Las sombras del paquete económico 2027
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Hubiésemos deseado ver un presupuesto dedicado a estimular a los sectores productivos y no a mantener la administración
El Paquete Económico 2027, presentado por el secretario de Hacienda, Édgar Amador, el pasado 8 de septiembre, asciende a 10.6 billones de pesos, de los cuales 9.1 billones se derivarán de los ingresos previstos. Por lo tanto, será necesario contratar deuda por 1.5 billones de pesos para completar el faltante.
Este presupuesto, igual que todos los de los últimos años, no es un proyecto económico para hacer crecer al país, sino para mantener nuestra economía a flote y cumplir con los compromisos asumidos, lo cual, en términos prácticos, tendrá que completarse a costa de endeudamiento. El gobierno pretende gastar en 2027 más de lo que va a recibir.
Todo el gasto social del gobierno se ha convertido en una pesada carga que no tiene como sustento un financiamiento sano, derivado de ingresos propios, dinero que debiese venir de un sector productivo visionario y entusiasmado con invertir y reinvertir ganancias, y que paga sus impuestos con convencimiento y responsabilidad.
Sin embargo, los programas sociales son el resultado de compromisos asumidos con la ciudadanía durante el gobierno de López Obrador, que no se derivaron de análisis económicos realistas, sino de la voluntad del entonces presidente.
Los programas sociales prioritarios incluidos en este paquete nos dan 1.025 billones de pesos, o sea el 9.7 por ciento del gasto total. Pero si le incluimos pensiones y jubilaciones, el monto integrado llega a sumar 2.48 billones de pesos, lo que equivale al 23 por ciento del gasto público total.
Sin embargo, la generación de riqueza está proscrita en la visión de la 4T. La simple mención de este objetivo es una blasfemia que huele a neoliberalismo y, por tanto, el gasto social no tiene su propia fuente productiva.
En contraste, se reparte un dinero que en realidad no fue recaudado para este fin, sino para un proyecto integral.
El lastre que significa seguir fondeando la operación de las obras “capricho”, como el Tren Maya, el aeropuerto Felipe Ángeles y la aerolínea Mexicana de Aviación –entre otras–, sigue siendo una herencia maldita.
Es de agradecerse que el secretario Amador presente un proyecto realista, responsable y mesurado. El problema es de fondo, pues representa la visión de un sistema político que prioriza el reparto de ayudas sociales sin considerar que primero debe estimular la productividad del sector empresarial para tener qué repartir.
Para estimular la productividad y la generación de empleos, se debe erradicar el cobro de piso y la extorsión por parte de delincuentes, así como la corrupción gubernamental que encarece el costo de las compras y las obras públicas.
Mientras no se garantice la seguridad y el estado de derecho, la inversión se frenará, principalmente la extranjera –que es la que produce riqueza– y, temerosa, se irá a países más confiables.
Es de llamar la atención que se aumenta aproximadamente en 23 por ciento el presupuesto nominal para la Secretaría de Marina (20 por ciento real) y para la Sedena será un incremento nominal del 9 por ciento (6 por ciento real), el cual es dinero que se gastará en administración y no en producir.
Por ello, hubiésemos deseado ver un presupuesto dedicado a estimular a los sectores productivos y no a mantener la administración. Definitivamente, para repartir dinero de forma sana, primero hay que producir.
UN PAÍS DE MITOS
Acabamos de conmemorar un año más del inicio de la guerra de independencia, rindiendo culto a un mito: que el padre de la patria, Miguel Hidalgo, convocó a independizarse de España, cuando fue todo lo contrario.
El padre Hidalgo y todos los héroes patrios que se mencionan generalmente en el Grito del 16 de septiembre pretendían quitar a la Francia de Napoleón Bonaparte –que había invadido a España en 1808– el control de la Nueva España –que es nuestro México de hoy– y traer a gobernar a nuestro territorio al depuesto rey Fernando VII.
Fue José María Morelos quien en la práctica luchó por la independencia real y absoluta de este país.
¿A usted qué le parece?
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