Así es como Rusia intenta obligar a los niños ucranianos a convertirse en rusos
De acuerdo a la la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania miles de niños de este país fueron deportados a la Federación de Rusia
En un artículo publicado en The Conversation escrito por Thom Reilly, quien profesor y codirector del Centro para una Democracia Independiente y Sostenible de la Universidad Estatal de Arizona, y que se titula “Russia is trying to force Ukrainian children to become Russian, with reeducation, forcible transfers and camps”, una investigación que llevó acabo en marzo de 2026 indica que tanto la “deportación” así como el “traslado forzoso” de niños ucranianos por parte de Rusia y después “su desaparición forzada”, se podría considerar como “crímenes de lesa humanidad”.
Así mismo el profesor y codirector del Centro para una Democracia Independiente y Sostenible de la Universidad Estatal de Arizon, hace cita la respuesta dada en marzo también a esta situación por el Departamento de Estado de Estados Unidos; a través de una iniciativa ofrece “25 millones de dólares para identificar, regresar y rehabilitar a los niños y jóvenes ucranianos trasladados a la fuerza por Rusia o retenidos de algún otro modo lejos de sus familias y comunidades. Los programas están destinados a apoyar tanto el trabajo de localización de los niños como los servicios que necesitan tras su regreso”.
En el mismo sentido en el mismo mes, a través de un comunicado publicado el sitio web de las Naciones Unidas-Ucrania, la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania en su último informe dado al Consejo de Derechos Humanos señala que “las autoridades rusas cometieron los crímenes de lesa humanidad de deportación y traslado forzoso de niños, y de desaparición forzada de los mismos”, y prosigue detallando que “miles de niños han sido deportados a la Federación de Rusia o trasladados a zonas ocupadas en Ucrania por las autoridades rusas. Hasta el momento, ha verificado la deportación o traslado de más de 1,200 niños procedentes de cinco regiones de Ucrania”.
Erik Møse, quien es el presidente de la Comisión aseveró que “la deportación y el traslado forzoso de niños es una grave violación del derecho internacional”, Møse concluyó diciendo que “ los niños nunca deben ser separados de sus familias de manera coercitiva”.
Reilly explica que esta “estrategia” emprendida por el gobierno ruso no inició con la invasión de Ucrania impulsada por Vladímir Putin en 2022; si no que comenzó desde que Rusia “ocupó la parte de Ucrania conocida como Crimea y sectores del Dombás ucraniano en 2014, Rusia ha remodelado de manera constante la educación, la situación legal, el idioma y el sentido de pertenencia de los niños. Para muchos niños que crecen bajo la ocupación, esta es la única vida que han conocido”.
Esta situación la pormenoriza Reilly en su próximo libro, “Abducción infantil en la guerra de Ucrania: la erradicación de la identidad ucraniana como herramienta de guerra”, que toma como base más de 50 entrevistas realizadas a jóvenes que fueron repatriados, cuidadores, así como a funcionarios ucranianos, con investigadores, expertos legales y defensores de la protección infantil, incluye también informes gubernamentales y de organizaciones sin fines de lucro, materiales jurídicos internacionales, investigaciones históricas e investigaciones de fuentes abiertas.
“Mi investigación apunta a una conclusión sencilla: Rusia no solo está trasladando a los niños ucranianos. Les está despojando de su identidad”, acentúa Reilly.
En su artículo el el profesor y codirector del Centro para una Democracia Independiente y Sostenible de la Universidad Estatal de Arizon cita al programa ucraniano conocido como “Bring Kids Back UA”, que se encarga de llevar un “registro oficial de niños secuestrados”, siendo más de 20 mil los casos “posibles de deportación y traslado forzoso de niños por parte de Rusia”. Sin embargo, añade Reilly, el Laboratorio de Investigación Humanitaria de la Universidad de Yale calcula son más a los 35 mil.
Si bien, “el derecho internacional humanitario prohíbe el traslado forzoso o la deportación de niños de un territorio ocupado, excepto en circunstancias de emergencia estrictamente definidas. Incluso en esos casos, las evacuaciones deben ser temporales, preservar la unidad familiar, mantener registros para facilitar la reunificación y, cuando los niños deban ser trasladados fuera del territorio ocupado, llevarlos a un país neutral en lugar de al territorio de la potencia ocupante”, precisa Reilly.
