La historia poco contada de la Narro en el Trenazo: cinco generaciones de estudiantes se sumaron al rescate

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Saltillo
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Héctor de la Fuente fue uno de los primeros 30 alumnos que salieron de la entonces Escuela Superior de Agricultura Antonio Narro hacia Puente Moreno la noche del 4 de octubre de 1972. A 54 años de la tragedia, integrantes de las generaciones 48, 49, 50, 51 y 52 buscan reconstruir una participación que involucró a alrededor de 400 estudiantes en distintas labores de auxilio.

A 54 años del Trenazo de Saltillo, exalumnos de la entonces Escuela Superior de Agricultura Antonio Narro buscan reunir nombres, fotografías y testimonios para dejar constancia de la participación de cinco generaciones en las labores de auxilio tras la tragedia ferroviaria del 4 de octubre de 1972.

Héctor de la Fuente Rodríguez, integrante de la Generación 48, coordina actualmente este esfuerzo y sostiene que el objetivo es reconocer de manera colectiva a los jóvenes que respondieron aquella noche y durante las horas posteriores.

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Él mismo fue uno de los primeros 30 estudiantes que salieron de la Narro hacia Puente Moreno. Tenía 21 años, cursaba quinto año y se encontraba en el edificio El Alemán, utilizado entonces como dormitorio de estudiantes de cuarto y quinto, cuando él y otros compañeros observaron pasar al Tren Peregrino rumbo a Saltillo.

Algo les llamó la atención: el tren avanzaba a una velocidad que consideraron inusual y hacía sonar el silbato de manera continua. Después escucharon un fuerte estruendo.

$!Héctor de la Fuente, durante las labores de auxilio tras el Trenazo de 1972, cuando estudiantes de la entonces Escuela Superior de Agricultura Antonio Narro acudieron a Puente Moreno.

Los estudiantes comenzaron a tocar las puertas de los dormitorios y cerca de 30 se reunieron junto al reloj de sol. Acostumbrados a la disciplina militarizada que entonces formaba parte de la vida estudiantil, se organizaron en dos columnas y salieron a paso veloz.

Atravesaron terrenos de El Álamo y avanzaron prácticamente en la oscuridad. No conocían con precisión el punto del accidente; el resplandor del incendio terminó por guiarlos. De la Fuente calcula que llegaron a Puente Moreno alrededor de 45 minutos después del descarrilamiento. Lo que comenzó con aquel primer grupo crecería conforme otros alumnos se enteraron de la tragedia.

DE 30 JÓVENES A CINCO GENERACIONES

Máquinas fuera de las vías, vagones incendiándose, carros encimados, otros invertidos o semienterrados y pasajeros pidiendo auxilio es el escenario que De la Fuente conserva en la memoria. “Las imágenes que vimos al llegar al lugar fueron terribles y dantescas, que jamás nadie, estoy seguro, ha podido olvidar”.

Los jóvenes no eran rescatistas, ni llevaban equipo especializado. “La herramienta fue el instinto. Fue el instinto, no traíamos nada”.

Trabajaron con lo que encontraron. Utilizaron fierros para hacer palanca y asientos de los propios vagones como camillas. Entraban donde escuchaban voces y trasladaban heridos hacia puntos que consideraban más seguros. En algunos sitios, recuerda De la Fuente, fue necesario retirar a personas fallecidas para alcanzar a quienes continuaban con vida.

$!Además de auxiliar a los heridos, algunos estudiantes colaboraron en el control del perímetro alrededor de los restos del tren, mientras otros continuaron con las labores de rescate.

Mientras aquel primer grupo trabajaba, más alumnos comenzaron a incorporarse. La movilización alcanzó a las generaciones 48, de quinto año; 49, de cuarto; 50, de tercero; 51, de segundo, y 52, integrada por estudiantes de nuevo ingreso.

De la Fuente calcula que la escuela tenía entonces entre 530 y 550 alumnos y que alrededor de 330 a 350 eran internos. A partir de lo que presenció y de los testimonios recopilados, estima que alrededor de 400 estudiantes participaron en diferentes momentos y labores.

