¿Quién visita hoy el Museo de la Cultura Taurina? El reto de atraer a nuevas generaciones en Saltillo
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El recinto cultural recibe entre mil 600 y 2 mil 200 visitantes mensuales y busca fortalecer su presencia mediante talleres, actividades interactivas y exposiciones temporales
El Museo de la Cultura Taurina de Saltillo busca mantenerse vigente como un espacio de memoria histórica, reflexión y difusión cultural.
Este recinto —inaugurado el 25 de julio de 2009— resguarda y narra la relación histórica entre el ser humano y el toro, una convivencia que se remonta a tiempos antiguos y que ha influido en distintas expresiones artísticas como la literatura, la pintura, la fotografía, el cine y la danza.
Víctor Humberto Salazar Arellano, encargado del museo, explicó que el objetivo principal del recinto no es promover corridas de toros, sino preservar y difundir una parte del patrimonio cultural e histórico de Saltillo y de México.
“Hablar de historia es importante, preservarla es todavía más importante, nos guste o no el tema. El museo cumple esa función: conservar las raíces culturales y explicar cómo se ha dado esta relación entre el toro y el hombre a lo largo del tiempo”, señaló.
UN MUSEO ÚNICO EN LATINOAMÉRICA
El Museo de la Cultura Taurina cuenta con cinco salas permanentes, organizadas bajo un guion museográfico que lleva al visitante desde las primeras interacciones entre el hombre y el toro, hasta las expresiones culturales contemporáneas relacionadas con la tauromaquia.
Además, dispone de dos salas temporales, abiertas a exposiciones de artistas y colectivos, incluso ajenos al ámbito taurino.
Salazar Arellano destacó que el museo es único en su tipo en Latinoamérica, lo que ha permitido recibir no solo a aficionados taurinos, sino también a estudiantes de primaria, secundaria y universidad, turistas nacionales y extranjeros, así como visitantes locales que se acercan por interés histórico o cultural.
En términos de afluencia, el museo registra entre 1,600 y 2,200 visitantes mensuales durante la mayor parte del año, con una baja natural en diciembre. Para fortalecer el interés del público, se realizan talleres, actividades vacacionales y dinámicas interactivas dirigidas principalmente a niñas, niños y jóvenes.
No obstante, uno de los principales retos sigue siendo la difusión, ya que, a 16 años de su apertura, aún hay habitantes de Saltillo que desconocen la existencia del recinto.
LA CRIANZA DEL TORO DE LIDIA: UNA TRADICIÓN VIVA
La cultura taurina no solo se preserva en museos, sino también en el campo. Fernando Lomelí Valero, ganadero y criador de toros de lidia en Coahuila, representa una tradición familiar que se remonta a 1938, cuando su abuelo inició la ganadería Corlomé.
Para Lomelí, la crianza del toro de lidia implica un compromiso profundo con la naturaleza y el bienestar animal. Explica que este animal vive entre cuatro y cinco años en libertad, muy por encima del promedio de otras especies de ganado destinadas al consumo humano.
“Es el animal criado por el hombre que mejor vive. Vive libre, en su entorno natural, con cuidados constantes, sanidad, alimentación adecuada y respeto a su naturaleza”, afirmó.
El proceso de crianza es largo y complejo: desde la selección genética de madres y sementales, la protección ante depredadores, el manejo sanitario, hasta la separación de los becerros y su desarrollo en amplios potreros. Lomelí subrayó que esta actividad también contribuye a la conservación del ecosistema, al preservar flora, fauna y una especie que, asegura, difícilmente existiría sin esta práctica.
CULTURA, DEBATE Y MEMORIA HISTÓRICA
Ante un contexto social donde la tauromaquia genera opiniones encontradas y restricciones legales en algunas regiones, tanto el museo como los ganaderos coinciden en la importancia de no borrar la historia, sino comprenderla.
“El museo no entra en debates. No estamos aquí para tomar postura, sino para hablar del pasado, de la historia y de la cultura”, puntualizó Salazar Arellano.
Por su parte, Lomelí consideró que la tauromaquia forma parte del mestizaje cultural mexicano y que, durante décadas, las plazas de toros funcionaron como espacios de convivencia comunitaria en muchos municipios de Coahuila.
Ambas visiones coinciden en que la reflexión informada y el conocimiento histórico son claves para que las nuevas generaciones decidan cómo relacionarse con este legado cultural.