NFL, contra las cuerdas: estudio revela CTE en al menos uno de cada cuatro exjugadores fallecidos

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La investigación relacionó la etapa más avanzada de la enfermedad cerebral con una mayor presencia de demencia y reabrió el debate sobre los golpes desde categorías infantiles

La NFL presume sus protocolos de seguridad, pero una investigación publicada en The BMJ lanzó una cifra incómoda al negocio deportivo más poderoso de Estados Unidos: al menos uno de cada cuatro exjugadores fallecidos entre 2016 y 2021 tenía encefalopatía traumática crónica (CTE), enfermedad degenerativa ligada con impactos repetidos en la cabeza.

La investigación de Mass General Brigham, Boston University y la Concussion & CTE Foundation identificó a 878 exjugadores que jugaron en la NFL y murieron en ese periodo.

De ellos, 235 donaron su cerebro; 215, el 91.4%, fueron diagnosticados con CTE. Como no se examinaron los otros 643, los investigadores establecieron en 24.5% la prevalencia mínima comprobada.

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Ése es el dato que sacude a la NFL: 24.5% no es una proyección alarmista, sino el piso matemático, pues supone que ningún jugador no estudiado tenía la enfermedad.

En contraste, la prevalencia posible alcanzaría 97.7%; los autores consideran improbables ambos límites y ubican la tasa real en algún punto intermedio. Tampoco es correcto afirmar que nueve de cada 10 exjugadores de toda la Liga desarrollarán CTE.

En la revisión de 2008 a 2021, 315 de 338 cerebros analizados (93.2%) presentaron CTE.

De 104 casos en etapa IV, 94 (90.4%) padecieron demencia; en términos ajustados, el CTE severo se asoció con una prevalencia 44% mayor de ese deterioro.

La polémica rebasa los domingos. Daniel Daneshvar, autor principal, advirtió que gran parte de los golpes acumulados ocurrió antes de la NFL: en el futbol americano juvenil, la preparatoria y la universidad.

Cerca del 70% de los impactos en la cabeza se registra durante entrenamientos. Su propuesta toca la estructura del deporte: reducir el contacto en las prácticas y evitar que niños jueguen con tackle.

La NFL respondió que trabaja para reducir conmociones e impactos y recordó los recursos médicos para retirados. La Asociación de Jugadores pidió mejorar seguridad, investigación, tratamientos y atención de por vida.

Pero la réplica deja una pregunta explosiva: ¿bastan los protocolos si el peligro no depende sólo de una conmoción visible, sino de miles de golpes rutinarios?

La investigación no establece que el CTE sea inevitable ni permite diagnosticarlo en jugadores vivos. Es retrospectiva y depende de donaciones no aleatorias: las familias que observaron síntomas podrían ser más propensas a entregar el cerebro.

Los recuerdos sobre memoria y conducta también pudieron tener imprecisiones. Aun así, el vínculo entre la etapa IV y la demencia refuerza que no es sólo una anomalía bajo el microscopio.

Junior Seau, Dave Duerson y Aaron Hernandez fueron diagnosticados después de morir, aunque eso no prueba que el CTE explique por sí solo sus decisiones o circunstancias.

El estudio cambia la escala del debate: mientras la NFL vende violencia controlada como espectáculo, la ciencia advierte que parte de la factura podría aparecer décadas después, cuando el único diagnóstico definitivo llega demasiado tarde: tras la muerte.

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Editor de deportes y especialista en temas relacionados al fútbol, basquetbol, wrestling y fútbol americano. Redactor web e impreso, con 10 años de experiencia en el periodismo. Con estudios en la Licenciatura de Ciencias y Técnicas de Comunicación en la Universidad Veracruzana y la Universidad Mexicana.


Ha laborado en diversas secciones de medios de comunicación impresa y digital. Actualmente es líder de EXTREMO en VANGUARDIA MX.

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