Canadá demuestra que la explotación de gas natural no convencional no tiene que ser una apuesta de todo o nada, plantea Enrique Quintana

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La experiencia canadiense muestra que la fractura hidráulica puede mantenerse bajo controles ambientales estricto

El debate sobre la explotación de gas natural no convencional en México no debería plantearse como una discusión entre quienes están absolutamente a favor o absolutamente en contra de la técnica.

En una entrevista que realizó Gabriela Warkentin para su programa Así las cosas, Enrique Quintana, director general editorial de El Financiero explicó que la experiencia internacional demuestra que existen alternativas intermedias y que las decisiones energéticas deben responder a las circunstancias de cada país.

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En uno de sus análisis sobre el tema, el periodista pone como referencia el caso de Canadá. A diferencia de otros países que han optado por restringir severamente la fractura hidráulica, Canadá estableció regulaciones estrictas para controlar sus posibles efectos ambientales, incluyendo el monitoreo del agua, límites a las emisiones y controles durante la operación de los pozos.

La conclusión que plantea Quintana es que el fracking no desapareció en Canadá como consecuencia de las preocupaciones ambientales. La actividad fue sometida a reglas y mecanismos de vigilancia que buscan reducir sus riesgos.

Este antecedente adquiere relevancia para México debido a su situación energética. El país consume alrededor de 9 mil 100 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, mientras que su producción ronda los 2 mil 300 millones. El déficit se cubre principalmente mediante importaciones provenientes de Estados Unidos. Quintana advierte que esta dependencia representa una vulnerabilidad para la seguridad energética mexicana.

Desde esta perspectiva, el fracking aparece como una posibilidad que México no debería descartar de antemano.

Quintana ha señalado que el país cuenta con importantes recursos prospectivos de gas no convencional, pero también advierte que tener gas bajo tierra no significa automáticamente que sea rentable extraerlo. El costo de los pozos, la infraestructura necesaria, la disponibilidad de agua y las condiciones del mercado son factores que deben determinar si el recurso puede convertirse realmente en una fuente competitiva de energía.

El agua representa uno de los principales obstáculos. Las zonas con mayor potencial de gas no convencional se encuentran precisamente en regiones donde existen problemas de disponibilidad hídrica. Por ello, cualquier eventual desarrollo tendría que considerar tecnologías de reutilización y controles ambientales mucho más estrictos.

Aquí es donde la experiencia canadiense cobra importancia dentro del planteamiento de Quintana: no se trata simplemente de permitir el fracking, sino de establecer las condiciones bajo las cuales podría realizarse.

El periodista también ha cuestionado que México mantenga una posición rígida frente a una tecnología que, paradójicamente, ya está detrás de una parte importante del gas que el país importa desde Estados Unidos. En su análisis, el problema consiste en que México puede rechazar internamente el fracking mientras continúa dependiendo de un combustible producido mediante esa técnica al otro lado de la frontera.

La discusión volvió a cobrar fuerza en 2026, cuando el gobierno de Claudia Sheinbaum abrió la posibilidad de evaluar la explotación de gas no convencional mediante nuevas tecnologías. En abril, Quintana señaló que el país ya no podía seguir posponiendo una discusión en la que no existe una solución simplemente “blanca o negra”.

En mayo, durante un panel de energía, el propio Quintana volvió a colocar el fracking entre los grandes cambios de la política energética mexicana y preguntó a especialistas del sector si el país está apostando demasiado a esta tecnología o si realmente existe una oportunidad para aprovechar las cuencas de gas del norte.

La respuesta, desde la perspectiva planteada por Quintana, no pasa por adoptar automáticamente el modelo estadounidense ni por cerrar la puerta como han hecho otros países. El caso canadiense muestra una tercera posibilidad: aprovechar los recursos energéticos bajo reglas estrictas, vigilancia ambiental y criterios técnicos.

El reto para México será determinar si cuenta con las condiciones económicas, tecnológicas, hídricas y regulatorias para hacerlo.

En última instancia, la discusión sobre el fracking no es solamente ambiental. También es una discusión sobre seguridad energética, dependencia de Estados Unidos, costos de producción y capacidad de México para aprovechar sus propios recursos naturales.

La experiencia de Canadá, en ese sentido, sirve como referencia para un debate que México ya no puede seguir aplazando.

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Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de la carrera de Periodismo y Comunicación, con una especialidad en Fotografía y Producción Audiovisual, y en Geopolítica.

Ha trabajado para diversos medios y ONGS en Europa y México por más de 15 años. Su enfoque y especialidad son las noticias de Política Internacional y Nacional y conflictos, buscando la veracidad, objetividad y la investigación periodística.

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