‘Hay que seguir luchando’: la mirada de María Antonieta Valero sobre el camino de las mujeres en Saltillo
La exdirectora del Ateneo Fuente recuerda que el 8M no es una celebración, sino una fecha para reflexionar sobre los derechos conquistados y los que siguen pendientes
En el marco del Día Internacional de la Mujer, María Antonieta del Socorro Idalia Valero Gil, exdirectora de la preparatoria Ateneo Fuente, mira hacia atrás y reconoce que la situación de las mujeres ha cambiado, pero no por generación espontánea. Para ella, cada avance ha sido producto de una lucha larga, desigual y todavía inconclusa, en la que la preparación, la lectura y la confianza en una misma siguen siendo herramientas centrales.
Valero Gil, quien dirigió el plantel de 1984 a 1988, recuerda que abrirse paso en un espacio históricamente masculino no fue sencillo. “Fue muy difícil porque el Ateneo tenía 173 años en donde solo lideraban hombres. No había mujeres y los mismos hombres que estaban ahí, los mismos maestros, decían que no votaran por una mujer”, contó.
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ABRIENDO CAMINOS
Su llegada a la dirección, dijo, ocurrió por votación y tras años de cercanía con el alumnado, al que buscó formar con conciencia social y sentido crítico. Aun así, el respaldo en las urnas no borró las resistencias. “Gané por muchísimos votos y, aún así, trataron de quitarme”, comentó.
En ese contexto, una de las decisiones que considera fundamentales fue rodearse de otras mujeres, mujeres capaces y dedicadas. Secretarias académicas, administrativas y colaboradoras cercanas formaron parte de un equipo que, según dijo, le permitió sostener una gestión marcada por la presión y las trabas. “No se hubiera logrado todo lo que se logró si no hubiera sido por ese equipo”, afirmó.
La exdirectora relató incluso escenas que hoy ayudan a dimensionar el ambiente de aquellos años. Una de ellas ocurrió al momento de asumir el cargo, cuando un maestro —con un cargo interino— pretendía que no subiera al paraninfo. “Quería que yo tomara posesión en la dirección del Ateneo, o sea, que yo no subiera al paraninfo, porque soy mujer”, dijo.
DESESTIGMATIZACIÓN
Más allá del cargo, Valero Gil habló de acciones concretas con las que buscó modificar dinámicas normalizadas dentro de la vida escolar. Recordó, por ejemplo, que impulsó actividades artísticas y culturales para ocupar el tiempo libre de los estudiantes, entre ellas el teatro y el fortalecimiento del ballet folclórico universitario.
También puso freno a prácticas que denigraban a las mujeres, como los llamados “desfiles chuscos”. Comentó que, ahí, los estudiantes se disfrazaban con “panzas de embarazadas” e incluso llegaron a vandalizar inmuebles mientras protagonizaban “escenas burlescas”. “A la mujer hay que darle su lugar. Con eso, se le denigraba absolutamente”, expresó.
En ese mismo sentido, compartió que desde la dirección también intervino ante situaciones de abuso contra jóvenes. Esa postura, dijo, formó parte de una convicción más amplia: usar los cargos para abrir espacios más dignos.
SIN BAJAR LA GUARDIA
Aunque reconoce que el panorama actual ofrece más oportunidades para las mujeres, insiste en que el cambio no debe darse por sentado. Desde su experiencia, antes muchas jóvenes destacaban en las aulas, pero luego por alguna razón, abandonaban los estudios. Hoy, dijo, ya es posible ver más ingenieras, científicas, médicas y profesionistas en áreas antes cerradas para ellas.
“Sí creo que ya ha habido mucho avance aquí y que sí se les está dando impulso”, dijo. Aun así, advirtió que persisten dinámicas familiares, culturales y laborales que siguen frenando a muchas mujeres, desde la distribución desigual de tareas en casa hasta la negativa a contratarlas o promoverlas por la posibilidad de que se embaracen.
En ese contexto, también recordó a mujeres que, desde distintos ámbitos, abrieron camino antes que muchas otras. Mencionó el caso de Rosario Ibarra de Piedra, activista nacida en Saltillo que impulsó la defensa de los derechos humanos y fundó el Comité ¡Eureka!, organización dedicada a la búsqueda de familiares desaparecidos.; de Guadalupe González, educadora política coahuilense que fue la primera diputada en el estado y una de las impulsoras del voto femenino.
Por eso, más que hablar de una meta ya alcanzada, planteó la necesidad de entender esta causa como un proceso continuo. “No es una lucha de un día para otro, es una lucha continua”, dijo. En ese sentido, insistió en que la búsqueda de paridad y reconocimiento no solo pasa por ocupar cargos, sino por transformar la manera en que la sociedad mira y valora a las mujeres.
PREPARARSE PARA DECIDIR EN LIBERTAD
Una herramienta fundamental para la ex directora, es que: la mujer debe prepararse. Leer, estudiar, analizar, criticar, discutir y formarse forman parte de las condiciones para ampliar la libertad, sin importar si esa libertad se ejerce en la vida profesional, en la academia, en la política o dentro del hogar.
“Yo creo que tenemos que tratar de prepararnos lo mejor posible. La lectura es indispensable, por ejemplo”, sostuvo. Esa preparación, dijo, no responde a una lógica de competencia vacía, sino a la posibilidad de construir criterio, defender derechos y tomar decisiones propias con dignidad.
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Bajo esa lógica, también defendió que no existe un único camino válido para las mujeres. Lo importante, planteó, es que cada una pueda elegir con libertad qué vida quiere construir. “Si tú te quieres dedicar a tu casa, que sea bajo tus principios, con tu valor y contigo misma”, dijo.
UNA FECHA PARA ENTENDER
De cara a la movilización de este 8 de marzo, Valero Gil recalcó un punto que considera necesario atender: el Día Internacional de la Mujer no debe entenderse como un festejo. “No es una celebración, es una fecha de memoria, reconocimiento y reflexión sobre la lucha por los derechos de las mujeres”, remarcó.
En ese sentido, sostuvo que el feminismo, desde su perspectiva, debe entenderse como una búsqueda por transformar la conciencia y el lugar de la mujer dentro de la sociedad, así como por garantizar condiciones de justicia e igualdad. Para ella, más allá de etiquetas, se trata de una lucha por el reconocimiento pleno de las capacidades de las mujeres y por la posibilidad de ocupar espacios que históricamente les fueron negados.
Su mensaje para quienes marchan es que lo hagan con conciencia del origen y del sentido de esa fecha. Recordó que detrás del 8M hay historias de explotación, desigualdad y resistencia, y que marchar implica saber por qué se salió a la calle y qué derechos siguen sin estar garantizados.
Desde esa mirada, la lucha de las mujeres no se resume en una consigna ni en una sola generación. Es, más bien, un trayecto largo en el que cada avance cuenta, pero ninguno está asegurado. “Hay que seguir luchando, que hay que seguir preparándose sobre todo”, concluyó.