Saltillo: Bajar de peso sin descuidar la mente es el reto de los propósitos de Año Nuevo
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Priorizar el físico sin atender la salud mental puede derivar en conductas de riesgo y trastornos alimentarios
Con el inicio de un nuevo año, uno de los propósitos más comunes entre los saltillenses es bajar de peso o mejorar la apariencia física. Sin embargo, especialistas advierten que, en muchos casos, estos objetivos se persiguen de manera equivocada, al priorizar únicamente el aspecto corporal y dejar de lado la salud mental, lo que puede generar consecuencias a largo plazo.
La licenciada Angélica Dávila, especialista en psicología de la alimentación y bariátrica, explicó que actualmente el reto es hacer conciencia de que los cambios duraderos requieren un proceso integral involucrando modificaciones en la alimentación guiados por un nutriólogo, ejercicio físico acorde a las necesidades de cada personas y sobre todo, acompañamiento psicológico, para evitar que los propósitos se vuelvan un trastorno alimenticio.
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“Es algo muy nuevo y es todo un desafío estar concientizando a las personas para hacerles ver que la parte psicológica es bien importante y que tiene que estar presente un trabajo y un proceso”, explicó.
Señaló que la mayoría de las personas que tienen este propósito se encuentran influenciadas por la mercadotecnia y por estereotipos de cuerpos “perfectos” que se difunden constantemente en redes sociales y publicidad, lo que genera una presión por obtener resultados rápidos, dejando en segundo plano el bienestar físico y emocional y midiendo su éxito en la báscula.
En ese contexto, pueden caer en conductas restrictivas, como eliminar por completo ciertos alimentos o dejar de comer, lo que suele derivar en atracones y estos a su vez en acciones compensatorias motivadas por el miedo al aumento de peso.
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Por ello, la psicología juega un papel clave para evitar que estas prácticas deriven en trastornos alimentarios, entre los que destacan los atracones, el picoteo constante y la ortorexia, un patrón caracterizado por la obsesión por “comer perfecto”. Esta rigidez, dijo, genera ansiedad y una constante sensación de fracaso cuando no se cumplen las reglas autoimpuestas.
Sobre las repercusiones, advirtió que estas conductas pueden llevar a una vida marcada por el control y la búsqueda de perfección, incluso al aislamiento social.
“Dejan de vivir la vida que desean. La idea es vivir una vida plena, estable, equilibrada y cambiar el ‘no puedo comer’ por una decisión consciente en donde a veces sí quiero y a veces no quiero comer eso”.