Clínica de adicciones en Saltillo, denunciada tras suicidio, suma quejas
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Familiares de Héctor Antonio difundieron nuevos testimonios que aseguran haber recibido de exinternos y allegados de pacientes, quienes señalan presuntos golpes, humillaciones y otras prácticas dentro de Gaia; la Fiscalía ya investiga posibles omisiones relacionadas con la muerte del hombre
La familia de Héctor Antonio Verduzco lanzó un nuevo llamado a través de redes sociales para que exinternos, familiares y otras personas que aseguren haber vivido o conocido situaciones irregulares dentro de Gaia compartan sus testimonios, luego de que comenzaran a recibir relatos sobre presuntos malos tratos y prácticas ejercidas contra pacientes del centro de rehabilitación en Saltillo.
A través de su publicación más reciente, Natalia, hija del hombre de 63 años que murió por suicidio el pasado 22 de julio mientras se encontraba internado en la clínica, pidió a quienes tengan información sobre lo ocurrido dentro del establecimiento que se acerquen y hablen, como parte de la exigencia de la familia para que el caso de su padre sea esclarecido.
Natalia aseguró que, después de publicar el video sobre su padre, siete personas se acercaron a ella para contarle lo que presuntamente vivieron dentro de Gaia. Compartió parte de esos relatos mediante capturas de conversaciones y audios y resumió los señalamientos recibidos como presuntos insultos, golpes, humillaciones y privaciones de la libertad por falta de pago.
En las publicaciones, también hizo énfasis en el costo económico que representa el internamiento. Según se expuso, las mensualidades de la clínica oscilan entre 45 mil y 60 mil pesos, cantidad que se calificó como poco accesible y que representa un sacrificio para las familias que buscan tratamiento para sus seres queridos.
Uno de los audios difundidos contiene el relato de una persona que asegura haber permanecido seis meses en la clínica. En su testimonio describe dinámicas en las que, presuntamente, otros pacientes eran incitados a confrontar, insultar y agredir a alguno de sus compañeros durante determinadas sesiones.
La persona relata uno de los episodios que presenció contra otra interna. Los demás pacientes fueron puestos en contra de la joven y comenzaron a insultarla, empujarla y darle cachetadas mientras una psicóloga observaba y también realizaba comentarios.
Según el mismo relato, los participantes hicieron “bolita” a la joven. Posteriormente, colocaron croquetas para perro en el piso y obligaron a la interna a comerlas mientras le gritaban “come, pinche perra”.
La persona que proporcionó el testimonio sostuvo que las trabajadoras no necesariamente ejercían directamente las agresiones físicas, sino que presuntamente utilizaban a los propios internos para realizarlas.
“Ellas nunca nos pegaron, nunca nos pegaron, pero hacían que nuestros mismos compañeros nos pusiéramos en contra para pegarnos”, se escucha.
La misma persona asegura que estas dinámicas llegaban a involucrar aspectos íntimos y personales de los pacientes, relacionados con sus familias, situación económica, apariencia física y sexualidad.
En otro episodio narrado en el audio, la testigo recuerda el caso de un joven que presuntamente fue sometido a una dinámica similar. Otros internos fueron puestos en su contra, lo golpearon, lo llamaron “pendejo” y utilizaron información sobre su situación económica, su apariencia y su familia para humillarlo.
“Cada día era alguien llorando, cada día era alguien pasándola mal”, señala la persona en otro fragmento. Aunque reconoce que un proceso para enfrentar una adicción puede resultar difícil, considera que las prácticas que asegura haber presenciado rebasaban ese propósito.
FAMILIA EXPONE MÁS RELATOS
Los materiales publicados también contienen señalamientos sobre la comunicación entre los internos y sus familiares, así como sobre la manera en que presuntamente se manejaban cartas, visitas y mensajes.
En una de las publicaciones, Natalia asegura que un testimonio recibido señala que una terapeuta mentía a los pacientes sobre las cartas enviadas por sus familiares. La familia de Héctor Antonio relacionó ese relato con su propia experiencia y cuestionó qué información pudo haber recibido su padre durante el tiempo que permaneció internado.
“Me parte el corazón porque enviamos cartas a mi papá y ahora nunca sabré qué le dijeron, si le mintieron”, escribió Natalia al compartir el señalamiento.
Otro de los testimonios difundidos corresponde a una persona que asegura que un familiar permaneció durante meses en Gaia. Durante ese periodo no les permitían verlo y les decían que era el propio paciente quien rechazaba las visitas y el contacto con su familia.
La versión que recibieron después fue distinta: cuando el hombre salió del establecimiento les habría dicho que dentro de la clínica le afirmaban que su familia no quería verlo. El testimonio señala además que enviaron regalos con motivo de su cumpleaños y que, según les habría contado posteriormente, tampoco se los entregaron.
Ese mismo relato sostiene que la familia pidió expresamente que no se administrara clonazepam al paciente ante el temor de que desarrollara dependencia, pero asegura que el medicamento le habría sido suministrado de cualquier manera. También señala que en ocasiones llevaron ropa y alimentos que nunca recibió.
Otro de los mensajes difundidos sostiene que, durante una supuesta inspección a las instalaciones, algunos pacientes habrían sido enviados a una vivienda para mantenerlos fuera del lugar mientras se realizaba la revisión; les habrían pedido hacerse pasar por amigas de una persona que vivía en esa casa.
En las capturas también aparecen señalamientos relacionados con presuntas retenciones o castigos vinculados con pagos.
La familia de Héctor aseguró que busca que otras personas que hayan pasado por situaciones similares hablen sobre sus experiencias y reiteró su exigencia de justicia. “Hoy el miedo y el silencio no son parte de esta historia”, escribió Natalia al presentar uno de los testimonios.