El piano maldito del Museo de las Aves: historias de terror y leyendas de Saltillo
¿Qué ocurre cuando un piano sigue tocando después de que su músico ha desaparecido?
En el Museo de las Aves, en la esquina de Hidalgo y Bolívar, los soldados que hacían guardia escucharon un piano dentro del auditorio. Uno fue a buscar al músico. Su compañero se quedó en la puerta. La música se oía con claridad entre las filas de butacas; conforme avanzaba, el soldado podía distinguir el golpe de cada tecla.
Al subir al escenario, el piano se silenció. “Disculpe”, dijo y se detuvo a unos pasos del instrumento, esperando que quien tocaba le respondiera. El banco estaba vacío. Miró hacia un costado, por donde alguien habría podido bajar sin cruzarse con él. Desde la entrada, su compañero le preguntó con quién hablaba.
El soldado levantó una mano para que guardara silencio. Todavía esperaba oír unos pasos. Se quedó mirando el banco, ahí arriba había luz suficiente. Cabía una persona entre el asiento y el piano. Se acercó hasta apoyar los dedos en la madera y asomó la cabeza por un extremo. Después miró al suelo. Su compañero volvió a llamarlo.
“Espérame”, le advirtió. Le molestaba haberse disculpado. Había usado la misma voz con que pedía permiso para pasar entre la gente, y ahora le parecía que lo habían dejado esperando a propósito. Se inclinó sobre el teclado. Tenía una rodilla pegada al banco cuando la madera crujió. Se apartó de inmediato, juntando los pies para dejar sitio.
La música empezó a su lado. Conservó la mano suspendida sobre el piano. Las notas le llegaban tan cerca que encogió el hombro, como si alguien fuera a rozarle la cara. Buscó con los ojos a su compañero. Seguía en la puerta, moviendo un brazo. Quiso llamarlo y tuvo que tragar saliva.
Bajó del escenario pendiente de aquel asiento. Al alcanzar el pasillo, oyó que el otro le ordenaba apurarse. Caminó hacia su voz sin darse vuelta. En el umbral lo sujetaron del brazo. “¿A quién le pides permiso?”. Hasta entonces se dio cuenta de que lo venía repitiendo desde que se hizo a un lado.
¿En dónde se supone que ocurrió esta historia?
Calle Hidalgo 151, esquina con Bolívar, Zona Centro.
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