Rosa Aurora Martínez, maestra coahuilense con 50 años en activo; ‘cuando a uno le gusta lo que hace, el tiempo vuela’
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Reconocida por la Sección 5 del SNTE por medio siglo de actividad magisterial, es ejemplo de que quien nace con vocación docente –o descubre la suya y la persigue– continúa enseñando toda la vida
Para Rosa Aurora Martínez Robles, ser maestra, más que una profesión, es una forma de vida que se fue construyendo con el paso de los años en cada aula, con cada grupo y con cada estudiante. Se ha dedicado a la labor educativa durante 50 años y, a pesar del tiempo, sigue activa como supervisora escolar en la zona 415 de Nava, Coahuila, donde coordina a más de un centenar de docentes.
Su historia comenzó de niña, cuando el convertirse en maestra surgió como una de esas ideas que se instalan en la infancia y que, con el tiempo, se vuelven realidad. Estudió en la Benemérita Escuela Normal Miguel F. Martínez, en Monterrey, y desde ahí inició un camino que la llevó primero a las aulas de primaria en Nuevo León y después a Coahuila, en Allende, donde ha permanecido la mayor parte de su vida. A lo largo de cinco décadas, su trayectoria ha pasado por el trabajo frente a grupo, la dirección escolar, la asesoría técnica y la supervisión.
“Yo pienso que cuando a uno le gusta lo que está haciendo, el tiempo se va tan rápido que nunca pensé llegar a este momento de tantos años de servicio” añadió.
Rosa Aurora considera que la escuela ha trascendido lo laboral. Fue en sus años de formación en la Normal Superior donde conoció a su compañero de vida, José Ramón Aguilera Gallegos, con quien ha compartido 35 años de matrimonio. Aunque no tuvieron hijos, ella afirma que su familia se ha construido entre aulas, generaciones y comunidades escolares.
“Yo siento que la familia más grande son ahora todos mis alumnos, y eso me impulsa cada día, ahorita todavía estoy activa, me impulsa a seguir adelante.”, expresó.
Esa familia, dice, se ha extendido con los años en comunidades pequeñas como Allende y Nava, donde la vida escolar deja huellas duraderas y antiguos estudiantes la reconocen todavía. Algunos se le acercan como profesionistas; otros, ya convertidos en docentes, comparten con ella el mismo espacio educativo.
Esos encuentros son el verdadero sentido de su trabajo. Más allá de los cargos o los años de servicio, considera que la docencia se mide en las vidas que logra impactar, en las generaciones que avanzan y en los vínculos que permanecen.
Después de medio siglo en las aulas y en la gestión educativa, reconoce que el tiempo ha pasado más rápido de lo que imaginó. Aun así, sigue en funciones, acompañando a docentes y estudiantes, con la misma idea que la llevó a elegir este camino cuando era niña.