La mecedora de la Directora: historias de terror y leyendas de Saltillo

La mecedora de la Directora: historias de terror y leyendas de Saltillo

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¿Cuántas más historias y leyendas tiene esta centenaria escuela en el Centro Histórico de Saltillo?

Saltillo
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Afuera de la dirección de la Escuela Miguel López Ávila, en el Centro de Saltillo, una mecedora conserva la costumbre de Guillermina. La exdirectora solía sentarse en ella durante largos ratos. Años después, una docente contó que habían visto moverse la silla. El testimonio quedó recogido entre las apariciones del plantel, el de las calles Hidalgo y Corona.

Una mecedora vacía tarda en llamar la atención. Alguien pudo haberse levantado para contestar el teléfono o buscar un documento. Todavía queda ese vaivén que dejamos en los muebles al salir de un cuarto. En una escuela siempre hay algo más urgente que sentarse a verlo terminar.

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Pero desde la puerta de un salón se puede observar el asiento. La madera avanza, vuelve. Debajo queda una franja de piso que se descubre y se tapa. Uno mira hacia la dirección esperando que salga la persona que estaba ahí. Puede llevar un papel para firmar o una llave que necesita devolver. Se queda con eso en la mano mientras busca a quién hablarle.

La silla vuelve a inclinarse. Basta acercarse para comprobar que está vacía. Se ven el respaldo y los brazos; entre ellos no hay ningún cuerpo. Sin embargo, uno procura rodearla con el cuidado que tendría si alguien estuviera descansando. Hasta parece una grosería poner encima la carpeta.

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Las maestras conocían la historia del mueble y recordaban el nombre de Guillermina. Para quien llega por primera vez, la explicación es que ahí se sentaba la directora. Después tiene que volver a su salón, pasar lista, continuar la mañana.

La mecedora queda afuera de la oficina. Al salir, uno vuelve a mirar. Quiere encontrarla quieta para atribuir lo anterior a un empujón, a alguien que pasó demasiado cerca. Se demora acomodando los papeles. Espera un poco más.

Cuando al fin cruza junto al asiento, recoge el brazo que llevaba suelto. Le ha quedado la impresión de que podría tocar una mano.

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Carlos Eduardo Martínez Mirón (1992), editor y escritor con experiencia en diversos medios informativos, colaborando en las secciones de negocios, tecnología, internacional, entre otros. Ha trabajado como corrector y coeditor en proyectos editoriales tanto científicos como culturales, además de publicar obra propia y colaborar como ghost writter en títulos a nivel nacional.

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