Botica Recio, 127 años de ser un remedio para las familias de Saltillo
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La emblemática botica, nacida a finales del siglo XIX, preserva el espíritu de la botica tradicional mexicana frente a la expansión de las grandes cadenas farmacéuticas.
Fundada originalmente en septiembre de 1900 como la Botica del Mercado, la actual Botica Recio representa uno de los testimonios más longevos de la historia de la salud en Saltillo. Con casi 127 años de operación ininterrumpida, el establecimiento ha atestiguado las transformaciones urbanas del centro histórico y la evolución de la medicina en la región.
Juan Antonio Recio Velarde, de 82 años e integrante de la tercera generación de la familia fundadora, detalló que el negocio nació en la antigua esquina de la sexta calle de Iturbide y Lerdo (hoy Allende y Lerdo), como una sociedad mercantil entre su abuelo, Félix Recio Galindo, y el doctor Anselmo Cabello.
“Hasta el año de 1934, en donde se convierte en Botica Recio. Y entonces pasa al local que ocupa ahora, en lo que era la calle de Venustiano Carranza. (...). Pero entonces los titulares del negocio eran Félix y Juan Antonio Recio Pepi, los dos hermanos, hijos de Félix Recio Galindo”, relató.
TRES GENERACIONES AL CUIDADO DE LA SALUD
La administración de la botica se ha mantenido dentro del núcleo familiar desde sus orígenes a finales del siglo XIX, pasando por distintos periodos históricos y económicos del país:
-Primera generación (1900): Félix Recio Galindo funda la Botica del Mercado junto al Dr. Anselmo Cabello. Para 1905, la familia asume la propiedad total del establecimiento en compañía de su hermano Leandro Recio.
-Segunda generación (1934): Los hermanos Félix y Juan Antonio Recio Pepi asumen la dirección, formalizan la marca Botica Recio y trasladan el local a su sede actual.
-Tercera y actual generación (1991 - presente): Tras el fallecimiento de Juan Antonio Recio Pepi en 1991, la gestión pasa a su hijo, José Luis Recio Velarde. Tras su fallecimiento, el mostrador continúa atendido por su viuda, Martha Guajardo, y la familia, manteniendo el servicio especializado en remedios tradicionales.
FÓRMULAS ICÓNICAS, IMPORTACIONES Y VIDA SOCIAL
Durante las primeras décadas del siglo XX, las boticas no solo distribuían medicamentos de patente, sino que preparaban fórmulas magistrales y productos propios autorizados por patentes de la época, como la afamada “pomada eléctrica” y los “polvos de Baileys”.
Revisando la documentación y facturas históricas del establecimiento, Recio Velarde destacó que, aun durante los años de la Revolución Mexicana, el comercio mantenía un flujo constante de importaciones. La botica se surtía de droguería y perfumería procedente de Francia, así como de envases y materia prima traída desde San Antonio y Nueva York. Además, albergó en sus inicios el consultorio del Dr. Santiago Valdés Galindo, personaje clave en la medicina local.
El espacio fungía también como un punto de encuentro social en el centro de la ciudad. Entre sus piezas más recordadas se encuentra una máquina musical automatizada con discos metálicos que movía figuras de caballos en un hipódromo en miniatura al depositar una moneda de un centavo, así como las tradicionales celebraciones de la “quema de Judas” afuera del local al término de la Semana Santa.
UN REFUGIO PARA LA MEDICINA TRADICIONAL Y LOS REMEDIOS CASEROS
Con la llegada de las grandes cadenas farmacéuticas a mediados y finales del siglo XX, así como el fin del sistema de guardias nocturnas obligatorias por rol que regulaba la salubridad pública en los años 60, las boticas artesanales enfrentaron profundos retos de competencia.
Pese a ello, Botica Recio ha logrado subsistir gracias a la demanda continua de remedios caseros, bálsamos, linimentos, hierbas y preparados al menudeo que no se consiguen en la farmacia moderna. Asimismo, conserva intacto un acervo histórico compuesto por fanales, aparadores de época, morteros, probetas, matraces y registradoras antiguas.
“La gente sigue regresando por la posibilidad de encontrar elementos tradicionales para tratar padecimientos menores, desde luxaciones hasta resfriados. Representa el recuerdo de una etapa donde familias y negocios locales hicieron crecer a Saltillo”, concluyó Recio Velarde.