No se trata de una cifra asentada en un registro oficial, sino de una estimación que el exalumno ha reconstruido a partir de sus recuerdos y los de sus antiguos compañeros. Eran, en su mayoría, jóvenes de entre 18 y 23 años. Muchos practicaban deporte y estaban acostumbrados a la disciplina de la institución.

$!A más de cinco décadas de la tragedia, exalumnos de la Narro buscan recuperar los nombres y testimonios de quienes participaron en las labores de auxilio.

LA NARRO SE MOVILIZÓ

La participación estudiantil no se limitó a sacar personas de los vagones. Conforme avanzaron las horas y llegaron autoridades y elementos militares, algunos jóvenes colaboraron en un perímetro alrededor de los restos del tren para controlar el acceso al sitio, mientras otros continuaron auxiliando en el traslado de heridos y víctimas.

Los alumnos de primer ingreso también fueron movilizados hacia hospitales y clínicas para donar sangre, de acuerdo con De la Fuente.

Dentro de la escuela hubo otra respuesta. El entonces director, Adán Rivera Leal, suspendió las clases y dispuso que alimentos preparados en el comedor de la institución fueran enviados a Puente Moreno para heridos y brigadistas.

De la Fuente insiste en que aquella movilización no ocurrió de manera aislada. En el sitio participaron también cuerpos de emergencia, militares, personal médico, trabajadores ferroviarios, taxistas y ciudadanos. Lo que él y sus antiguos compañeros buscan ahora es incorporar a esa memoria colectiva la participación de los estudiantes de la Narro.

$!El lugar del accidente quedó marcado por vagones fuera de las vías, carros encimados y otros invertidos o semienterrados, mientras pasajeros pedían auxilio.

“TENÍAMOS QUE SACAR CUERPOS PARA RESCATAR VIVOS”

Los testimonios reunidos permiten reconstruir cómo participaron alumnos de las distintas generaciones.

Raymundo Aguirre de Luna, de la Generación 50, relató que al llegar encontró estudiantes colaborando en el lugar. En uno de sus recorridos localizaron un vagón que había quedado invertido y parcialmente enterrado. Los jóvenes comenzaron a excavar hasta conseguir un espacio por el cual pudieron introducirse.

Golpearon la estructura. Desde el interior respondieron voces; había personas vivas. Consiguieron entonces una herramienta para cortar el metal y comenzaron a abrir un acceso, procurando no lastimar a quienes permanecían atrapados. El agua que otros voluntarios les acercaban servía para beber y también para enfriar el metal mientras continuaban trabajando.

La tarea pronto adquirió otra dimensión. “Nos dimos cuenta ahí que la labor penosa apenas comenzaba: teníamos que sacar cuerpos para rescatar vivos”, relató Aguirre de Luna.

El trabajo se prolongó durante horas, hasta que los estudiantes perdieron la noción del tiempo y volvió a caer la noche.

$!El Tren Peregrino descarriló la noche del 4 de octubre de 1972 en Puente Moreno, dejando un escenario de vagones volcados, incendiados y personas atrapadas.

LA GENERACIÓN 51 TOMÓ OTRO CAMINO

Entre quienes ahora colaboran en la recuperación de esta historia se encuentra Pedro Esquivel Guzmán, integrante de la Generación 51 y uno de los principales apoyos de De la Fuente para reunir testimonios de aquellos estudiantes.

Según el relato de Esquivel, él y otros compañeros tomaron una ruta distinta para llegar al accidente: desde la Narro se dirigieron hacia las vías y avanzaron siguiendo el tendido ferroviario hasta Puente Moreno.

Al arribar encontraron un escenario en el que no sabían por dónde comenzar. Esquivel recuerda que, en medio de la oscuridad y la confusión, escuchó una voz que daba una instrucción: concentrarse primero en las personas heridas; quienes ya habían fallecido podían esperar. Después identificó aquella voz como la de Héctor de la Fuente, a quien sus compañeros conocían por el apodo de “La Vaquera”.

