Saltillo: Un paseo por la antigua calle del Cerrito

Saltillo: Un paseo por la antigua calle del Cerrito

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Crónica histórica de la antigua calle del Cerrito, hoy calle de Bravo, que detalla su origen en la traza colonial de Saltillo, las transformaciones urbanas que la consolidaron, las leyendas que alimentaron su identidad, la diversidad de nombres que tuvo a lo largo del tiempo y las historias de vecinos, edificios y personajes

Saltillo
/ 3 enero 2026
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En 1722 aparece en los documentos del cabildo de la villa de Santiago del Saltillo con el nombre de la calle de Mauleón. La vía descendía por la falda de un pequeño cerro que existía entre las actuales calles de Juárez y De la Fuente, de ahí su nombre. Once años después, en 1733, la referencia topográfica sirvió para nombrarla calle del Cerrito.

LOS PRIMEROS VECINOS

El 17 de agosto de 1733, don Buenaventura José de Espino vendió una casa con corral y huerta a Bartolomé de Lizarraraz y Cuéllar en doscientos dieciocho pesos. La propiedad quedaba en esta calle, rumbo norte a la hacienda de Santa Anna, más tarde conocida como de Los Rodríguez.

En 1762, Pedro de la Fuente Fernández pidió al cabildo un pedazo de tierra en la calle del Cerrito para levantar su casa, corral y huerta. Poco a poco, la zona se fue llenando de casas, en un paisaje que apenas comenzaba a dar forma a la villa española. La incipiente traza urbana se mezclaba con los caminos que conducían a ranchos y haciendas situados en extramuros. La verdad es que la villa nunca tuvo muros.

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LA LEYENDA DE LA CALLE DEL RELOX

El capitán Mathías Aguirre caminaba poco antes de la medianoche, iba de regreso a casa en la calle de Camposanto tras haber asistido a una boda en la calle de las Barras. La calle estaba oscura y desierta. Caminó calle arriba y se detuvo para fumar, justo atrás de la Parroquia de Santiago, pero no tenía cerillos; a unos pasos vio parado a un hombre encendiendo un cigarro. Se acercó: ¿Tendrá fuego? El desconocido asintió en silencio y le ofreció la llama. Don Mathías se retiró. Segundos más tarde, al sonar las campanadas de medianoche, don Mathías buscó su reloj de oro, que le había heredado su padre, para verificar la hora. ¡El reloj no estaba en la bolsa de su chaleco!

$!Don Mathias Aguirre despojando a un desconocido de su reloj, origen de una leyenda.

Furioso, regresó corriendo a buscar al hombre que le había encendido su cigarro. El desconocido seguía ahí en el mismo sitio, inmóvil. Sin dudarlo, el capitán sacó su daga de entre sus ropas y se la puso en el cuello: ¡El reloj! ¡Dámelo! El desconocido, con extraña calma, le entregó el reloj. Don Mathías lo arrebató y huyó. Al llegar a su casa, dejó lo que traía en los bolsillos sobre una mesa, encendió una vela y la luz reveló lo que había dejado sobre la mesa. Se quedó sin aliento; su sangre se congeló: había dos relojes idénticos. Uno era el suyo, que había olvidado esa mañana. El otro... era el que acababa de despojar a aquel hombre.

La culpa lo atormentó; no pudo dormir. Al amanecer, ordenó buscar al hombre para devolverle el reloj y pedirle perdón. Pero nadie había visto jamás a ese hombre. Nunca apareció.

La gente comenzó a murmurar que aquel caballero no era humano, sino una aparición enviada por el diablo para castigar la soberbia del capitán Mathías Aguirre, por acusar sin razón y atacar a un inocente.

Desde entonces, a ese tramo se conoce como la calle del Relox, recordatorio eterno de que la arrogancia y el juicio apresurado nos persiguen para siempre.

EL CALLEJÓN QUE SE VOLVIÓ CALLE

El historiador Pablo L. Cuéllar, en su libro La historia de la ciudad de Saltillo, relata un hecho que explica el origen de esta vía. La calle, que hoy es la importante calle de Bravo, comenzó como un callejón trasero destinado a dar servicio a los corrales de las grandes casonas de la actual calle Hidalgo. Por la calle del Cerrito entraban los coches y los animales de carga. Las familias adineradas tenían su fachada principal sobre la calle Real (hoy Hidalgo); el historiador explica que estas propiedades se extendían hacia el oriente hasta alcanzar la calle del Cerrito por su parte trasera.

