Después del Super Bowl LX: la fórmula ya no es secreta
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El Super Bowl LX no dejó una gran duda estratégica. La confirmó.
En una liga obsesionada con quarterbacks, receptores y playbooks cada vez más complejos, los últimos dos Super Bowls han sido decididos por algo mucho más básico: las trincheras. Y no solo el talento titular, sino la profundidad real de línea.
Hay un dato que debería bastar para encuadrar la discusión:
en 20 de los últimos 26 Super Bowls, el campeón registró más capturas que el perdedor. No es coincidencia. Es patrón.
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Presión sin blitz: el nuevo oro
El contraste del SBLX fue brutal.
Nueva Inglaterra blitzó 57.5% de las jugadas. Seattle, apenas 13.2%.
¿Resultado? Más sacks, más presiones y más control del juego para los Seahawks.
Lo mismo ocurrió el año pasado, cuando Filadelfia no blitzó y aun así capturó seis veces a Patrick Mahomes. La lección es clara: mandar más hombres no garantiza presión. Tener los hombres correctos, sí.
La defensa moderna que gana campeonatos es la que presiona con cuatro, rota constantemente y deja cuerpos frescos para el último cuarto. Eso no se logra con estrellas aisladas, sino con ocho o nueve linieros funcionales.
Seattle rotó nueve. Filadelfia hizo lo mismo un año antes.
Incluso un novato como Rylie Mills pudo impactar jugando apenas cinco snaps, porque el sistema y la profundidad se lo permitieron.
El efecto dominó
Esta fórmula tiene consecuencias inmediatas para el resto de la liga:
1. El valor real del roster se mueve al frente.
Las líneas ofensivas profundas ya no son lujo; son requisito de supervivencia.
2. El blitz excesivo queda expuesto.
Si no tienes personal para ganar uno a uno, mandar más solo desprotege el fondo.
3. La rotación defensiva es capital estratégico, no relleno de roster.
Por eso no sorprende que los Seahawks aparezcan como favoritos tempranos para 2027. El esquema de Mike Macdonald es sostenible porque no depende de heroicidades, sino de estructura y juventud. Tienen espacio salarial, una defensa élite y margen de crecimiento.
Del otro lado, Nueva Inglaterra vivió una gran historia, pero no necesariamente un modelo repetible. La historia de la NFL está llena de quarterbacks que llegaron una vez y nunca regresaron. El calendario se endurece, las necesidades ofensivas son reales y el margen de error desaparece rápido.
¿Qué sigue?
Lo que sigue después del Super Bowl LX no es una revolución táctica. Es algo más incómodo para muchos gerentes generales: invertir donde no se venden jerseys.
Las trincheras no generan highlights virales, pero están definiendo campeonatos.Y hoy, con dos Super Bowls consecutivos diciendo lo mismo, ya no es una teoría. Es una advertencia.
Quien no la entienda, llegará tarde.