COVID-19: la pandemia que no sólo puso a prueba al personal de salud en Coahuila, también su fortaleza humana

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Coahuila
/ 5 enero 2022

“No era así de fuerte cuando comencé. La enfermería me hizo fuerte”; hablan ángeles y superhéroes con estetoscopio

SALTILLO, COAH.- Marlen sólo veía a sus hijos en la pantalla de un celular aunque estuvieran a un par de habitaciones donde ella dormía, un cuarto que adecuó con lo necesario para proteger a su familia de la pandemia que enfrentó en el piso exclusivo para pacientes con COVID-19, de la Clínica 1 el IMSS.

Patricia montó un cuarto en su cochera, Lorena ajustó una parte de la sala. Carlos entraba cada noche por la puerta trasera al cuarto de huéspedes donde su madre le dejaba alimentos preparados y Alejandra visitó a sus sobrinos para verlos sólo a través de una ventana.

Todos ellos, en diferentes clínicas y hospitales del estado, con turnos de hasta 12 horas, sin posibilidad de salir, ir al baño o comer, enfrentaron el coronavirus cara a cara en cubículos especiales para la atención de pacientes sospechosos o confirmados con COVID-19.

Una pandemia que no sólo puso a prueba sus habilidades como ministerio de sanidad, sino también su fortaleza humana.

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$!“No era así de fuerte cuando comencé. La enfermería me hizo fuerte”; hablan ángeles y superhéroes con estetoscopio. FOTO: FRANCISCO MUÑIZ/VANGUARDIA

“Si salvas una vida eres un héroe, pero si salvas 100 vidas eres una enfermera”, le dijo una maestra que le enseñó a suturar y hacer curaciones a Patricia, una enfermera con apenas 5 años de haber ingresado al sistema de salud, y que hasta ahora es consciente de la enorme labor que ella misma ejercía con normalidad antes de que le virus brotara en Coahuila.

Por supuesto que se trata de un acto de heroísmo pero mucho más de humanidad, porque son personas igual a nuestros padres o hermanos los que requieren del servicio de enfermería, comentó, temerosa de que la nueva variante omicrón se propague ante “la terquedad” de la gente que no sigue las medidas de seguridad.

“Imagínate ir cada día al sitio donde por falta de insumos o la atención de pacientes, es mucho más probable contraer el virus, pero que hay gente ahí que necesita de lo que tú sabes hacer y para lo que te preparaste”, comenta Paty, aunque su miedo más grande durante la pandemia ha sido portar el virus y contagiar a uno de sus seres queridos.

Paty llevó a su cochera comida, ropa, una laptop y una colchoneta, aunque su familia pensó que era “exagerado” de su parte.

Carlos, siempre pensó que ese cuarto con dos puertas, una con acceso desde el patio y otra a su casa, era innecesario, pero por meses fue el sitio donde llegó a descansar sin peligro de arriesgar a sus padres.

Lorena y Rosario permanecen en un cuarto al frente de su casa, extremando las medidas de higiene al entrar para cuidar a sus hijos adolescentes de contraer algún virus acarreado de la clínica, cualquiera que sea este.

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$!“No era así de fuerte cuando comencé. La enfermería me hizo fuerte”; hablan ángeles y superhéroes con estetoscopio. FOTO: FRANCISCO MUÑIZ/VANGUARDIA

“Duermo en un cuarto separado, cuando llego se alejan y empiezo mi rutina de quitarme los zapatos y desinfectarlos, lavado de manos, dejar mis cosas y desinfectar también, quitarme la ropa y colocarla en un bote con agua y jabón y luego directamente a bañarme.

Luego por fin puedo respirar un poco tranquila pues he hecho lo necesario para disminuir el riesgo, aun así trato de mantener distancia pues hay niños y adultos mayores en mi propia casa.

