La lealtad de la despensa política en Coahuila: ¿un voto en bolsa?

La lealtad de la despensa política en Coahuila: ¿un voto en bolsa?

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Arroz, frijol, harina y aceite aparecen una y otra vez en despensas entregadas por distintos partidos. Detrás de productos casi idénticos emerge una historia que combina alimentación, logística y una de las prácticas más duraderas de la política mexicana.

Saltillo
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Alguna vez vi a un político bailar cumbias en mi colonia. Daban globos, juguetes, “calcas” y despensas. Estas últimas eran repartidas por señoras muy conocidas en el barrio, cuando el barrio todavía se sentía como barrio. A mis tías les llegaron a tocar algunas de esas despensas en cajas; hasta seis se apilaban en la cocina de mi abuela. Tardaban un rato en usarse, pero al final siempre se terminaban.

Hace un par de semanas me tocó recibir mi primera despensa —con fines de investigación, aclaro— como parte de una invitación para simpatizar con un nuevo partido. No “para votar”, pero sí para considerarlo como una opción política a futuro. —¡Ja!—.

De manos de unas personas muy amables recibí una bolsa de plástico semitransparente, un poco pesada y amarrada con un cincho de plástico. Adentro había arroz, frijol, harina, aceite, avena y dos latas de atún. Nada muy distinto de cualquier compra básica de supermercado.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/conoce-a-los-candidatos-del-distrito-16-de-coahuila-PC21109633

Sin embargo, no solo se abrió frente a mí una bolsa, sino un par de preguntas que un par de latas de atún no podían responder: ¿así son todas las despensas que entregan los partidos y por qué estas siguen formando parte de la vida política mexicana?

Comencé a buscar otras despensas para hacer una comparación sencilla. Las conseguí. Ya tenía la de Nuevas Ideas; pronto encontré una de Morena y luego una del PRI, la más difícil por un tema de miedo al preguntar para qué la quería.

$!Tres bolsas, tres colores, una misma fórmula: al compararlas, las diferencias partidistas parecen pesar menos que la repetición de los productos básicos.

La muestra, por supuesto, no agota todas las despensas que pueden circular en la vida política local. Además de los partidos mencionados, este fin de semana participan en la contienda PAN, Partido Verde, PT, UDC, Movimiento Ciudadano y México Avante.

Seguramente existen apoyos similares entregados por estas fuerzas, por otros grupos o por redes territoriales. Las tres bolsas analizadas funcionan aquí como una muestra representativa: no permiten describir todo el sistema, pero sí observar una fórmula que se repite con claridad.

Fotografié cada una y las abrí para compararlas. Mi expectativa era encontrar diferencias contundentes entre ellas, pero ocurrió lo contrario: las tres eran sorprendentemente parecidas.

En las tres aparecían como base el arroz, el frijol, la harina y el aceite. También la avena, las pastas y el papel higiénico.

Morena añadía café, azúcar y cereal.

$!La variedad amplía la sensación de apoyo, pero mantiene intacta la fórmula: productos baratos, duraderos y pensados para circular con facilidad.

Nuevas Ideas apostaba por la proteína enlatada.

$!Una despensa compacta, de bajo margen y utilidad inmediata: suficiente para estar presente, no necesariamente para resolver una carencia de fondo.

El PRI, en cambio, incluía leche en polvo y una mayor cantidad de pasta.

$!La despensa conserva una lógica asistencial de larga duración: alimentos que rinden, se almacenan y reproducen una relación política ya conocida.

Pero detrás de esas variaciones existía una estructura común que parecía entrar en una repetición sin importar quién o quiénes entregaran la bolsa.

Esto ya tiene muchos años.

Diría que se podría armar un Museo de la Despensa Mexicana: cómo cambia cada año, desde la antigüedad hasta las campañas modernas. Durante décadas, partidos políticos, gobiernos, sindicatos, asociaciones civiles y hasta organizaciones religiosas y criminales han utilizado apoyos alimentarios para atender necesidades inmediatas de la población.

$!En la sátira (o un México no tan lejano) del Museo de la Despensa Mexicana, los apoyos alimentarios aparecen como piezas de una colección histórica: cambian los empaques, pero no siempre cambia la lógica del intercambio.

Las despensas se volvieron parte del paisaje cotidiano mexicano mucho antes de que aparecieran las redes sociales, los influencers políticos o las campañas millonarias digitales.

Sabemos, todos lo decimos, que las despensas adquirieron una carga política que se resume en la sencilla frase de “compra de votos”. Sin embargo, especialistas en este tipo de comportamiento electoral señalan que es más complejo.

Para que exista coacción electoral tendría que demostrarse una condición explícita entre el apoyo recibido y el voto emitido. En la práctica, muchas de estas relaciones funcionan de formas convenientemente más ambiguas.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/mas-de-24-millones-de-ciudadanos-podran-votar-en-la-eleccion-legislativa-de-coahuila-FB21137323

El periodista Carlos Arredondo Sibaja plantea una interpretación distinta. No ve estos apoyos como un mecanismo simple de compra de votos, sino como herramientas de construcción de lealtades.

