Sepultan en Múzquiz, Coahuila, a minero de Pasta de Conchos; analizan nuevos restos recuperados
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Mientras familiares acompañaron a Gilberto Ríos Salazar en su último adiós, un avión de la FGR lleva a CDMX otros restos biológicos para continuar con su identificación
MÚZQUIZ, COAH.- Después de más de 20 años de incertidumbre, la familia del minero Gilberto Ríos Salazar finalmente pudo darle sepultura en Múzquiz, Coahuila, mientras el proceso de recuperación e identificación de los mineros de Pasta de Conchos continúa con el traslado de nuevas muestras biológicas a la Ciudad de México para estudios forenses.
Ríos Salazar fue uno de los trabajadores que quedaron atrapados en la Mina 8 de Pasta de Conchos tras la tragedia ocurrida el 19 de febrero de 2006. Sus restos fueron recuperados durante los actuales trabajos de búsqueda y posteriormente identificados oficialmente por el Mando Unificado, permitiendo a sus familiares recibirlos y realizar las exequias.
El minero fue velado en el ejido La Mota y posteriormente trasladado al Panteón de Las Esperanzas, de Múzquiz, Coahuila, donde familiares, amigos e integrantes de la comunidad le dieron el último adiós. La ceremonia representó para sus seres queridos el cierre de una espera que comenzó aquella madrugada de febrero de 2006.
Mientras en la Región Carbonífera se realizaban las exequias, desde el Aeropuerto Internacional Venustiano Carranza, en Frontera, Coahuila, despegó una aeronave de la Fiscalía General de la República con destino a la Ciudad de México. A bordo viajaron familiares de trabajadores atrapados y restos biológicos recuperados durante las labores de búsqueda.
Las muestras serán sometidas a estudios especializados para determinar científicamente si corresponden a alguno de los mineros que todavía no han sido identificados. El procedimiento forma parte de la cadena de análisis que debe cumplirse antes de confirmar oficialmente la identidad de los restos.
El contraste entre ambos acontecimientos refleja el momento que atraviesan las familias de Pasta de Conchos. Mientras algunas han comenzado a recibir los restos de sus seres queridos y a cerrar una espera de dos décadas, otras permanecen pendientes de los resultados de laboratorio que podrían permitirles conocer finalmente el destino de sus familiares.
La tragedia dejó 65 trabajadores atrapados y se convirtió en una de las mayores tragedias mineras de México. Los trabajos de recuperación retomados años después han permitido localizar restos en el interior de la mina y avanzar gradualmente en su identificación y entrega.
Para la familia de Gilberto Ríos, la recuperación y posterior identificación significaron pasar de la incertidumbre a una despedida. Para quienes continúan esperando, cada nueva muestra recuperada representa la posibilidad de obtener una respuesta y concluir una búsqueda que comenzó hace dos décadas.