Coahuila: el acoso escolar, una bomba de tiempo que requiere atención
Las experiencias de rechazo, humillación y violencia durante la etapa escolar pueden dejar huellas a largo plazo que deben ser atendidas antes de que se conviertan en resentimiento y violencia, señaló la doctora Karla Patricia Valdés
El hecho de que los responsables del ataque registrado en una secundaria de Torreón, Coahuila, sean jóvenes y exalumnos del plantel abre una discusión sobre las consecuencias que pueden dejar el acoso, el rechazo y la violencia escolar cuando no son atendidos.
Para la psicóloga Karla Patricia, profesora de la Universidad Autónoma de Coahuila, estas experiencias pueden dejar marcas que permanecen con el tiempo y que pueden convertirse en factores de riesgo que deben detectarse y atenderse de manera oportuna.
¿Qué lectura, desde la psicología, se puede dar a los hechos registrados en este plantel?
Cuando no logramos atender, darle seguimiento y generar algún tipo de estructura social, familiar y de comunidad para ir guiando en respeto y cultura de paz, se pueden cargar situaciones a lo largo de los años.
Una experiencia que una persona pudo haber vivido durante su etapa escolar puede permanecer y dejar una marca.
¿El acoso escolar puede dejar consecuencias a largo plazo?
Depende de cada persona y de cada situación vivida. Tener experiencias violentas, de rechazo o de humillación sí puede generar un resentimiento que no pasa necesariamente con el tiempo ni con la edad.
Puede marcar a las personas y manifestarse con problemas de autoestima, consumo de alcohol, dificultades en las relaciones interpersonales o actitudes de rechazo, violencia, enojo y molestia.
Lo ideal sería que esas situaciones no sucedieran y que no dejaran esas huellas. Pero existen reacciones que, aunque son menos comunes, pueden ser muy intensas.
¿Qué pasa cuando una experiencia no se atiende?
Esa pequeña acción, esa pequeña burla, esa carrilla, molestar a un niño o decirle algo, también puede llegar a desembocar en un resentimiento crónico y negativo.
No tenemos por qué arriesgarnos, ni arriesgar a nuestras infancias y adolescencias, a que vivan este tipo de situaciones y que les deje una marca negativa, pequeña, mediana o grande.
Por eso tenemos que trabajar desde la raíz, desde la erradicación del acoso escolar y de este tipo de violencia que hemos estado viendo cada vez con mayor frecuencia en los planteles.
Creo que esto tiene que llevar a las autoridades a hacer una reflexión profunda de qué estamos enseñando, cómo lo estamos enseñando y cómo estamos generando un clima de seguridad y confianza.
La escuela tiene que ser un espacio de aprendizaje, convivencia y desarrollo de las capacidades de una persona, pero desafortunadamente, en muchos casos, también es un lugar de violencia, agresión y generación de trauma.
Y esto no es una tarea nada más de las escuelas. Es de las familias, de la sociedad y de todas las instituciones que conformamos un estado y un país.
¿Qué otros factores pueden influir en que la violencia escale?
Tenemos que analizar muchas dimensiones: lo individual, lo familiar, las vivencias que han tenido estas personas, si había o no consumo de alcohol, antecedentes de comportamientos impulsivos y también el acceso a las armas utilizadas.
Tenemos que estar atentos no solamente a lo que ocurre en los espacios cotidianos, sino también a los espacios de interacción virtual, donde pueden reforzarse estas conductas.
No podemos quedarnos con una explicación superficial y decir simplemente que había un problema en la familia o que había una experiencia de rechazo.
¿Qué tendría que hacerse para evitar que el acoso escolar termine dejando consecuencias a largo plazo?
Tenemos que apostarle a la prevención. Hay que detectar las situaciones de violencia, atenderlas y generar espacios donde los jóvenes puedan hablar de lo que están viviendo.
También hay que reforzar la comunicación y la confianza con las familias, conocer qué relaciones tienen nuestros hijos, cómo se sienten y qué están viviendo.
Si una persona siente que está acumulando resentimiento, rechazo o algún tipo de malestar emocional, también puede buscar ayuda a tiempo. No tenemos que esperar a que ocurra algo para intervenir.