EU ahora tiene acceso a más de la mitad de las bases militares de Australia

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La influencia de Washington no se limita a soldados o instalaciones bajo control estadounidense

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La presencia militar de Estados Unidos en Australia ha alcanzado una dimensión que, para algunos especialistas, ya no puede describirse simplemente como cooperación entre aliados. Se trata, sostienen, de una integración profunda de la infraestructura de defensa australiana con las necesidades estratégicas de Washington.

Una investigación del Instituto Nautilus, identifica 110 instalaciones de defensa australianas a las que tienen acceso las fuerzas armadas o empresas estadounidenses. La cifra equivale a más de la mitad de las instalaciones militares analizadas en el país.

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De acuerdo con la base de datos, el ejército estadounidense controla directamente 17 instalaciones en territorio continental australiano y dispone de acceso a otras 75 instalaciones administradas por Australia. A ellas se suman 18 emplazamientos utilizados por compañías estadounidenses de defensa.

Para Richard Tanter, investigador asociado sénior del Instituto Nautilus y profesor honorario de la Universidad de Melbourne, los datos obligan a replantear la manera en que se entiende la relación militar entre ambos países.

Durante años, explica, se habló de una creciente “penetración” estadounidense en la estructura de defensa australiana. Sin embargo, la dimensión de la presencia actual apunta a algo distinto: una verdadera “saturación”.

La influencia de Washington no se limita a soldados o instalaciones bajo control estadounidense. También alcanza a algunas de las principales compañías armamentísticas del mundo, que utilizan territorio australiano para producir, probar y entrenar sistemas militares destinados a fuerzas armadas de distintos países.

Lockheed Martin, por ejemplo, ensambla misiles guiados en Port Wakefield, en Australia Meridional. Northrop Grumman, por su parte, obtuvo este año un contrato multimillonario para producir motores de cohetes destinados a armas guiadas en Mulwala, Nueva Gales del Sur.

Desde Canberra, este tipo de cooperación se justifica como una forma de incrementar la capacidad industrial australiana, mejorar la interoperabilidad entre aliados y garantizar fuentes adicionales de suministro para municiones consideradas estratégicas.

PINE GAP, EL CORAZÓN MÁS RESERVADO

El caso más conocido de esta integración es Pine Gap, una instalación ubicada cerca de Alice Springs y considerada fundamental para las operaciones de inteligencia y defensa estadounidenses.

Formalmente, Pine Gap es una instalación conjunta de Australia y Estados Unidos. En la práctica, sin embargo, se encuentra bajo dirección estadounidense.

El complejo reúne varias instalaciones con funciones diferentes. Entre ellas se encuentran sistemas destinados al control de satélites de inteligencia de señales, infraestructura relacionada con sistemas de alerta temprana de lanzamiento de misiles y equipos utilizados para interceptar comunicaciones satelitales extranjeras.

El Instituto Nautilus contabiliza instalaciones individuales y no únicamente bases militares. Por ello, Pine Gap aparece en su registro como tres instalaciones diferentes dentro de un mismo complejo.

Su importancia trasciende las fronteras australianas. Pine Gap forma parte de la arquitectura de inteligencia que respalda las operaciones militares estadounidenses en distintas regiones del mundo, incluido Oriente Medio.

Los acuerdos bilaterales conceden a las fuerzas y contratistas estadounidenses un amplio acceso a determinadas instalaciones australianas. Ese acceso contempla, entre otras cosas, el despliegue de tropas y material, el abastecimiento de combustible a buques y el reabastecimiento de aeronaves.

$!El gobierno australiano sostiene que la cooperación militar con Estados Unidos es indispensable para enfrentar el creciente poderío militar chino.

AUKUS Y LA EXPANSIÓN HACIA EL ÍNDICO

La integración militar tampoco parece estar cerca de detenerse.

A partir del próximo año, hasta 1,200 militares estadounidenses podrán operar desde la base naval australiana HMAS Stirling, cerca de Fremantle. El gobierno australiano evita definir el emplazamiento como una base estadounidense y prefiere hablar de una presencia rotativa.

Pero para algunos expertos, la denominación es secundaria frente a sus implicaciones estratégicas.

Christopher Pyne, antiguo ministro de Defensa australiano, fue particularmente explícito al explicar el alcance del acuerdo AUKUS. Durante una investigación pública sobre el pacto, sostuvo que el proyecto iba mucho más allá de la compra de submarinos nucleares.

Desde su perspectiva, uno de los aspectos estratégicos más importantes de AUKUS es que permitirá a Estados Unidos disponer de una capacidad submarina permanente en el océano Índico.

Para Washington, argumentó Pyne, contar con esa infraestructura representa una ventaja estratégica considerable.

UNA PLATAFORMA FRENTE A CHINA

El gobierno australiano sostiene que la cooperación militar con Estados Unidos es indispensable para enfrentar el creciente poderío militar chino.

El ministro de Defensa, Richard Marles, ha defendido públicamente la ampliación de la presencia estadounidense y la ha presentado como un elemento esencial de la seguridad nacional australiana.

Durante un anuncio realizado en Rockingham, Australia Occidental, Marles informó sobre la construcción de una instalación logística estadounidense de 30 millones de dólares en Wodonga, Victoria.

El ministro aseguró que el incremento de la presencia militar estadounidense permitirá desarrollar las capacidades propias de Australia y, al mismo tiempo, responder al proceso de rearme chino.

La posición oficial es clara: Canberra considera que la alianza con Washington amplía considerablemente su capacidad para proteger sus intereses en la región.

La estrategia de defensa nacional australiana de 2026 reafirma que la alianza con Estados Unidos continúa siendo fundamental para la seguridad del país y para que sus fuerzas armadas puedan desarrollar y proyectar una capacidad militar creíble.