Con el tiempo, cuando las propiedades adquirieron más valor, empezaron a construir casas en esos corrales. El callejón se volvió calle. El espacio de las huertas y corrales se transformaron en residencias típicas del centro de la villa, esto hizo que con el tiempo fuera una de las calles más señoriales de Saltillo.

En 1725, la Parroquia de Santiago contaba con un huerto que se extendía hacia la parte posterior del templo. Este huerto estaba cercado por una barda que daba hasta la calle Real de Santiago. La barda servía como límite donde terminaban dos calles perpendiculares: la calle del Cerrito al sur y la calle del Relox al norte. Estas calles no se conectaban entre sí debido a la presencia de la barda del huerto. La transformación urbana ocurrió décadas después. Tras las Leyes de Reforma (1855-1860), específicamente las leyes de desamortización que expropiaron bienes eclesiásticos, el huerto y la casa parroquial pasaron a manos del gobierno. Como consecuencia, se derrumbó parte de la barda que separaba ambas calles. Las calles del Cerrito y del Relox finalmente se unieron, creando una vía continua.

$!Astrónomo Carlos Modesto Rodríguez Tejada, quien descubrió un cometa que llevó su nombre.

UNA CALLE CON MUCHOS NOMBRES

Desde el siglo XVIII, por la misma calle, se habla también que había una torre de vigilancia, hecha de madera, por ello esta referencia sirvió también para llamarle calle de la Torre, En el siglo XIX trajo una explosión de nombres. En 1836, esa misma calle aparece con seis nombres distintos según el tramo: del Relox, del Factor, Bustamante, Patrocinio de Jesús, Compañía de Jesús, y todavía del Cerrito. Cada nombre hablaba de algo. Cuéllar Valdés lo precisa así: de Pérez Treviño hacia el norte, calle de Jesús; de Pérez Treviño al callejón de Santos Rojo, calle del Relox; del callejón a Juárez, calle del Sagrario; de Juárez a De la Fuente, calle del Cerrito; de De la Fuente a Escobedo, calle del Factor, nombre que probablemente se debe su origen a la función del “factor”: En la época colonial, el factor era un agente mercantil y administrador de la Corona española, encargado de cobrar impuestos, manejar operaciones comerciales ultramarinas y supervisar la Hacienda Real. Alguien importante vivió ahí.

En el México Independiente, los planos de 1835 y 1878 muestran que llegaba hasta la calle del Progreso, hoy Escobedo. Para 1902 se había extendido hasta la calle Praxedis de la Peña.

TANTÉATE

El 26 de noviembre de 1830, Pablo de la Peña solicitó el tanteo de una casa vendida por su pariente José María de la Peña. ¿Qué es el tanteo? Es importante distinguir que “el tanteo” no es lo mismo que “al tanteo”. El tanteo es un derecho preferente legal que permite a familiares, vecinos o colindantes adquirir una propiedad antes que personas extrañas, en las mismas condiciones ofrecidas a terceros. Su propósito es mantener la propiedad dentro del círculo familiar o comunitario, evitando ventas a foráneos. Por otro lado, “al tanteo tiene un uso coloquial en el habla cotidiana: se emplea para confrontar rumores o indirectas, preguntando si la persona tiene hechos concretos o solo “tantea”. Patrañas, al fin y al cabo, ¿sabes algo o hablas al tanteo?

En 1873 recibió su nombre actual: calle de Bravo, en honor al insurgente Nicolás Bravo. No dudo que la gente haya seguido llamándole por sus viejos nombres durante décadas.

VECINOS NOTABLES

El cronista Eduardo Valverde Prado, que en los años cincuenta escribió sobre esta calle, recogió historias que dan rostro al pasado. En la casa número 106 de la actual calle de Bravo vivieron primero las señoritas Santa Cruz. Después fue hogar del Obispo de la Diócesis de Saltillo, el doctor don Luis Guízar Barragán.

En la pequeña casa del número 225 vivió doña Elena López viuda de Botello, nacida en 1866. Valverde Prado recogió sus memorias cuando era una viejita de 82 años. Su padre fue Antonio López, un sastre de gran fama en Saltillo. Su madre, Juana Ocaña. Recordaba a su esposo, Pedro Botello, tenedor de libros. La propiedad original de su padre se extendía desde la esquina de Bolívar. Con el tiempo vendieron la huerta hasta quedarse solo con la casita. Doña Elena decía con serenidad: “aquí han muerto todos mis familiares y tengo la seguridad de que aquí moriré yo también”.

