Saltillo, lugar del último fusilamiento militar en México

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La pena de muerte en el país antecede a la época prehispánica, y como sentencia militar, terminó en la capital coahuilense

Saltillo
/ 11 abril 2021

En 1961 fusilaron a José Isaías Constante Laureano, un soldado de 28 años. Fue el último fusilamiento militar del que se tenga referencia oficial en México y ocurrió en Saltillo, Coahuila.

Las versiones de su caso se contradicen en los pormenores del hecho porque en ese entonces la información se manejó con hermetismo. 

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El juicio militar de Isaías se llevó a cabo en el tribunal instalado en el edificio del hoy Museo de las Aves, en la calle Hidalgo. 

Los cargos: insubordinación y los asesinatos de su compañero Cristóbal Granados Jasso y el subteniente de infantería Juan Pablo MaDobecker.

El crimen tuvo lugar en San Luis Potosí. Isaías estaba ebrio cuando les quitó la vida con una carabina. 

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Al ser declarado culpable, sin saberlo, Isaías se adjudicaría el peculiar título de ser el último fusilado bajo el Código de Justicia Militar en México. 

El 9 de agosto de 1961, a las 04:30 horas, Isaías fue llevado al paredón de la Sexta Zona Militar, a la parte trasera de la penitenciaría del estado también conocida prisión militar, donde recluían y juzgaban a los soldados criminales.

Este lugar se ubicaba entonces en la manzana que está entre las calles Emilio Castelar, General Cepeda, Maclovio Herrera, y Dionisio García Fuentes, donde hoy se encuentra la Secretaría de Finanzas, en la Zona Centro. 

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El pelotón de fusilamiento fue conformado por ocho soldados de diferentes plazas militares. No se conocían entre sí. Tampoco conocían al prisionero. 

De las ocho balas a disparar, una sería de salva y esta podría estar en cualquiera de las armas. Con esto se buscó librar a los soldados de los cargos de conciencia por matar a un hombre. 

La última petición de Isaías fue que no le vendaran los ojos. Quería morir viendo el alba, y se lo concedieron.

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Con las armas listas, el encargado de dirigir dio la orden: Preparen... Apunten... ¡Fuego! Isaías murió al instante. 

Por disposición militar se prohibió la toma de fotografías. Los civiles tampoco pudieron presenciar el acto.

Después del fusilamiento, los integrantes del pelotón fueron remitidos a sus respectivas bases militares. De ellos y del cuerpo de Isaías no se supo nada más.

Fue en un breve comunicado de la Sexta Zona Militar que se dio a conocer el hecho:

“En cumplimiento al juicio de Isaías Constante Laureano, hoy fue pasado por las armas a las 6:00 de la mañana”, rescata Jorge Fuentes Aguirre en su libro “Saltillo insólito, cien años de sucesos extraordinarios”. 

Durante los días siguientes, en la ciudad corrieron varias versiones: que Isaías fue valiente en el momento; que salió desfallecido al paredón; que solo lamentó el dolor que esto causó a su madre. Nada que se pueda comprobar.

El día del fusilamiento los medios de comunicación locales trataron de indagar al respecto, pero se supo muy poco. 

Con motivo de la edición del libro “Saltillo insólito”, el periodista Javier Villarreal Lozano recordó lo complicada que fue la investigación del caso ya que habían pocos datos y sobre todo porque la fuente de información era prácticamente impenetrable.

Hace 59 años de que se llevó a cabo el último fusilamiento militar en México. Esto es relativamente poco tiempo si consideramos que la pena de muerte en el país antecede a la época prehispánica, cuando los Mayas, Aztecas y Purépechas recurrían a severlos métodos como descuartizamiento, decapitación, entre otros.    

A lo largo del tiempo la pena capital en México ha sido abolida y retomada en varias ocasiones. La desaparición de la pena de muerte en los estatutos legales fue paulatina. 

Con el fin de adecuar la legislación a los derechos humanos, fue hasta 2005 cuando el gobierno del presidente Vicente Fox abolió la pena de muerte y cualquier tipo de tortura en México. 

Ese año ocurrió lo mismo en el Código Militar: se suprimió la sentencia de muerte y se sustituyó por la pena de prisión de 30 a 60 años.

*Con información de Jorge Fuentes Aguirre, Javier Villarreal Lozano, Excélsior, El Universal y la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM*

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