Seattle levantó el Lombardi con puño de hierro: Seahawks domaron a Patriots en el Super Bowl LX
Como una marea que nunca retrocedió, los Seahawks impusieron su defensa, marcaron el ritmo del juego y apagaron cualquier intento de rebelión de Nueva Inglaterra para coronarse campeones del Super Bowl LX
Los Seahawks de Seattle se consagraron campeones del Super Bowl LX en el Levi’s Stadium de Santa Clara tras dominar con claridad a los Patriots de Nueva Inglaterra y levantar el trofeo Vince Lombardi con un marcador final de 29-13.
El dominio arrancó desde los primeros compases del partido. La defensiva de Seattle impuso condiciones desde la primera serie, limitó a los Patriots a apenas siete puntos en toda la noche y obligó constantemente a su ofensiva a jugar bajo presión, mientras el ataque de los Seahawks capitalizó oportunidades con goles de campo y anotaciones por tierra y aire.
El plan de juego fue ejecutado con precisión. Seattle desactivó la tradicional potencia ofensiva de Nueva Inglaterra, que pese a intentar mantenerse en el partido nunca encontró la fórmula para vulnerar el esquema defensivo rival ni para sostener series ofensivas largas.
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En una noche en la que la defensa fue la protagonista indiscutible, los Seahawks combinaron disciplina, lectura y agresividad en los momentos clave, junto a un férreo control del ritmo del juego, para imponerse en la final del futbol americano profesional y conquistar su segundo título de Super Bowl en la historia de la franquicia.
Desde el saque inicial, el encuentro fue un reflejo del control territorial ejercido por Seattle. La presión defensiva frustró los intentos ofensivos de los Patriots, mientras cada posesión favorable fue transformada en puntos o en ventaja de posición de campo.
Los primeros puntos llegaron gracias al brazo certero de Jason Myers, quien conectó goles de campo desde 33, 39 y 41 yardas, además de otro más en el tercer cuarto, construyendo una ventaja progresiva antes de que los Seahawks lograran culminar una ofensiva con touchdown.
Aunque el ataque terrestre, liderado por Kenneth Walker III, alcanzó las 135 yardas, fue el equilibrio entre el cuerpo de pateo, la línea ofensiva y la toma de decisiones lo que mantuvo a Seattle siempre en posición de anotar y controlar el desarrollo del partido.
Del otro lado, Nueva Inglaterra tuvo serias dificultades para encontrar ritmo. El mariscal Drake Maye fue presionado de manera constante, perdió posesiones en momentos críticos y no logró mover el marcador durante gran parte del encuentro, pese a que los Patriots llegaron al Super Bowl tras una temporada histórica en la que ganaron los nueve partidos como visitantes.
El contexto histórico añadió dramatismo al duelo. Este enfrentamiento representó una revancha indirecta del recordado Super Bowl XLIX, disputado 11 años atrás, cuando los Patriots se impusieron de manera dramática con una intercepción en los instantes finales.
Aquella herida permanecía abierta para Seattle, y esta vez el guion fue completamente distinto.
Tras el medio tiempo, la supremacía territorial de los Seahawks se mantuvo intacta. Seattle siguió ejecutando con paciencia y precisión, acercándose cada vez más a un cierre perfecto.
La prolongada sequía de puntos de los Patriots finalmente terminó en el último cuarto, cuando Maye conectó un pase profundo de 35 yardas con Mack Hollins para acortar la desventaja a 19-7, luego de casi 50 minutos sin anotar.
La anotación representó un breve destello ofensivo para Nueva Inglaterra, que hasta ese momento había librado una batalla constante contra una defensiva que forzó múltiples tres y fuera y controló el partido durante la mayor parte de la noche.
Sin embargo, cualquier intento de reacción fue neutralizado de inmediato. Seattle respondió con mayor contundencia y terminó de inclinar la balanza con otro gol de campo de Myers y un touchdown defensivo, producto de la presión constante sobre Maye, que provocó un error capitalizado por la secundaria y devuelto hasta la zona de anotación.
Ese golpe selló definitivamente el partido y desató la celebración en las gradas del Levi’s Stadium, dejando cifras lapidarias para cualquier intento de remontada.
Pese al esfuerzo tardío de los Patriots, el empuje final de Seattle confirmó la profundidad, disciplina y agresividad de un equipo que dominó el Super Bowl LX de principio a fin.
Con el 29-7 final, los Seahawks consolidaron una actuación completa en defensa, ataque y equipos especiales, cerrando una postemporada impecable y una temporada que culminó en lo más alto.
El trofeo Vince Lombardi regresó a Seattle 13 años después del primer título obtenido en la temporada 2013, reafirmando el crecimiento del proyecto y la ejecución colectiva de cada unidad.
Para Nueva Inglaterra, la derrota significó quedarse a las puertas de un histórico séptimo campeonato. El resultado no solo coronó a los Seahawks, sino que marcó un nuevo capítulo en la rivalidad entre ambas franquicias, esta vez con Seattle como protagonista absoluto.