuviera besando repetidamente, la mula tiraba del tranvía, emprendía su marcha por Cuauhtémoc con rumbo norte, daba vuelta hacia el oriente por Victoria, cruzaba la Alameda, la cual estuvo dividida por la prolongación de la calle de Victoria, recorría toda esta calle a final hacia un doblez y reanudaba la marcha por la calle de Juárez.

Los viajeros podían descender en puntos como hoteles y plazas, continuaba el circuito hasta la inmediación de la plaza San Francisco, al llegar a la esquina, daba vuelta al norte por la antigua calle de Santiago, hoy General Cepeda, para luego tornar al poniente en Iturbide, actualmente Pérez Treviño.

Recorría este largo tramo con parada obligada en el Mercado Juárez, continuaba hasta la calle de Los Baños, hoy llamada Murguía, el tranvía corría en paralelo a una acequia, cuando topaba, doblaba hacia el oriente en calle de Ramos Arizpe y al llegar a Cuauhtémoc volteaba hacia el sur para conectar de nuevo con las referidas estaciones de tren.

Desde la sede de la compañía, en Victoria y Xóchitl, hoy Purcell, salía por otro ramal hacia el norte para conectar con la hoy calle Pérez Treviño. Otro tramo importante comprendía desde la esquina de Victoria y Allende hacia el norte, hasta llegar a la antigua plaza de toros de Guadalupe, asentada en la cuadra de las arterias de Allende y Álvarez, este mismo tramo se extendió hasta la estación del ferrocarril Coahuila al Pacífico, ubicaba en lo que hoy es el bulevar Francisco Coss.

Por ultimo una vía en la calle de Zaragoza, que pasaba frente a Palacio de Gobierno, de Juárez hacia el norte, la red alcanzó a tender un total de doce kilómetros de vías.

Después de no muchos años de entrar en operación, la compañía comenzó a tener fallas en el servicio, la mala administración, el poco o nulo mantenimiento en equipo y vías, hicieron que los usuarios sumaran queja tras queja.

En junio de 1900, el descuido por parte de los caballerangos hizo que la mulada escapara de las caballerizas, los híbridos animales fueron a parar a los jardines de la Alameda, probablemente huyeron en busca de comida, buena parte de los prados quedaron destrozados. El gobernador Miguel Cárdenas meses atrás había eximido del pago de impuestos a la compañía de tranvías, ordenó se impusiera una multa de 50 pesos para reparar los daños ocasionados en la Alameda y comprometer a la compañía a mejorar el servicio.

Con la intención de hacer crecer la red y mejorar, la compañía recurrió a un préstamo de 10 mil pesos, pero el tiempo alcanzó y pronto rebasó a aquellos viejos y lentos tranvías tirados por mulitas, los automóviles de combustión interna se hacían presente en la ciudad, el negocio ya no era rentable, la endeudada empresa dejó de prestar el servicio de trasporte urbano cuando sobrevino el cierre en 1906.

El último servicio de tranvía de mulas en la Ciudad de México terminó en 1932, un tranvía de mulas en Celaya, Guanajuato sobrevivió hasta 1954.

Ariel Gutiérrez Cabello, nació en Saltillo, Coahuila, en 1961, investigador de la microhistoria local. Ha dedicado su vida profesional a la comunicación, la ecología y la cultura, desempeñándose como museógrafo, e investigador.

Desde hace más de seis años, Gutiérrez Cabello comparte cada domingo en el periódico Vanguardia su columna Relatos y Retratos del Saltillo Antiguo, donde rescata historias, sucesos y personajes que han marcado la historia de la ciudad.

Entre sus obras destaca “Calles y otros lugares de Saltillo antiguo”, libro en el que indaga el origen de los nombres de calles, callejones e inmuebles de la ciudad, ilustrando con fotografías históricas y relatos la evolución social y cultural de Saltillo. También ha publicado “Escribidores de luz: fotógrafos en Saltillo, 1846 a 1920”, un trabajo que documenta el desarrollo de la fotografía y los fotógrafos en la región y el libro Imágenes e historia del Saltillo de 1900. Fondo Fotográfico Ferretería Sieber. Saltillo, Coahuila

Es ferviente coleccionista de fotografías antiguas, relacionados con la historia local, Gutiérrez Cabello trabaja de manera continua en la investigación de la microhistoria de Saltillo, para la preservación y difusión de la memoria histórica regional.

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