Sam Darnold: ¿cómo pasó de la intrascendencia al estrellato? Una historia de ‘cenicienta’
El quarterback de los Seattle Seahawks está listo para jugar su primer Super Bowl, algo que nadie hubiera imaginado hace unos años, jugando ‘basura’ junto con los New York Jets
Sam Darnold no llegó al Super Bowl LX como una casualidad ni como un simple beneficiario del sistema. Su presencia con los Seattle Seahawks en el partido más grande de la NFL es la culminación de una travesía marcada por la expectativa, el fracaso temprano, la crítica despiadada y, finalmente, la redención. Es la historia de un quarterback que aprendió a sobrevivir antes de aprender a brillar.
Su nombre comenzó a resonar con fuerza en el futbol americano colegial cuando se convirtió en el rostro de USC. Recluta de alto perfil, Darnold tomó las riendas de los Trojans en 2016 y rápidamente mostró una combinación poco común de brazo potente, movilidad y temple en momentos de presión.
En su etapa universitaria disputó 27 partidos, lanzó para 7,229 yardas, 57 touchdowns y apenas 22 intercepciones, números que lo colocaron entre los mejores quarterbacks del país. En 2017 fue finalista al Trofeo Heisman, consolidando su estatus como una futura estrella de la NFL.
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El salto al profesionalismo llegó en el Draft de 2018, cuando los New York Jets apostaron por él con la tercera selección global. Darnold, con apenas 20 años, se convirtió en el quarterback franquicia que debía rescatar a una organización sumida en años de irrelevancia.
Su debut fue prometedor: un pase de touchdown en su primer partido como titular. Sin embargo, el entusiasmo inicial se diluyó rápidamente. La falta de protección, un cuerpo de receptores limitado y constantes cambios de entrenador complicaron su desarrollo.
En tres temporadas con los Jets, Darnold acumuló 8,097 yardas, 45 touchdowns y 39 intercepciones, con un récord como titular de 13–25. Las estadísticas, frías y contundentes, alimentaron la narrativa de un quarterback incapaz de cargar con un equipo.
DE PROYECTO FALLIDO NO LO BAJABAN
Las críticas no tardaron en llegar. Fue etiquetado como un “error de draft”, un proyecto fallido, incluso un símbolo del caos estructural de los Jets. En Nueva York, Sam Darnold pasó de promesa a vilipendiado, cargando con culpas que muchas veces iban más allá de su desempeño.
Buscando un nuevo comienzo, fue enviado a los Carolina Panthers en 2021. Ahí tuvo destellos, pero también inconsistencias. En dos temporadas lanzó 18 touchdowns y 16 intercepciones, sin lograr afianzarse como la respuesta definitiva en la posición.
El punto de inflexión llegó en 2023, cuando aceptó un rol secundario con los San Francisco 49ers. Lejos de los reflectores, Darnold aprendió, observó y reconstruyó su juego, trabajando en la lectura defensiva y la toma de decisiones.
Y VINO EL MILAGRO QUE MINNESOTA NO SUPO APRECIAR
El renacer de Sam Darnold coemnzó con los Minnesota Vikings, organización que apostó por él cuando su valor en la liga parecía en su punto más bajo. Ahí, Darnold encontró estabilidad estructural, un cuerpo técnico comprometido con su desarrollo y un entorno mucho más funcional que el que había tenido en sus primeras experiencias como titular.
Aunque no llegó con la etiqueta de quarterback franquicia, Darnold aprovechó cada oportunidad. En su paso por los Vikings mostró una versión más disciplinada y eficiente, reduciendo errores y mejorando su lectura defensiva. Sus números reflejaron esa evolución: más del 65% de pases completos, una relación positiva entre touchdowns e intercepciones y actuaciones sólidas en partidos clave que mantuvieron al equipo competitivo en momentos críticos de la temporada.
Minnesota le devolvió algo fundamental: confianza. El vestidor reconoció su liderazgo y preparación, y la liga comenzó a verlo nuevamente como un quarterback confiable. Ese periodo con los Vikings fue el puente entre el Darnold cuestionado y el mariscal maduro que Minnesota no supo retener, entonces el destino le daría el lugar que le corresponde.
Silencioso, pero efectivo, comenzó su historia con los Seattle Seahawks. En la temporada regular, Darnold respondió con la mejor campaña de su carrera: 4,312 yardas aéreas, 32 touchdowns, 11 intercepciones y un rating de pasador de 101.4, liderando a Seattle a un récord de 12–5.
Más allá de los números, su liderazgo transformó al vestidor. Bajo un sistema que maximizó su movilidad y lectura progresiva, Darnold mostró paciencia, precisión y una confianza que antes parecía perdida.
En los playoffs, abrió con una victoria en la ronda de comodines, lanzando para 286 yardas y 3 touchdowns. En la ronda divisional volvió a ser clave con un cierre impecable en el último cuarto.
El momento cumbre llegó en el Campeonato de la NFC, donde guió a Seattle con 318 yardas y 2 pases de anotación, sellando el boleto al Super Bowl LX y completando una de las historias de resurgimiento más notables de la liga.
De ser señalado como un quarterback incapaz de ganar, Sam Darnold se convirtió en el arquitecto del éxito de los Seahawks. Su evolución no fue repentina, sino el resultado de años de golpes, aprendizaje y paciencia.
Hoy, su nombre ya no se menciona con ironía, sino con respeto. Darnold es el ejemplo de que el contexto importa, de que el talento puede florecer incluso después del fracaso.
El Super Bowl LX no solo representa una oportunidad de campeonato, sino la validación definitiva de un ascenso improbable. Sam Darnold, alguna vez vilipendiado en Nueva York, llega como estrella en Seattle, listo para cerrar el círculo de su carrera en el escenario más grande del deporte.