Jesús Herrera, de instructor comunitario a coordinador territorial del CONAFE en Coahuila
Con 36 años de trayectoria, Jesús Armando Herrera llega a Coahuila con el reto de acercar la educación a comunidades aisladas, fortalecer las tutorías y ampliar el bachillerato comunitario.
A los 15 años, Jesús Armando Herrera Martíez llegó a una comunidad de la sierra de Jalisco para comenzar una tarea que cambiaría su vida: ser instructor comunitario de CONAFE. Frente a él tenía ocho alumnos de educación inicial y primaria; cerca, los volcanes de Colima. No había celulares y el radio era su único vínculo con el exterior.
Han pasado 36 años desde aquel primer servicio. Hoy es coordinador territorial para el servicio educativo del CONAFE en Coahuila, después de haber desempeñado distintas responsabilidades en la institución y de haberse desempeñado como coordinador regional en Jalisco. Su llegada al estado, hace apenas unos meses, no significa empezar de cero: significa volver a las comunidades con la experiencia de quien también estuvo frente a un grupo.
Su ingreso a CONAFE tuvo una razón práctica. Su padre le había dicho que no podría pagarle el bachillerato ni una carrera, y él buscaba la manera de continuar sus estudios. Comenzó a dar clases el 1 de septiembre de 1990. El 18 de ese mes, su padre fue asesinado. Herrera tenía 15 años.
La educación comunitaria se convirtió en su camino. Con el tiempo pasó por varias funciones, conoció procesos de distintas regiones y llegó a coordinar equipos en Jalisco. Ahora, en Coahuila, quiere empezar por escuchar y observar. Dice que visita al menos una comunidad cada semana para conocer a los educadores, saber cómo trabajan y entender las necesidades de cada lugar.
“Quiero saber quiénes son, cómo trabajan, qué hacen y en dónde están”, resume sobre esta primera etapa.
En Coahuila, la mayor parte de los servicios de CONAFE se concentra en educación inicial y preescolar, una característica que distingue al estado de la experiencia que Jesús Armando Herrera tuvo en Jalisco, donde predominaban la primaria y la secundaria. Esa diferencia también marca una etapa de aprendizaje para el nuevo coordinador territorial: conocer con mayor profundidad cómo se acompaña a los niños pequeños y cómo se trabaja con sus familias desde la educación inicial, mediante la reflexión sobre las prácticas cotidianas de crianza.
Herrera considera que Coahuila tiene una riqueza particular en la atención de los más pequeños. Al mismo tiempo, asume como reto fortalecer la relación tutora en los servicios de primaria, secundaria y bachillerato, para que también en esos niveles los estudiantes aprendan a profundidad y compartan sus conocimientos.
Para Herrera, CONAFE entiende la educación como parte de la vida de la comunidad. El aprendizaje no queda limitado a un horario ni a la separación rígida por grados: en una comunidad de aprendizaje pueden convivir estudiantes de distintas edades, compartir lo que saben y aprender unos de otros.
La relación tutora es el corazón de ese modelo. Quien conoce un tema y lo ha trabajado a profundidad acompaña a otra persona mediante el diálogo y la investigación. El punto de partida es conocer qué sabe el estudiante, qué le interesa y desde dónde puede avanzar; quien aprende también marca hasta dónde quiere profundizar. Así, un joven de secundaria puede compartir un tema con un niño de primaria, mientras el educador acompaña el proceso.
La comunidad entera puede aportar. Herrera pone como ejemplo a una mujer que sabe elaborar lechuguilla o preparar tortillas de harina y desea transmitir ese conocimiento. Su experiencia se convierte en una oportunidad para aprender y preservar una tradición. De esa manera, la educación reconoce que el saber también está en las familias y en los oficios cotidianos, y que compartirlo puede fortalecer los vínculos entre quienes viven en una misma comunidad.
La distancia sigue siendo uno de los grandes desafíos. Hace unas semanas, personal de CONAFE llevó materiales educativos a 13 localidades de la zona de Ocampo y Múzquiz. Para llegar a algunas, tuvieron que recorrer caminos de terracería y prepararse para trayectos de muchas horas. Herrera habla de recorridos que pueden tomar entre 15 y 20 horas.
Pero también encuentra lugares donde podría ampliarse la atención. Cerca de Parras identificó jóvenes que deben caminar alrededor de dos horas para llegar a una escuela de otra comunidad. Su equipo analiza oportunidades para acercarles el servicio educativo. En otros sitios, afirma, también hay familias que podrían recibir educación inicial, incluso cuando solo una madre o un padre solicite orientación sobre la crianza de sus hijos.
La expansión del bachillerato comunitario es otro de los proyectos en marcha. CONAFE ya trabaja en 13 localidades, entre ellas Astilleros. Herrera describe un modelo con tres vertientes: que cada estudiante profundice durante el ciclo escolar en un tema de su interés; que aprenda contenidos académicos mediante tutorías entre estudiantes; y que dialogue con textos y autores para formar un criterio propio y llevar sus ideas a proyectos en su comunidad.
Una de las historias que conserva de Jalisco explica por qué cree en ese acompañamiento. El padre de un niño llamado Elías lo llevó a una comunidad educativa porque, decía, no quería estudiar. Durante los primeros días, el equipo buscó acercarlo a sus compañeros mediante juegos y actividades. Al tercer día, el niño llegó solo, caminando y acompañado por un burrito.
Con el tiempo terminó la primaria y la secundaria. Después se incorporó como educador comunitario, continuó sus estudios y llegó a ser docente universitario. Herrera aclara que no fue una sola persona quien lo impulsó: también fue importante que el joven viera a sus maestros estudiar y avanzar.
“Hay gente que no le ve sentido a la vida y, de pronto, se emociona con la manera de aprender”, reflexiona.
Entre sus retos en Coahuila está fortalecer el modelo de tutoría en primaria, secundaria y bachillerato, de acuerdo con las condiciones de cada localidad. También busca identificar comunidades y familias que todavía podrían incorporarse a los servicios de CONAFE.
Para Herrera, ese trabajo cobra sentido cuando un estudiante descubre que puede llegar más lejos de lo que imaginaba. Lo vio en Elías: el niño que al principio no quería estudiar y que, con el tiempo, regresó a CONAFE como educador. Historias así alimentan la vocación de quienes acompañan a las comunidades y mantienen viva una esperanza: que cada aprendizaje abra una posibilidad nueva y que, algún día, quien recibió apoyo pueda compartirlo con alguien más.