No obstante, Reilly señala que muchos niños ucranianos fueron trasladados a través de la coerción “a campamentos (instalaciones organizadas utilizadas para albergar, instruir, reeducar o militarizar a niños ucranianos), instituciones y colocaciones en hogares de acogida o adopción dentro de Rusia o en territorios bajo control ruso”.
Actualmente Reilly indica que se piensa que cerca 1.6 millones de niños ucranianos viven “bajo la ocupación rusa o en territorios que Rusia ha controlado desde 2014”.
“Es posible que estos niños nunca hayan cruzado una frontera internacional, pero sus escuelas, documentos, idioma, medios de comunicación y vida cotidiana se están reorganizando en torno al dominio ruso” explica Reilly quien prosigue detallando que “se les exige asistir a escuelas que utilizan el plan de estudios ruso, donde la historia y la identidad ucranianas son reemplazadas por narrativas rusas. La enseñanza en idioma ucraniano se ha eliminado en las zonas ocupadas, y a muchos niños se les ha expedido o se les ha exigido obtener pasaportes rusos”.
En opinión del profesor y codirector del Centro para una Democracia Independiente y Sostenible de la Universidad Estatal de Arizona esta “estrategia de Rusia” va más allá de la “remoción física de los niños de Ucrania”; ya que además se “busca reconfigurar las vidas de aquellos que permanecen bajo ocupación”.
De este modo, Reilly indica que “con el tiempo, las escuelas, leyes e instituciones públicas rusas refuerzan el mensaje de que estos niños son rusos en lugar de ucranianos, haciendo que esa identidad se sienta normal y permanente”.
Por lo que los menores que son enviados a los conocidos como campamentos de “recreación”, “salud” o educativos ubicados en Rusia con frecuencia “experimentan el mismo proceso, a medida que las estancias temporales se prolongan y el regreso se vuelve cada vez más difícil”.
“El objetivo no es simplemente controlar el territorio, sino influir en cómo los niños se perciben a sí mismos”, concluye Reilly.
Un informe realizado por Human Rights Watch titulado “Ukraine: Russian-Run Schools Violate Children’s Rights” revela que las autoridades rusas que están en los “territorios ucranianos ocupados” forzan a los niños ucranianos a que entren “a un sistema escolar que viola su derecho a la educación y que parece diseñado para destruir su identidad nacional ucraniana”.
“El sistema educativo refleja el plan de estudios nacional de Rusia y excluye la instrucción en idioma ucraniano. Las autoridades de ocupación vigilan y castigan a los niños por estudiar en línea en escuelas ucranianas, exigen que los estudiantes obtengan pasaportes rusos para graduarse, adoctrinan a los niños con propaganda antiucraniana y lecciones militaristas, y canalizan a los varones hacia el registro militar y el reclutamiento rusos”, señala Human Rights Watch.
HRW calcula que actualmente hay 1.6 millones de niños, de ellos 600 mil que están en la edad escolar, aún están en los territorios ucranianos ocupados por Rusia.
Bill Van Esveld, quien es el director asociado de derechos del niño en Human Rights Watch explica que “Rusia está utilizando las escuelas para enseñar a los niños ucranianos lealtad al Kremlin, glorificar la invasión rusa y prepararlos para ir a la guerra contra su propio pueblo”; Van Esveld, añade que “los gobiernos deberían mantener estos abusos como una prioridad en su agenda con Rusia; y Ucrania y sus aliados deberían aumentar el apoyo educativo y de salud mental para los niños de los territorios ocupados”.
Por lo que prosigue Van Esveld, “los abusos rusos contra los niños ucranianos han sido ampliamente condenados, pero tanto los niños bajo ocupación como aquellos que lograron salir siguen necesitando apoyo urgente”; Van Esveld concluye diciendo que los “padres, profesores y grupos de la sociedad civil están ayudando a estos niños a salir adelante a pesar del trauma y la privación. Los gobiernos que apoyan a Ucrania deberían aumentar la ayuda para garantizar que tengan éxito”.
Con información de The Conversation, Naciones Unidas y Human Rights Watch.