El relato de Esquivel es uno de los testimonios que actualmente se busca incorporar a la reconstrucción colectiva. También ha llevado esa memoria a otra expresión: Esquivel es compositor y arreglista del corrido “Los Héroes del Peregrino”, creado para recordar la tragedia y la participación estudiantil. La composición ya cuenta con música y se busca que pueda ser interpretada por la Rondalla de Saltillo de la Narro.

LOS NOVATOS TAMBIÉN RESPONDIERON

Álvaro Bustos Mata pertenecía a la Generación 52. Llegó aproximadamente a las ocho de la mañana del 5 de octubre y se puso a disposición de un paramédico de la Cruz Roja y de un médico.

Ayudó a retirar escombros, cargar heridos, orientar personas y apoyar a quienes trabajaban en el sitio. En determinado momento recibió una tarea distinta: un hombre gravemente lesionado permanecía atrapado con una pesada estructura sobre el pecho. El médico había conseguido controlar una hemorragia y pidió al estudiante permanecer junto a él para evitar que perdiera el conocimiento.

Bustos Mata comenzó a hablarle. Le preguntó cómo se llamaba, de dónde era y todo aquello que pudiera mantenerlo consciente mientras llegaba la ayuda. Cuando intentaron retirar la estructura, la hemorragia comenzó nuevamente y el hombre murió.

“Todo eso entre ruido, silencio, caos, llanto y solidaridad”, expresó Bustos Mata al reconstruir aquella jornada. Para él, la tragedia reforzó además los vínculos entre las cinco generaciones que coincidieron en las labores de auxilio.

PONER NOMBRE A QUIENES ESTUVIERON AHÍ

Más de medio siglo después, reconstruir la lista de participantes resulta difícil. De la Fuente ha comenzado a reunir nombres con apoyo de sus antiguos compañeros y advierte que los identificados hasta ahora representan solamente una parte de quienes participaron.

De la Generación 48 menciona, entre otros, a Juan Manuel Cáñez Sánchez, Salvador Verdín Díaz, Epifanio Cano Ríos, Alfredo Lizalde V. —capitán primero de la Oficialía de la Narro—, Ángel Lira Arellano, Tereso Molina de la Cruz, Manuel Oyervides García, Marcial Reyes Oliva, Samuel Peña Overa y Juan Carlos Romo Bermea.

De la Generación 49, Manuel Mata Wals, Emilio Rodríguez Valdez, Guillermo Larriva Jara, Felipe Quistián Saldaña, Arturo Ramos García, Rogelio Olmos Maldonado, Javier Castro Luna y Cuauhtémoc Equihua Enríquez.

En la Generación 50, Raymundo Aguirre de Luna, Fernando Enrique Valdés Rodríguez, Maximiano Orozco López, Eusebio Rodríguez Rodríguez, Luis Ernesto Gutiérrez Monroy, Manuel Mauricio Mora Pérez, Julián Gutiérrez Castillo y Eriberto Cantú Almaguer.

Pedro Esquivel Guzmán forma parte de la Generación 51, mientras que el testimonio de Álvaro Bustos Mata permite recuperar parte de la experiencia de los alumnos de la Generación 52.

No es una lista definitiva. Precisamente por ello, De la Fuente convoca a quienes pertenecieron a aquellas generaciones y participaron o conservan recuerdos del Trenazo a ponerse en contacto y aportar testimonios, fotografías u otros documentos. El propósito es reunir ese material y dejar un registro de la participación estudiantil para la propia universidad.

TERESO RECUERDA LA VALLA DE ESTUDIANTES

Entre los testimonios que continúan apareciendo está el de Tereso Molina de la Cruz, compañero de De la Fuente en la Generación 48.

