Seahawks llegan al Super Bowl LX: una temporada histórica para buscar el Vince Lombardi
Con récord de 14-3, la mejor defensiva de la NFL y un ataque top 3 en puntos, Seattle enfrenta a Patriots con un equipo de élite
Los Seahawks de Seattle construyeron en 2025 una de las campañas más dominantes de su historia y llegaron al Super Bowl LX con argumentos de campeón.
Su marca de 14-3 no solo les dio el título de la División Oeste de la NFC y el primer sembrado de la conferencia: también se convirtió en el mejor registro de la franquicia en una temporada regular de 17 partidos, un punto de referencia para el deporte de Seattle.
El sustento del éxito fue un equipo equilibrado. En ofensiva, Seattle promedió 28.4 puntos por juego, tercera mejor cifra de la NFL, y acumuló 4,860 yardas totales con producción por tierra y por aire.
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Del otro lado, la defensa permitió apenas 17.2 puntos por partido y se consolidó como la unidad más difícil de mover en yardas concedidas por juego.
Incluso en métricas avanzadas como DVOA, el rendimiento fue señalado como uno de los mejores que se recuerden dentro de la propia franquicia, por encima de estándares históricos.
En el centro del relato apareció Sam Darnold. Llegó con dudas tras etapas irregulares en otros equipos y terminó liderando a Seahawks de Seattle a la cima de la NFC. En temporada regular completó 323 de 477 pases para 4,048 yardas, con 25 touchdowns, 67.7% de efectividad y rating de 99.1.
Su gran “pero” fueron 14 intercepciones, el área que más se señaló como foco de mejora. En playoffs, sin embargo, firmó su argumento más fuerte: en el Campeonato de la NFC produjo 346 yardas y tres touchdowns sin intercepciones, sosteniendo el boleto al Super Bowl.
El otro rostro de la ofensiva fue Jaxon Smith-Njigba. En un año de transformación del grupo de receptores —con la salida de Metcalf y Lockett y la reconfiguración del plan de juego— se volvió el eje del ataque.
Lideró la NFL con 1,793 yardas recibidas, además de 119 recepciones y 10 touchdowns, fue All-Pro y ganó el Ofensivo del Año de la PFWA. Con él como motor, y con la llegada de Cooper Kupp como apoyo, el ataque tuvo explosividad y constancia.
El salto también tuvo firma de staff. El coordinador ofensivo Klint Kubiak convirtió a la ofensiva en una máquina eficiente y productiva, mientras que el entrenador en jefe Mike Macdonald consolidó un sistema defensivo élite en apenas su segunda temporada.
Macdonald pasó de 10-7 en 2024 a 14-3 en 2025, con un sello claro: paquetes de nickel y dime en más del 90% de las jugadas, presión generada por cuatro rushers y coberturas que forzaron errores. Su balance como head coach quedó en 24-10 en temporada regular, 2-0 en playoffs y un llamativo 14-2 como visitante.
En postemporada, Seahawks de Seattle aseguraron localía total y lo confirmaron con resultados contundentes. En la Ronda Divisional aplastaron 41-6 a 49ers de San Francisco, con una declaración de poder en ambos lados del balón.
En la Final de la NFC sobrevivieron a un duelo cerrado y vencieron 31-27 a Rams de Los Ángeles, con Darnold y Smith-Njigba como figuras (153 yardas y un touchdown del receptor).
Así, Seattle alcanzó su cuarta aparición en el Super Bowl y se citó con Patriots de Nueva Inglaterra en un cruce que remite al Super Bowl XLIX.
El juego terrestre también fue parte del plan. Kenneth Walker III lideró con 1,027 yardas, mientras Zach Charbonnet aportó 730 y 12 touchdowns, una dupla que sostuvo ritmo y control cuando el guion lo pidió.
Ya en playoffs, la lesión de Charbonnet redujo opciones, pero la identidad quedó clara: balance, reloj y castigo.
Defensivamente, la coordinación de Aden Durde terminó de darle forma al “muro” que llevó a Seattle hasta aquí: 17.2 puntos permitidos por juego, 3.7 yardas por acarreo concedidas y un perfil capaz de frenar tanto la carrera como el pase (cerca de 193.9 yardas aéreas permitidas por partido).
Con presión sin exceso de blitz y piezas que impactaron —como DeMarcus Lawrence— la unidad llegó al Super Bowl como la mayor carta de presentación.
Si algo completó el paquete fueron los equipos especiales. Jason Myers firmó una temporada de volumen récord para la franquicia: 48 intentos de gol de campo, con 41 aciertos, además de un disparo de 57 yardas que confirmó rango. Michael Dickson aportó control de campo como All-Pro de segundo equipo.
Y el factor diferencial fue Rashid Shaheed: amenaza real de touchdown en cada retorno, con anotaciones en kickoff y punt, un regreso de 100 yardas para touchdown y presencia de Pro Bowl como retornador.
En una final donde los detalles suelen decidir, Seattle llega con puntos, campo y explosividad también en esta fase.