El Ministerio de Defensa también insiste en que Australia conserva el control soberano de su territorio y de sus propias fuerzas armadas, y mantiene como principio que no existen bases militares extranjeras en suelo australiano.

Sin embargo, esta explicación no convence a todos.

$!Australia, sostiene, se está convirtiendo en una “punta de lanza” para la proyección del poder estadounidense en el Indo-Pacífico.

¿ALIANZA O DEPENDENCIA?

Para Richard Tanter, el problema fundamental es que Australia ha terminado integrándose de tal manera en la estructura militar estadounidense que resulta cada vez más difícil separar los intereses de ambos países.

Según su interpretación, Washington lleva más de una década preparando capacidades para una eventual guerra de alta intensidad con China desde territorio australiano.

El resultado, afirma, es que Australia se ha convertido en una pieza importante de la planificación estratégica estadounidense en el Indo-Pacífico.

Desde la perspectiva de Pekín, agrega Tanter, el problema no consiste únicamente en que Australia albergue instalaciones estadounidenses: el país entero puede ser interpretado como una plataforma militar de Estados Unidos.

La expansión de esta relación también plantea interrogantes sobre la capacidad de Canberra para tomar decisiones independientes cuando Washington entre en un conflicto.

La investigadora Emma Shortis, directora de asuntos internacionales y seguridad del Instituto Australiano, considera que la creciente integración militar ha provocado una erosión de la autonomía estratégica australiana.

Su argumento es que, cuanto mayor sea la integración, más difícil resultará para Australia decidir no participar en una guerra emprendida por Estados Unidos.

En otras palabras, aquello que alguna vez habría requerido una decisión política específica podría terminar convirtiéndose en la opción automática.

EL DETERIORO DE LA CONFIANZA

La expansión de la alianza ocurre, además, mientras disminuye la confianza de los australianos en Estados Unidos.

Una encuesta del Instituto Lowy encontró que apenas 31% de los australianos confía en que Estados Unidos actúe responsablemente en el mundo, el nivel más bajo registrado por el instituto.

La confianza en Donald Trump es todavía menor: solo 21% considera que el presidente estadounidense hará lo correcto en los asuntos internacionales.

Al mismo tiempo, aunque la mayoría de los australianos continúa valorando la alianza con Washington, el respaldo a la instalación de bases estadounidenses ha disminuido. El 55% se declara favorable a permitirlas, ocho puntos menos que en 2022.

La paradoja es evidente: Australia sigue considerando importante la alianza estadounidense, pero cada vez existe mayor preocupación por sus costos y riesgos.

El 73% de los encuestados considera que la alianza es muy o bastante importante para la seguridad nacional. Sin embargo, otra encuesta citada por el Instituto Australiano encontró que 59% de los australianos cree que sus intereses estarían mejor protegidos mediante una política exterior más independiente, frente a apenas 23% que apuesta por una relación aún más estrecha con Washington.

Solo 13% considera a Estados Unidos un aliado de seguridad “muy fiable”.

EL RIESGO DE CONVERTIRSE EN OBJETIVO

Para algunos especialistas, la principal consecuencia de la creciente presencia estadounidense no es política, sino militar.

Albert Palazzo, profesor adjunto de la Universidad de Nueva Gales del Sur y antiguo director de estudios bélicos del ejército australiano, advierte que Australia podría estar entrando directamente en una eventual confrontación entre Estados Unidos y China.

Su preocupación es que el territorio australiano termine funcionando como una plataforma desde la cual Washington pueda proyectar fuerza militar contra Pekín.

El problema, desde esta perspectiva, es que las instalaciones utilizadas por Estados Unidos podrían convertirse automáticamente en objetivos en caso de una guerra.

Emma Shortis sostiene que la experiencia reciente ha demostrado los riesgos de depender de las garantías estadounidenses de seguridad. Para ella, la presencia de infraestructura militar estadounidense convierte a Australia en un potencial escenario de represalias en cualquier conflicto que involucre a Washington.

UNA NUEVA FORMA DE SUBORDINACIÓN

El investigador Vince Scappatura, autor de The US Lobby and Australian Defence Policy, lleva el argumento todavía más lejos.

A su juicio, la extensión de las instalaciones y del acceso estadounidense representa una especie de “segunda ola de colonización”.

Australia, sostiene, se está convirtiendo en una “punta de lanza” para la proyección del poder estadounidense en el Indo-Pacífico.

Cada instalación utilizada por Washington, afirma, constituye también un punto de influencia sobre Canberra en asuntos de defensa y política exterior.

La paradoja es que Estados Unidos ni siquiera necesita ejercer directamente esa influencia para que resulte efectiva. La propia estructura de cooperación e integración puede limitar las alternativas disponibles para Australia.

De ahí que Scappatura recupere una expresión utilizada originalmente para describir la hegemonía estadounidense sobre Europa occidental: “imperio por invitación”.

En el caso australiano, propone otra expresión todavía más contundente: “subordinación voluntaria”.

El debate, por tanto, ya no gira únicamente en torno a cuántas bases o instalaciones estadounidenses existen en Australia. La cuestión de fondo es mucho más profunda: hasta qué punto un país puede conservar una política exterior verdaderamente independiente cuando buena parte de su infraestructura militar, su industria de defensa y su planificación estratégica están cada vez más integradas con la principal potencia militar del mundo.

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Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de la carrera de Periodismo y Comunicación, con una especialidad en Fotografía y Producción Audiovisual, y en Geopolítica.

Ha trabajado para diversos medios y ONGS en Europa y México por más de 15 años. Su enfoque y especialidad son las noticias de Política Internacional y Nacional y conflictos, buscando la veracidad, objetividad y la investigación periodística.

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