Molina recuerda que la mañana posterior al accidente acudió a Puente Moreno junto con otros estudiantes. Una de las tareas en las que participó fue formar una valla alrededor de los restos del tren. Según su relato, posteriormente llegaron elementos del Ejército y se dispuso que militares y estudiantes de la Narro colaboraran en el control del perímetro.

Su testimonio se suma a los que De la Fuente ha comenzado a recuperar para reconstruir no solamente quiénes estuvieron presentes, sino las diferentes tareas que asumieron durante la emergencia. Ese carácter colectivo es fundamental: no pretende que el relato quede concentrado en su experiencia personal, sino en lo que hicieron las distintas generaciones.

$!Los alumnos auxiliaron a los pasajeros con los recursos que encontraron en el lugar, utilizando fierros para hacer palanca y asientos de los vagones como camillas.

DEL RECUERDO AL MUSEO

Parte de esa historia ya tiene un espacio dentro de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro. El Museo del Centenario La Gloria incorporó un apartado relacionado con el Trenazo y la participación de estudiantes de la institución.

De acuerdo con De la Fuente, el espacio reúne fotografías y relatos, además de objetos representativos de la época ferroviaria, entre ellos una maleta similar a las utilizadas por pasajeros y lámparas de ferrocarril.

El material forma parte del esfuerzo por conservar dentro de la universidad una memoria que durante décadas permaneció principalmente entre quienes vivieron la tragedia.

Después del Trenazo, los estudiantes continuaron sus carreras y se dispersaron por diferentes estados del país e incluso por el extranjero. De la Fuente también siguió su camino y desarrolló una trayectoria de 44 años en el sector agropecuario. La historia quedó fragmentada entre recuerdos personales, fotografías y relatos de antiguos compañeros. Ahora buscan reunirlos.

53 AÑOS PARA VOLVER

De la Fuente tampoco regresó inmediatamente a Puente Moreno. Pasaron 53 años antes de que volviera al sitio; lo hizo en 2026. Encontró un paisaje muy distinto al que conservaba en la memoria. Los terrenos que recordaba prácticamente desolados ahora estaban rodeados por viviendas y colonias.

$!Héctor de la Fuente Rodríguez, integrante de la Generación 48, coordina actualmente la recuperación de testimonios, fotografías y nombres de los estudiantes que participaron en las labores de auxilio.

Mientras permanecía junto a las vías, una locomotora con vagones de carga comenzó a moverse. Entonces sonó el silbato. “En ese momento, la verdad que me estremecí, me dio un impacto tremendo escuchar ese silbato”.

El sonido lo llevó nuevamente a aquella noche: al tren que avanzaba a una velocidad inusual, al estruendo y a los primeros estudiantes que salieron de El Alemán rumbo a Puente Moreno.

Pero 54 años después, De la Fuente insiste en que la historia no debe quedarse solamente con quienes integraron aquel primer grupo. Su propósito es reunir a las cinco generaciones y recuperar cuantos testimonios sea posible de quienes cargaron heridos, entraron a los vagones, donaron sangre, formaron perímetros o colaboraron de otras maneras.

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Para él, se trató de un acto solidario y humanitario que merece formar parte de la memoria de la institución, junto al reconocimiento de todos los sectores de Saltillo que respondieron ante la tragedia.

Porque antes fueron alrededor de 30. Después llegaron muchos más. Y hoy, más de medio siglo después, los sobrevivientes de aquellas generaciones buscan poner nombres, fotografías y testimonios a una historia que todavía reconstruyen: la de los estudiantes de la Narro que estuvieron en Puente Moreno durante las horas posteriores al Trenazo.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), con formación técnica en artes, y reportero de la sección local en VANGUARDIA.

Cubre temas con enfoque social, sistema de salud y salud mental, así como historias que visibilizan problemas de interés público o que buscan inspirar a la comunidad.

Ha tenido experiencia como docente en instituciones educativas de nivel preescolar, primaria y preparatoria, impartiendo talleres o clases de artes, español e inglés; además de ser aficionado a los videojuegos, las series y el cine.

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