Se te forma un nudo en la garganta, respiras y sigues... pero todos los días te encuentras con la gente que no ha hecho caso, que ellos son los que realmente nos ponen en ese riesgo mientras mis compañeros y yo tratamos de cuidar todos los días a los pacientes, además de recibir groserías, maltrato o empujones durante el confinamiento, pero lo peor de todo es la indiferencia”, relató Lorena.

Aunque Alejandra no vivía con sus familiares, sino en un apartamento, enfrentaba un deseo más grande: el de ver a sus familiares, pues fue cuando más necesitaba de la comprensión y apapacho de los suyos.

Alejandra acudió con su hermana, sólo para ver desde el cristal de la ventana cerrada a sus sobrinos, el mismo día en que creyó verdaderamente que pese a todo lo malo que enfrentaba como enfermera, aún queda esperanza.

Ella venía contenta porque en su turno por la noche le tocó asistir el nacimiento de un hermoso y sano bebé de 4 kilos y medio, y dice: sabes, esto no deja de ser bonito, porque en esos momentos te das cuenta que la vida sigue, lo hermoso de ésta vida continuará, y tiene toda la razón, relató su hermana luego de su visita.

Han sido semanas muy difíciles, porque mucho personal dejó de ir, así que se nos cargó un poquito más el trabajo, admitió Alejandra, esto implica entrar en un guardia de 11 horas y en ocasiones quedarte a doblar otras 8 horas porque no hay suficiente recurso humano, y ni hablar de los recursos materiales.

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$!“No era así de fuerte cuando comencé. La enfermería me hizo fuerte”; hablan ángeles y superhéroes con estetoscopio. FOTO: FRANCISCO MUÑIZ/VANGUARDIA

“Carecíamos de mascarillas N95 por lo que cada enfermera, médico o personal de intendencia tiene que ingeniárselas para conseguir su propio material de protección.

Atendimos a gente con signos y síntomas compatibles con el COVID-19 e incluso se hizo un área de aislamiento dónde te proporcionaban todo el equipo para entrar pero tenías que permanecer dentro 11 horas, sin tomar agua, sin comer, sin ir al baño, dedicándote en tiempo completo a esos pacientes”, expresó la enfermera.

Todos ellos, Patricia, Lorena, Carlos, Alejandra y Rosario, considerados por los cibernautas como héroes, con signos visibles de su labor, no sólo reflejada en dorso nasal o las sienes marcadas por el equipo de protección, sino también en su espalda erguida de cansancio o las ojeras con las que continúan su jornada.

Pero también hay historias en las que ellos fueron el enlace entre familiares y sus pacientes. Fueron testigos de llamadas de despedida, entregas de cartas de amor, la última palabra de un padre enfermo a sus hijos y del llanto de familiares afuera de un hospital.

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Historias en las que recuperaron la fuerza junto a sus pacientes y aplaudieron que vencieron al virus despidiéndolos con una sonrisa del área, recibiendo la señal de la cruz en la frente, sobre sus trajes en cada gesto humanitario de sanidad y amor.

Un verdadero ejército de “ángeles y súper héroes con estetoscopios”, que continúan enfrentando la pandemia histórica del COVID-19 con un mensaje importante para los coahuilenses: Cuídate.

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Escritora y bailarina. Periodista desde los 19 años.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila desde julio del 2015. Comenzó su carrera en el periodismo como colaboradora en INFONOR y posteriormente en El Universal de la Ciudad de México, mientras cursaba una estadía en la Academia Mexicana de Ciencias.

En su retorno a Saltillo, se desempeñó como reportera de diferentes diarios regionales, televisión y radio. Cuenta con la publicación de cuentos breves en “Mínima” una antología de microficción. Cursó la Especialidad en Derecho a la Información, Fiscalización y Combate a la Corrupción por la Academia Interamericana de Derechos Humanos. Actualmente se desempeña orgullosamente como periodista en Vanguardia, donde fue acreedora a su segunda estatuilla Armando Fuentes Aguirre en la categoría de Entrevista. Adicional a su labor en el periodismo es Directora de “Pasos Firmes” una casa de baile con un enfoque social para niños, niñas y adolescentes

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