Esto se debe a que no operan necesariamente durante una sola campaña, sino que forman parte de relaciones que, como una lona de político, se mantienen con el tiempo, permitiendo a los partidos conservar presencia en colonias y comunidades.

Esto coincide con investigaciones académicas realizadas en Saltillo. La politóloga Flavia Freidenberg documentó cómo políticos, intermediarios y ciudadanos construyen redes de intercambio clientelar por donde circulan bienes materiales y simbólicos.

En ellas no solo se intercambian productos; también se “truequean” favores, cercanía, información, protección y expectativas de ayuda futura. ¿Quién será “El Padrino” en toda esta red?

Desde esa perspectiva, la despensa deja de ser solo una bolsa de alimentos. Con el paso del tiempo se volvió un objeto político que, además de alimentar, comunica.

Dice quién llegó primero, quién estuvo presente y quién quiere seguir habitando la memoria de una comunidad cuando surja una necesidad.

Junto a este “sistema” también resalta otra historia: la de la alimentación. Al analizar nutricionalmente los productos incluidos encontré una misma lógica. Todas las bolsas buscan proporcionar calorías suficientes mediante alimentos baratos, duraderos y fáciles de preparar.

La energía la aportan el arroz, la pasta y el aceite. El frijol da proteína vegetal y el atún, proteína animal. Si estos productos se combinan, permiten alimentar a una familia durante varios días. Pero, cuando se comparan con las Guías Alimentarias Saludables para la población mexicana, las limitaciones saltan a la vista.

Las bolsas dejan fuera frutas y verduras. No incorporan perecederos como huevo, pollo o leche fresca. Tampoco contienen una diversidad suficiente de fuentes de proteína. Técnicamente, desde el punto de vista nutricional, ninguna puede considerarse una despensa equilibrada.

La despensa del PRI representa el modelo más tradicional. Incluye más pasta, leche en polvo —sin estroncio ni cesio; cof, cof, Conasupo de los años 80— y productos hechos para rendir más tiempo. Es casi igual a los programas alimentarios que durante décadas buscaron maximizar la cantidad de alimentos disponibles con un presupuesto limitado.

En cambio, la de Morena apuesta por una mayor variedad. Además de lo básico, agrega café —aunque no del Bienestar—, azúcar y cereal para desayuno. No necesariamente mejora el perfil nutricional, pero sí incorpora hábitos de alimentación del día a día de muchos hogares mexicanos.

Con esto en mente, la de Nuevas Ideas me quedó a deber con su austeridad, pese a que destina una mayor proporción a proteína enlatada. Dos latas equilibran un poco los nutrientes disponibles. Pese a esto, sigue formando parte de la misma lógica de las otras dos despensas.

Aquí hago un énfasis en una despensa que ya no me pudieron prestar porque una rata le había hecho un agujero para comerse la harina. Con ello agrego otro elemento para explicar por qué las tres primeras bolsas son parecidas: la logística.

Todos los productos incluidos pueden almacenarse durante semanas o meses sin refrigeración. Todos soportan largos periodos en bodegas —siempre que no tengan ratas o ratones— y todos facilitan el transporte y la distribución. Por ello la ausencia de frutas, verduras y proteínas frescas.

Si estas despensas fueran a cambio de un voto, ¿valdría tan poco la democracia? Así, a ojo de buen cubero —cotejando con precios en internet—, las despensas rondan entre 260 y 350 pesos. Ya ni siquiera los 500 pesos que se juraba que daban en las urnas electorales por un dedo con tinta borrable.

Al menos un partido sí superó el salario mínimo diario... por 35 pesos. Aunque, si dan una o dos al mes, más huevo, láminas y tinacos, quizá estaría dispuesto a bailar con la Ronda Bogotá, así, sin Celso Piña...

Ahora me doy cuenta de que, después de abrir las tres bolsas y compararlas, revisar estudios académicos y consultar especialistas, la conclusión es un tanto menos partidista de lo que pensé. Sí, hay diferencias, pero pocas. Son diferentes los partidos, los colores, los logotipos.

Pese a esto, la fórmula de la despensa es casi la misma. Buscan garantizar que una familia tenga algo que comer cuando hay pocos recursos. Quizá no importa tanto quién entrega la bolsa, sino cómo esa bolsa ha persistido a lo largo del tiempo, pese a gobiernos, campañas y generaciones enteras alimentadas con una caja o una bolsa transparentosa con productos básicos, muy básicos.

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Carlos Eduardo Martínez Mirón (1992), editor y escritor con experiencia en diversos medios informativos, colaborando en las secciones de negocios, tecnología, internacional, entre otros. Ha trabajado como corrector y coeditor en proyectos editoriales tanto científicos como culturales, además de publicar obra propia y colaborar como ghost writter en títulos a nivel nacional.

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