El catrín de La Goleta: historias de terror y leyendas de Saltillo

El catrín de La Goleta: historias de terror y leyendas de Saltillo

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¿Quién sigue recorriendo de madrugada la calle Bolívar en un carruaje que debería haber desaparecido con su dueño?

Saltillo
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En Armillita, entre la privada Harlan y Corona, las bodegas del antiguo molino de La Goleta tenían un silbido que algunos vecinos escuchaban por las noches. Era bajo, sostenido. Quien pasaba podía detenerse a buscar de dónde venía, seguir los pasos junto al muro y quedarse oyendo.

El molino había dejado de trabajar. En sus galerones se instalaron otras empresas y hubo hombres encargados de vigilarlos cuando los empleados se iban. Uno de ellos se llamaba Rosalío. Le decían Chalío.

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Una noche de noviembre, en los años cincuenta, vio salir a un perro de una de las bodegas. El animal huyó. Chalío fue hasta la esquina del galerón y encontró a un hombre vestido con ropa elegante, de una moda que ya había pasado. La cara tenía un color amarillento. Despedía una claridad que permitía verla en la oscuridad del patio. El hombre avanzó y el velador alcanzó a notar que sus pies no se apoyaban en el suelo.

Chalío se quedó mirándolo. La figura recorrió un tramo y desapareció en uno de los contrafuertes.Para un velador, perder de vista a alguien dentro de las bodegas significaba tener que buscarlo. Había que comprobar por dónde entró, qué puerta estaba abierta, si se había quedado escondido. Chalío acababa de verlo meterse en una parte del edificio que no podía abrirse. Al día siguiente pidió al gerente que lo mandara a otras bodegas.

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Los vecinos atribuían la aparición a un antiguo propietario, aunque nadie podía asegurarlo. También hablaban de poleas que se oían funcionar y de aquel silbido tenue, largo, que llegaba desde los galerones.

El relato no dice cómo pasó Chalío las horas que faltaban para que amaneciera. Queda el patio después de la aparición, con el velador todavía adentro. Para salir tenía que volver a caminar. El perro ya había encontrado por dónde irse.

¿En dónde se dice que ocurrió esta historia?
En las bodegas del antiguo molino de La Goleta, en Armillita, entre la privada Harlan y Corona.

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Carlos Eduardo Martínez Mirón (1992), editor y escritor con experiencia en diversos medios informativos, colaborando en las secciones de negocios, tecnología, internacional, entre otros. Ha trabajado como corrector y coeditor en proyectos editoriales tanto científicos como culturales, además de publicar obra propia y colaborar como ghost writter en títulos a nivel nacional.

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