Doña Elena recordaba un pino que había en esa huerta. Se decía que bajo sus raíces había un tesoro enterrado, porque servía como punto de correo con el mineral de Mazapil. Donde antes estaba la fértil huerta del padre Martínez, en 1900 se levantó la cárcel para mujeres, agregó la señora Elena López.

En la casa 229 sur, don Porfirio Valdés comenzó con un pequeño taller de zapatería que, con el tiempo, se convirtió en una gran fábrica de calzado, una de las primeras de Saltillo. En la esquina de Bravo y De la Fuente, don Félix Castillo estableció su tienda de abarrotes “La Reforma”, uno de las mejores tiendas de abarrotes que existió en la primera mitad del siglo XX.

LOS TALENTOS DE LA FAMILIA RODRÍGUEZ TEJADA

La calle fue imán para mentes brillantes. Valverde Prado documentó especialmente a la familia Rodríguez Tejada, cuyos miembros dejaron huella profunda en Saltillo. Carlos Modesto Rodríguez Tejada, nacido en 1884, fue un notable astrónomo y matemático. Tras largas noches de estudio, se dio cuenta de que un cometa estaba próximo a aparecer. Envió un telegrama al Director del Observatorio Nacional, el señor De León, quien confirmó rápidamente el estudio. Fue De León quien bautizó al astro como “Cometa Rodríguez”. Minutos después, el astrónomo francés Barilli lo observó desde París y felicitó a Carlos Rodríguez por su descubrimiento.

Su hermano Manuel Rodríguez Tejada estudió en el Conservatorio Nacional de Música. Dominó con maestría el órgano, el piano, el violín y el violonchelo. Compuso una Misa a San Antonio. Fue catedrático en el Ateneo Fuente de la cátedra de raíces grecolatinas y literatura.

Otro miembro fue Jesús Rodríguez, un magnífico tallista en madera que se perfeccionó en Toluca. Se unió a la Revolución al lado del general Felipe Ángeles. Josefa Rodríguez fue profesora en la escuela número uno para niñas. Matilde Rodríguez ingresó como religiosa de las Damas del Sagrado Corazón y llevó su vocación a Nueva Orleans, Lima y San Luis Potosí.

$!Grabado de la antigua calle del Cerrito.

En la casa de Bravo 418 vivió por muchos años don Severiano Mora, director de la Imprenta de Gobierno. Después ese lugar se convirtió en la escuela número 2 para niños. La casa contaba con unas pilas para baño que a principios del siglo XX fueron famosas.

LOS EDIFICIOS QUE MARCARON LA CALLE

En la esquina con Praxedis de la Peña estuvo la cárcel de mujeres. En la acera opuesta, al fondo del terreno del antiguo colegio de la Inmaculada Concepción y del Asilo Guadalupano.

Entre Escobedo y De la Fuente estuvo la fábrica de calzado de don Porfirio Valdés. En la acera opuesta, el Templo Presbiteriano, que después fue reconstruido.

La esquina suroeste con Juárez guarda historia. Ahí está la casa donde vivió el Presidente Benito Juárez en 1864, propiedad de doña Petra Valvaceda, después sede del Hotel Filopolita, después fue el Colegio religioso La Paz. Luego lo ocupó el Obispado hasta 1971, posteriormente sede del Archivo del Estado, hoy Recinto de Juárez.

En la esquina con Aldama estuvieron por muchos años la comandancia de la policía municipal. Frente a ellas se instaló después el museo del maestro pintor don Rubén Herrera.

La calle topa con la Escuela Miguel López, que la hace quebrar su curso a ambos lados.

La calle de Bravo lleva debajo del pavimento y la memoria los nombres: De Mauleón, de la Torre, Cerrito, Relox, Factor, Bustamante, Patrocinio de Jesús, Compañía de Jesús, Sagrario, Jesús. Un callejón de servicio que se volvió calle residencial.

Para la realización de este relato se consultaron las siguientes fuentes documentales:

Pablo M. Cuéllar Valdés, Historia de la ciudad de Saltillo (Saltillo, Coahuila, 1975; Universidad Autónoma de Coahuila, 1982, y edición facsimilar del Gobierno de Coahuila.

Eduardo Valverde Prado, crónicas sobre la calle del Cerrito (años cincuenta)

Archivo Municipal de Saltillo, documentos del cabildo (1722-1868)

saltillo1900@gmail.com

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