Mundial 2026: del dominio de España al fracaso de Brasil, lo mejor y lo peor de la Copa
El torneo de 48 selecciones coronó a La Roja, reveló nuevos talentos y también exhibió las deudas deportivas, climáticas y económicas de la competencia
El Mundial 2026 terminó con España levantando su segunda Copa tras vencer 1-0 a Argentina, pero el primer torneo con 48 selecciones será recordado por mucho más que el gol de Ferran Torres al minuto 106.
Durante 104 partidos hubo récords, revelaciones, batacazos, problemas de organización y despedidas que marcaron el cierre de una era.
Lo mejor: España, un campeón casi intocable
La Roja pasó de aquel inesperado empate sin goles ante Cabo Verde a construir uno de los campeonatos más dominantes de la historia.
El equipo de Luis de la Fuente solamente recibió un gol en ocho encuentros, llegó a 38 partidos consecutivos sin perder y en la Final sometió a Argentina con 20 disparos, mientras la Albiceleste apenas consiguió el primero en los instantes finales.
España ganó por su presión, circulación y profundidad de plantilla. Nico Williams asistió, Ferran Torres definió y Rodri administró otra Final desde el mediocampo.
Además, el país se convirtió en el primero que mantiene simultáneamente los títulos mundiales varonil y femenil. No fue el campeón más espectacular en cada partido, pero sí el más completo, constante y difícil de vulnerar.
Lo peor: calor, precios y un Mundial poco accesible
El torneo mostró la capacidad de Norteamérica para organizar un evento gigantesco, aunque también exhibió sus contradicciones. Casi uno de cada cinco partidos se disputó bajo niveles de calor y humedad en los que el sindicato internacional de futbolistas recomienda considerar retrasos o suspensiones.
A ello se sumaron largos desplazamientos, superficies cuestionadas, horarios condicionados por la televisión y boletos fuera del alcance de buena parte de la afición.
En México, la reventa llegó a superar el millón de pesos para encuentros de alta demanda, mientras algunos accesos oficiales quedaron atrapados en un esquema de precios dinámicos.
El Mundial rompió récords de asistencia, pero también confirmó que vivirlo dentro de un estadio se convirtió en un privilegio.
Lo memorable: Cabo Verde conquistó al mundo
Entre gigantes, ninguna historia resultó tan entrañable como la de Cabo Verde. El debutante africano terminó invicto la fase de grupos, empató 0-0 frente a la posterior campeona España y avanzó a los dieciseisavos con apenas tres puntos.
Vozinha, portero de 40 años, realizó siete atajadas ante los españoles y se convirtió en el rostro de una Selección que no necesitó ganar para dejar huella.
Los Tiburones Azules se despidieron tras competir hasta el límite contra Argentina, pero confirmaron que la ampliación a 48 participantes también abrió espacio para relatos imposibles de imaginar en el formato anterior.
Lo olvidable: Panamá se marchó sin celebrar
La participación que más rápido querrá borrar una Selección fue la de Panamá. El conjunto canalero perdió sus tres partidos —1-0 ante Ghana, 1-0 contra Croacia y 2-0 frente a Inglaterra—, cerró con cero puntos y fue el único de los 48 participantes que no marcó.
Panamá se convirtió en el primer equipo desde 2010 que termina una Copa del Mundo sin goles y en el primero desde 2002 que combina cero unidades con una cuenta ofensiva en blanco.
En un torneo con 215 anotaciones únicamente durante la fase de grupos, su silencio frente al arco fue todavía más evidente.
La decepción: Brasil perdió su identidad
Alemania cayó desde los dieciseisavos, Portugal tampoco cumplió y Uruguay ni siquiera superó su grupo, pero ninguna eliminación pesó tanto como la de Brasil.
La llegada de Carlo Ancelotti alimentó la ilusión por la sexta estrella; el resultado fue una derrota 2-1 ante Noruega en Octavos de Final.
La Canarinha registró apenas 34 por ciento de posesión, su porcentaje más bajo en un Mundial desde que existen datos, y ofreció una versión reactiva, sin creatividad ni autoridad.
Vinícius, Endrick y Neymar no pudieron rescatar a un equipo que acumuló su peor actuación desde Italia 1990. Más grave que la eliminación fue la sensación de que Brasil dejó de jugar como Brasil.
La figura: Rodri gobernó la Copa
Kylian Mbappé ganó la Bota de Oro con 10 tantos y llegó a 22 en Mundiales, nuevo récord histórico, pero el futbolista que mejor explicó al campeón fue Rodri.
El capitán español recibió el Balón de Oro del torneo después de imponer el ritmo, recuperar, ordenar y convertir cada posesión en una herramienta de control.
Su influencia no siempre apareció en el marcador, aunque sí en cada partido importante. Rodri fue el punto de equilibrio de una España que atacó con paciencia y defendió casi siempre con la pelota. Mbappé fue el goleador; el mediocampista español, el dueño del Mundial.
La promesa: Gilberto Mora aceleró el futuro de México
Pau Cubarsí obtuvo el reconocimiento oficial al Mejor Jugador Joven, pero Gilberto Mora representó mejor la palabra promesa. Con 17 años y 240 días, se convirtió en el mexicano más joven que disputa un Mundial y completó los 14 pases que intentó durante su debut ante Sudáfrica.
Más tarde fue titular en la victoria sobre Ecuador, convirtiéndose en el segundo jugador más joven —únicamente detrás de Pelé— que inicia un encuentro de eliminación directa.
México encontró en Mora desparpajo, lectura de juego y una personalidad impropia de su edad. El Mundial no lo presentó como una curiosidad, sino como una pieza alrededor de la cual puede construirse el camino hacia 2030.
El Mundial más grande de la historia dejó más partidos, goles y aficionados que cualquier edición anterior. También dejó dudas sobre sus costos humanos y económicos.
España se llevó la Copa, Rodri gobernó el torneo, Cabo Verde encontró un lugar en la memoria y Gilberto Mora demostró que, incluso después de 104 encuentros, la historia apenas comienza.