Las monedas de oro que regaló Miguel Hidalgo en Saltillo: una historia que sobrevive de boca en boca
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El historiador Carlos Recio explica que la versión sobre el insurgente Miguel Hidalgo arrojando monedas desde un balcón pertenece a la tradición oral, aunque está relacionada con la casa donde se hospedó en 1811.
Una historia transmitida de generación en generación cuenta que Miguel Hidalgo arrojó monedas de oro desde el balcón de una casa de Saltillo para entregarlas a los habitantes de la villa durante su paso en 1811. Sin embargo, el episodio no cuenta con un documento que permita comprobar que ocurrió.
De acuerdo con el historiador Carlos Recio Dávila, profesor investigador de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), la versión está ligada a la casa donde se hospedó Hidalgo, ubicada en la esquina de las actuales calles de Hidalgo y Aldama.
UNA HISTORIA QUE SE SIGUE TRANSMITIENDO
Recio explicó que el inmueble pertenecía a Manuel Royuela, tesorero real, y que en su vivienda se almacenaban recursos provenientes de impuestos recaudados incluso en zonas de Nuevo León y San Luis Potosí. “Y Miguel Hidalgo, de acuerdo a la tradición, en un momento dado, al encontrar esa gran cantidad de oro, se sube a uno de los ocho balcones del segundo piso y arroja monedas de oro a los saltillenses, para que se adhieran a la causa”.
El historiador aclaró que la escena forma parte de un relato que ha permanecido en la memoria de los saltillenses y que no existe, al menos en Saltillo, un documento escrito que dé testimonio de ella. “Sino que es algo que ha pues trascendido de boca en boca, a través de las generaciones”, apuntó.
LA CASA DE HIDALGO Y EL SALTILLO DEL SIGLO XIX
La casa contaba con un segundo piso y varios balcones hacia la calle. El edificio fue destruido y actualmente existe otro inmueble en el sitio, mientras que la placa que recordaba la estancia de Hidalgo fue cambiada de lugar.
La estancia de Hidalgo en Saltillo ocurrió después de la derrota insurgente en Puente de Calderón, cuando el movimiento buscaba avanzar hacia Estados Unidos para adquirir armas. Recio señaló que existen distintas versiones sobre la fecha exacta de su llegada: algunas la ubican el 28 de febrero de 1811 y otras el 5 de marzo, por lo que su permanencia habría sido de entre 11 y 17 días. Durante ese período, los líderes insurgentes permanecieron en distintos puntos alrededor de la Plaza de Armas.
Recio señaló que Saltillo era entonces una villa de menos de 10 mil habitantes y un importante punto comercial y de tránsito hacia Monterrey, Tampico y San Antonio Béjar, más que un sitio de importancia militar.
Entre los hechos documentados de la estancia de Hidalgo se encuentra el rechazo a un indulto ofrecido por el virrey Venegas. Para Recio, este episodio representa uno de los momentos más importantes de su paso por la ciudad. Además, Saltillo formó parte de la ruta que siguieron los insurgentes antes de ser capturados en Acatita de Baján. Recio explicó que un grupo encabezado por Ignacio López Rayón tomó otra ruta hacia el sur y posteriormente continuó la lucha insurgente.
Para imaginar cómo pudo ser la ciudad durante la estancia de Hidalgo, el historiador señaló que Saltillo era pequeña, con calles sin pavimentar y construcciones principalmente de adobe. La iluminación nocturna era prácticamente inexistente y alrededor de la Plaza de Armas había casas de gruesos muros, patios, corrales y huertas. “El pavimento en esa época eran piedras redondas, las piedras de canto redondeadas de los arroyos”.
DE SALTILLO A ACATITA DE BAJÁN
El paso de Hidalgo por Saltillo formó parte de la huida insurgente hacia el norte después de las derrotas sufridas frente a las fuerzas realistas. El objetivo era atravesar Coahuila y llegar a Texas, entonces territorio de la Nueva España, para buscar armas que permitieran continuar la rebelión.
De acuerdo con información recopilada previamente por VANGUARDIA en Historias de Saltillo, el 16 de marzo de 1811 los insurgentes dejaron la entonces Villa de Santiago rumbo a Monclova. En su recorrido pasaron por la Hacienda de Santa María, en el actual municipio de Ramos Arizpe, donde, de acuerdo con referencias históricas, Hidalgo ofició la última misa de su vida. Días después, el contingente fue emboscado en Acatita de Baján por las fuerzas del coronel realista Ignacio Elizondo. Hidalgo y otros dirigentes fueron hechos prisioneros y posteriormente trasladados a Chihuahua.
Así, aunque la escena de las monedas permanece sin confirmación documental, forma parte de las historias que han acompañado la memoria del paso de Hidalgo por Saltillo y que permiten reconstruir el contexto de aquellos días de 1811.