Conmemoran centenario del nacimiento espiritual del Niño Fidencio, en Castaños
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La tradición sitúa en el 17 de octubre de 1926 el acontecimiento religioso que sus seguidores consideran un segundo nacimiento
CASTAÑOS, COAH.— Con oraciones, mensajes de agradecimiento y llamados a participar en velaciones, seguidores del Niño Fidencio conmemoraron este sábado 17 de octubre su nacimiento espiritual, una fecha central de su tradición religiosa que este año alcanza un siglo en Espinoza, municipio de Castaños, Coahuila.
El calendario fidencista sitúa ese acontecimiento el 17 de octubre de 1926. Según la creencia de sus devotos, Fidencio recibió entonces una revelación divina y los dones que atribuyen a su labor de sanación. Esta interpretación religiosa distingue la celebración de octubre de su nacimiento físico.
José Fidencio Constantino Síntora nació el 13 de noviembre de 1898 en Guanajuato y falleció el 19 de octubre de 1938 en Espinazo. Este lunes se cumplirán 88 años de su muerte, segunda fecha principal de las conmemoraciones de este mes.
En los mensajes compartidos por sus seguidores se expresan peticiones de fortaleza, sabiduría y entendimiento para las llamadas “materias”, personas a quienes los creyentes reconocen como intermediarias espirituales y que encabezan las misiones.
Las expresiones de fe también destacan la importancia del acompañamiento comunitario. “Una presencia sincera, una mano amiga y una oración hecha con amor también sostienen esta misión”, señala uno de los mensajes difundidos con motivo de la velación.
Dentro del fidencismo, las misiones reúnen a devotos alrededor de prácticas de oración, servicio y rituales de sanación. Las materias ocupan un lugar central porque, según esta creencia, permiten la comunicación con Fidencio.
Espinazo es el principal referente de esta devoción, con vínculos entre comunidades de Coahuila, Nuevo León y seguidores de otras regiones. Las jornadas de octubre combinan la celebración del nacimiento espiritual con el recogimiento por su fallecimiento.
La tradición mantiene así dos momentos distintos en un mismo calendario religioso, la gratitud por la misión que los fieles atribuyen a Fidencio y el recuerdo de su muerte, mediante encuentros que preservan la memoria del curandero.