¿Cuál es el estado de la educación actual en el mundo?
Tras la publicación de los resultados del informe PISA 2025, las alarmas de medio mundo saltaron por el retroceso generalizado de los alumnos
El rendimiento en las pruebas de más de 760 mil alumnos de 91 nacionalidades que participaron en las pruebas de 2025 (la edición lleva el año en que se hace la evaluación) plantea interrogantes: ¿Por qué ha disminuido el nivel educativo? ¿Qué consecuencias tiene en la enseñanza?
¿QUÉ ES PISA?
PISA (siglas en inglés para Pruebas de aprendizaje del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes) es una evaluación a estudiantes de 15 años en comprensión lectora, matemáticas y ciencias. El objetivo es comprobar si los alumnos cuentan, en el momento de finalización de la enseñanza obligatoria, con “los conocimientos y las competencias esenciales para participar plenamente en la vida social y económica”.
Los exámenes de PISA, realizados trianualmente desde el año 2000, salvo en 2022, cuando se retrasó un año por la pandemia, no poseen un temario específico, sino que se centran en medir por niveles de dificultad la comprensión lectora y la capacidad para resolver problemas. Los estudiantes, además de las preguntas, responden a cuestionarios de información personal, entorno familiar e ideología.
Para los educadores, “el informe es un indicador útil para poder conocer la tendencia general y comparar sistemas educativos, pero no debemos olvidarnos de que la educación va más allá de una prueba”, afirma Andrea Agustín, profesora de inglés. Aunque considera preocupante la caída generalizada y se pregunta: “¿Qué está ocurriendo para que cada vez haya más dificultades en competencias tan básicas como comprender un texto, mantener la atención durante una tarea o aplicar lo aprendido a una nueva situación?”.
¿CÓMO SE EXPLICA EL RETROCESO GENERALIZADO EN EL NIVEL EDUCATIVO?
Una caída en la lectura por disfrute, el uso de dispositivos electrónicos o el empeoramiento de la disciplina son algunos de los motivos proporcionados por los organizadores de la prueba para explicar un declive generalizado que afecta incluso a países que tradicionalmente obtenían buenos resultados, como Japón o Corea del Sur, aunque siguen encabezando las listas. Para Agustín, no hay una sola causa detrás de los resultados: “El uso de pantallas, la inmediatez a la que están acostumbrados los adolescentes, las consecuencias educativas y emocionales que dejó la pandemia e incluso la falta de acompañamiento o supervisión”.
La competencia lectora es el eje central en el que la OCDE desglosa el declive educativo global por, expone, ser una competencia fundamental y por existir una correlación entre el rendimiento lector y el matemático y científico. Aquellos alumnos que leen libros de ficción, más largos y en papel obtienen puntuaciones más altas en lectura. Sin embargo, cada vez menos estudiantes lo hacen al favorecer lecturas en formato digital, lo que provoca, en conjunto, un rendimiento cada vez más pobre en comprensión lectora, especialmente en aquellas tareas de textos largos o exigentes.
Así ha percibido Agustín la caída de leer como pasatiempo en el aula: “Para el alumnado es mucho más complicado mantener la atención durante un largo periodo de tiempo. También he observado que hay estudiantes que tienen dificultades para comprender información si esta no aparece de forma explícita en el texto o incluso para relacionar ideas o deducir significados a partir del contexto”.
Acerca del retroceso en los resultados, los autores del informe no son optimistas, y lo enmarcan en cuatro ejes que operan simultáneamente, aunque con peculiaridades en cada país: el apoyo familiar (en la mayoría de los países se ha reducido del 77 al 71%), el covid (los estudiantes evaluados en esta edición cursaban quinto de primaria al inicio de la pandemia), la creciente diversidad en las aulas (hay más estudiantes con necesidades educativas especiales o cuya lengua materna es distinta a la del aula) y la tecnología (los nacidos en 2009 han crecido con el uso de ‘smartphones’).
Pero “no solo hay que responsabilizar al alumnado”, destaca Agustín, “el sistema educativo, las familias y la sociedad han cambiado, y los profesores trabajamos con una generación que recibe numerosos estímulos e información constantemente”.
Por ejemplo, la implicación de las familias “puede marcar una diferencia” pero teniendo en cuenta las circunstancias particulares. Sobre la diversidad defiende la igualdad de oportunidades para todo el alumnado y aboga por “reforzar la presencia de orientadores, trabajadores sociales y otros perfiles puesto que los centros se enfrentan a situaciones muy diversas y los profesores no podemos asumir todas esas funciones en solitario”.
ENSEÑAR Y EDUCAR EN LA ERA DE LA IA
En un momento de auge y desarrollo de la tecnología la inteligencia artificial, puede parecer que las habilidades académicas estén en retroceso,el 46% de los estudiantes de los países de la OCDE emplea chatbots de IA para ayudarles a aprender. Sin embargo, el problema no radica en el uso de herramientas tecnológicas, sino en cómo y para qué se emplean.
“¿Esta herramienta mejora realmente el aprendizaje? Si la respuesta es sí, puede ser muy útil. En mis clases utilizo recursos digitales para trabajar la comprensión oral, la pronunciación, el vocabulario o la participación del alumnado”, explica Agustín. Pero puntualiza varios aspectos: “la tecnología no puede sustituir la capacidad de los estudiantes de pensar, los móviles son una herramienta educativa útil, pero pueden convertirse en una fuente constante de distracción y la IA debería complementar el aprendizaje”.
El objetivo, para Agustín “no debería ser elegir entre tecnología o tradición, sino encontrar un equilibrio. [Por ejemplo] enseñas a los estudiantes a utilizar la IA correctamente (forma parte de la realidad en la que van a estudiar y trabajar) y mantener espacios sin tecnología donde los alumnos hablen, lean, escriban y sean capaces de resolver una tarea sin depender de una pantalla”.
QUE APORTA Y EN QUÉ FALLA PSA
Ni el informe PISA condiciona la manera de educar, ni puede desecharse a la ligera. “Los resultados deberían servir para detectar aquellas debilidades del sistema y tomar decisiones a largo plazo”, expone Agustín. “Mi principal referencia es el currículo y las necesidades reales del alumnado [y] mi preocupación no es que un estudiante memorice contenido, sino que sea capaz de comprender lo que lee, expresar sus ideas, comunicarse, pensar críticamente, trabajar con otros y enfrentarse a una dificultad sin rendirse inmediatamente”.
“Si los resultados de PISA sirven para abrir ese debate y para invertir más en educación, en profesorado y en recursos de apoyo, creo que pueden ser una oportunidad. Pero la solución no puede consistir únicamente en pedir a profesores y estudiantes que mejoren sus resultados. Un sistema educativo no mejora exigiendo más resultados, también hay que proporcionar las condiciones y recursos necesarios para conseguirlos. La mejora educativa debe ser un compromiso de toda la sociedad”, concluye.
Por Andrea Insa Marco, EFE-Reportajes.